¿Dónde vivir en la Nueva Edad Media?

Son muchos los pensadores que, desde hace un tiempo, hablan de un concepto que suena chungo por unas razones pero que, curiosamente, es turbio por otras. Esta idea es la Nueva Edad Media. Gracias a la cultura pop, eso de la Edad Media suena fatal y da la impresión de que ya lo tenemos superado y tal. Pero… ¿seguro?

Más rigurosamente contemporánea nos es la percepción de la inminencia (o la presencia) de una nueva realidad medieval través de la sensibilidad de diversos intérpretes italianos de la hora actual. Interpretación prospectiva, profética de lo inmediato, fue la enunciada en 1971 como Medio Evo prossimo venturo (5ª edición, Milán, 1990) por el analista Roberto Vacca, al precisar que una «edad intermedia» —duradera acaso tan sólo un siglo en lugar de un milenio como la antonomásica— puede ser predicha habida cuenta de «la degradación de los grandes sistemas» (subtítulo de la propia obra) de nuestro tiempo, incapaces de organizar hacer funcionar una desbordante superpoblación humana en grado ciertamente monstruoso, degenerativo: «Ho chiamato medio evo questa futura situazione di crisi generalizzata», aclara el autor, que, como la que puso final al mundo antiguo, «sará seguita da un’altra di rinascimento». Cotejos entre la «Pax Romana» la que puede llamarse «Pax Americana», en tre bárbaros brutales bárbaros civilizados, entre nomadismo racial migraciones económicas, son fenómenos, entre otros, componentes de un cuadro que, al glosar Umberto Eco, permite éste afirmar a su vez que «la Edad Media ha comenzado ya». Si bien este autor libera por su parte este concepto «del aura negativa con que le han envuelto ciertos publicistas culturales de inspiración renacentista». En el volumen colectivo en que se recoge este último trabajo (Umberto Eco et all: Documenti su il nuovo medioevo, Bompiani, Milán 1973; citamos por la edición española: La nueva Edad Media, Alianza Edit., Madrid, 1974), un tercer autor, Fuño Colombo, insiste en la descripción de otra «nueva peligrosa Edad Media post-tecnológica», protagonizada por una sociedad neofeudal polarizada en torno los centros de poder que hoy constituyen las concentraciones industríales como antes lo hicieran los castillos («Poder, grupos conflictos en la sociedad neofeudal»). Mientras que el geógrafo Giuseppe Sacco interpreta, a su vez, negativamente como «medievales» ciertos códigos síntomas retroactivos actuales que, junto fenómenos tales como la existencia de «ghettos» urbanos, inmigraciones misera bles, grupos contraculturales nuevas sectas seudorreligiosas, le inducen admitir, aunque «sin llegar demasiado lejos en la previsión y en la analogía», «la sugestiva hipótesis de una Nueva Edad Media» presente («Ciudad sociedad hacia la Nueva Edad Media»). (Fuente)

Nuevo feudalismo

En la actualidad, tener acceso a una vivienda no es nada fácil. O bien pagamos tributos a los terratenientes por el alquiler de una vivienda o hacemos lo propio con los bancos, nuevos señores feudales todopoderosos, a través de una hipoteca. Si en la Edad Media esto tenía un nombre, feudalismo, ¿cómo no vamos a relacionar inmediatamente lo que sucede hoy en día con aquello?

Pagarle a alguien por tener un techo, solo porque disponen de una vivienda que nosotros no, es cuando menos un punto de partida que nos invita a repensar por qué. Unos nacen con ases en la manga y otros apenas con una pareja de bastos y no hay mecanismos que cambien esto y logren que la sociedad sea más igualitaria (por ejemplo, limitando el número de pisos que puede tener alguien en propiedad y repartiendo viviendas vacías entre aquellas personas que las necesiten).

¿Y el cambio climático?

Lo que no sé si estaban teniendo en cuenta con todo esto es el tema del cambio climático, que ahora mismo debería ser una de nuestras grandes preocupaciones.

Aunque pueda parecer que es un tema muy, muy complejo y que nada de lo que hagamos va a afectar directamente (es decir, que a título individual nos va a dar igual ahorrar que no ahorrar), lo cierto es que los pequeños gestos pueden ayudar. No es solo que nosotros contribuyamos directamente, sino que también vamos a hacer que otros quieran contribuir y crearemos ese rollo comunitario que tan bien funciona.

Cosas tan sencillas como comprar farolas solares y otros elementos que funcionan con energías renovables, o intentar producir menos residuos de los que producimos hoy en día, pueden ayudarnos. Empresas como IndustriasCRM se dedican a estas labores. ¿Por qué no pensar en nuestras acciones para encaminarnos hacia una mejora del medio ambiente?

¿Tendremos casa en el futuro?

Hace unas semanas, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca lanzó una web, La SAREB es nuestra, donde exponía en un mapa interactivo todos los pisos que esta entidad (“La Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb) es una entidad creada en noviembre de 2012, de una forma unilateral por el gobierno español y financiada con dinero público, para ayudar al saneamiento del sector financiero español, en concreto a las entidades que arrastraban problemas debido a su excesiva exposición en el sector inmobiliario aun y habiendo sido rescatadas con miles de millones de euros”) tiene en propiedad sin usar. Además, añaden una guía para recuperar viviendas.

Si las cosas siguen como están, ¿dónde viviremos?

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