¡Y si cae Whatsapp yo me tiro!

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Querido lector, el fin del mundo parece haber llegado a nuestra vida de manera intermitente. Puede resultar extraño pero es completamente verídico. Desde que las redes sociales llegasen a nuestras vidas el incremento de la necesidad, obsesión, con estos mecanismos electrónicos parece no tener fin. La pasada tarde-noche fue el último ejemplo (de momento).

Desde que Facebook comprase Whatsapp hace cinco meses, la aplicación de mensajería instantánea se ha bloqueado en tres ocasiones. El problema no hubiese llegado a mayores de no ser por la impaciencia de la población mundial ante tal acontecimiento. Una hora sin Whatsapp parece ser igual que una hora sin luz o un mes sin alimento. Y no exagero.

La dependencia con la que vivimos de las redes sociales está sobrepasando de manera evidente la coherencia. Y si no me creen miren Twitter. Éste es el mejor ejemplo de cómo evoluciona el consumidor ante semejante catástrofe universal. Para hacernos una idea más clara de lo acontecido será mejor establecer una lista cronológica de las etapas por las que todo fanático “whatsappero” pasa.

1. ALGO FALLA

Mandar un mensaje y que el reloj permanezca, que los clicks de confirmación no aparezcan puede desesperar a cualquiera. Pero, ¿qué ocurriría cuando existe una conversación importante (si es que a lo de Whatsapp se le puede llamar conversación) entre medias? El ser humano comenzará a sacar su instinto animal en un nivel leve, tranquilo. O eso parece.

El primer minuto puede ser más o menos llevadero, sin embargo, cuando son tres o cuatro los que han transcurrido, ver cómo tu correo sigue en la cuerda floja, en la ingravidez de la línea, comienzas a preocuparte. Algo falla y los comentarios parecen surgir de la nada.

2. ¿Y QUÉ HAGO YO AHORA?

Tras varios “¡vamos!”, “Whatsapp, ¿qué te ocurre?” (porque seamos realistas, lo tratamos como a un hijo) nuestro cerebro comienza a desesperarse. Claro, en ese instante, y de forma inconsciente, buscas a cualquier amigo/a para preguntarle si Whatsapp les funciona. ¿Cuál es el problema? Que les mandamos el mensaje por la aplicación, así, como si nada. Evidentemente la respuesta es nula así que mejor será buscar un plan B.

3. TWITTER COMO SALVADOR

Twitter, ese que nunca nos falló, ese microblogging que nos permite expresarnos libremente (o no). Sólo allí parece encontrarse la respuesta. Whatsapp es TT. Algo falla. Es oficial, no funciona. Y ahí permaneces, recreándote en los comentarios graciosos repetidos hasta la saciedad desde la primera vez que ocurrió. Pero, en algún sitio habrá que desahogarse, ¿no?

Aquí es donde se observa la personalidad del tuitero. Este momento es realmente importante, créame. Y es que ¿qué sucede si #Whatsapp no es TT? Bueno, en este caso hay dos opciones. Si por algo se caracteriza Twitter es por la sencilla clasificación de personalidades a través de perfiles. Y aquí se demuestra una vez más.

1.- Los tuiteros más desesperados y consecuentemente enganchados a las redes sociales buscarán el camino fácil, el sencillo; escribir. “¿A alguien le va el Whatsapp?” será Trending Topic algún día, y sino al tiempo.

2.- El resto. “¿Para qué escribir algo teniendo la respuesta en el buscador?” como filosofía de vida. No son la mayoría pero si un porcentaje importante. Hablo de aquellas personas con tendencia hacia las redes sociales pero que no exponen con tanta claridad sus situaciones diarias y/o awesomeness (sentimientos y emociones que se expresan en las RR.SS.). Este es el que podría ser denominado como “efecto disimulo”. Estoy nervioso/a, con mono de Whatsapp pero prefiero disimularlo.

5. ¡ANDA SI EXISTE TELEGRAM!

Resulta curioso pensar que cuando Whatsapp falla el mundo se da cuenta que existen otras aplicaciones de mensajería instantánea con las que comunicarnos. El problema es que todo el mundo llega a este paso al mismo tiempo y la capacidad de admisión de nuevos registros de Telegram falla también. Lo de ir en fila nunca nos ha gustado, somos más de empujar.

4. LA PREHISTORIA

Es entonces, cuando tras barajar todas las opciones posibles, decides probar suerte a través de Facebook o, aún más extraño, llamando por teléfono. Sí, existe una nueva moda que consiste en llamar a la gente cuando Whatsapp se cae. Ayer lo viví en mis propia piel y, de verdad, la sensación de diálogo directo puede resultar impactante, extraño, nostálgico incluso.

 

En definitiva y como moraleja (si es que ha logrado permanecer leyendo hasta este párrafo), la sociedad actual vive excesivamente ligada a un aparato electrónico que nos vuelve histéricos cuando falla, cuando la tecnología decide descansar por un momento. Estamos acostumbrados a tener disponibilidad de contacto, de interacción con la totalidad del globo terráqueo las 24h del día. Sin embargo, ¿qué sucedería si mañana todo terminase? ¿Cómo reaccionaríamos? ¿Seríamos capaces de permanecer un día completo sin internet? ¿Y dos? ¿Y de mantener una conversación dialogada cara a cara de más de una hora tranquilamente como en antaño? ¿Es la globalización cibernética la bomba atómica de la comunicación? ¿Es este, en definitiva, el fin del mundo tal y como lo conocíamos?

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