Los 21 días de ’21 días’

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Querido lector, como no es lo mismo contarlo que vivirlo, hoy voy a hablarle de ‘21 días’. O, más bien, sobre esta mini-temporada de ‘21 días’.

Tras una larga espera que pareció hacerse eterna para los seguidores del programa, el programa de Cuatro volvió con sabor de final, de ultimátum, de futuro incierto. Como ya ocurriese cuando Samanta Villar decidiese concluir su etapa al frente del programa, en esta ocasión, Adela, ha sido quien ha dispuesto su marcha. Su embarazo ha sido uno de los factores determinantes a la hora de acortar las entregas de esta nueva temporada. No obstante, ¿qué ocurrirá con el programa? ¿Quién se pondrá al frente de próximos reportajes? ¿Es este un hasta luego o un adiós definitivo?

De momento podemos disfrutar de las tres últimas entregas del docureality más famoso de la televisión en nuestro país. Eso sí, ya sólo vía online o en canales temáticos del grupo Mediaset pues en directo, en estreno como tal, es imposible.

El de este sábado pasado, ’21 días en urbanizaciones fantasma’ ha sido el último. En él hemos asistido a una nueva muestra de cómo la burbuja inmobiliaria y la falta de responsabilidad por parte de los grandes magnates de la construcción han hecho de nuestro país, en especial de la costa sureña, un ejemplo de dinero derrochado y desperdiciado. Un ejemplo de viviendas deshabitadas (o casi) en las que, en su origen, “nunca se hubieran pensado para que tuviesen que lavar la ropa con agua fría y a mano”. Sin embargo, así es. Familias que viven alejadas de cualquier rastro de civilización y en unas condiciones precarias, sin facilidad algunas, teniendo incluso que suministrarse agua a partir de agua procedente de la fuente del parque, y transportada en grandes garrafas. ¿Es este el lujo, la vida de ensueño con la que estos proyectos se pusieron en marcha? Definitivamente no.

Este puede que haya sido uno de los capítulos más light de lo que llevamos de programa, con menos morbo televisivo pero no por ello con menor intensidad dramática. También, las condiciones en las que fue grabado este último ‘21 días’ hace presagiar que no era el momento idóneo para nadar entre tiburones, sin embargo, sí se echa en falta algo más de ritmo en el conjunto final (más allá de un momento nocturno – cámara en mano que bien podría rivalizar con The Blair Witch Proyect).

En las anteriores entregas pudimos ver a Adela de feriante y en el “interior” de la comunidad china. Sin duda, uno de los momentos más memorables y ya míticos de la historia del programa se dieron en ’21 días viviendo con la comunidad china’, no obstante, iremos por partes, por orden.

’21 días de feriante’ volvió a demostrarnos las dotes para la actuación de la bilbaína. Hemos de ser realistas pues, aunque es meramente trágico que una familia dependa de la recaudación diaria para poder sobrevivir y seguir adelante, el espectador común se quedará con el suceso mediático con el que concluyó el programa: la actuación en la orquesta. Independientemente del resultado final, en cuestiones de audiencia siempre te brillará más ver a la conductora del espacio sobre el escenario sin haber podido ensayar la coreografía en exceso, que lo demás. Sin embargo, eso es para otro post.

Por último, aun tratándose del primero, debemos hablar de ’21 días viviendo con la comunidad china’, un 21 días que nos deja cientos de anécdotas y de minutos de gloria.

Toda persona que viva en Madrid o que conozco la zona sabrá la influencia de personas de origen o nacionalidad china que viven en el barrio de Lavapies. Como ya advierten en el programa, “aquí podría vivir toda mi vida sin necesidad de hablar español”. Y es verdad. Es más, en este ‘21 días’ así nos lo confirman. ¿O no es increíble descubrir que existe un asador de patos en la zona? Personalmente nunca lo hubiera imaginado. Apunte extra realizado, si existe un gancho en esta entrega, uno de verdad, de los que realmente impactan, es el de Coco. Pero, ¿quién es Coco? Pues un chico con el que Adela conviviría pero que de la noche a la mañana, literalmente, desapareció.

Imagínate la escena (para estos casos hay que hablar de tú). Te quedas a dormir en casa de una persona la cual no conoces y que te pide que no salgas de tu habitación hasta el día siguiente, que vendrá a buscarte. Así, a escondidas, como si fueses un fugitivo de la justicia buscado mundialmente. Tú a regañadientes aceptas porque no te queda otra y confías en su palabra. Sin embargo, a la mañana siguiente, las horas pasan y Coco no llega, no está. Entonces sales de tu habitación, temeroso/a, con un miedo inmenso por lo que te puedes encontrar en el pasillo. Ya en la calle vas a buscarle al trabajo, pero no está. Nadie sabe dónde se encuentra Coco y tú has dejado tus pertenencias en un dormitorio dentro de una casa hostil de habitantes chinos. Obviamente tienes que volver a recuperarlas, no obstante, te amenazan con llamar a la policía si no te marchas. Y Coco sin aparecer, sin rastro alguno. ¿Es o no es un punto de inflexión en la vida de cualquier persona?

Lo curioso es que esta imposibilidad de grabar, de realizar el programa es palpable en la mayor parte de escenas y entrevistas. Parece que existe un miedo generalizado a dar la cara frente a una cámara de televisión, frente a la propia audiencia. Sin embargo, estos aspectos no quitan para que sea, en mi opinión, uno de los ‘21 días’ más interesantes de todas las temporadas.

Aun así, finaliza. Decimos adiós a ’21 días’ una vez más, tras este breve reencuentro que a la mayoría de seguidores nos ha sabido a poco, con un futuro incierto que no parece discernirse a corto plazo. En cualquier caso habrá que esperar próximos acontecimientos, noticias, para saber si ‘21 días’ volverá a ver la luz, ya sea de la mano de Adela Úcar u otra persona; o para saber, en definitiva, si estos últimos tres capítulos ya se han convertido o no en los últimos 21 días de ’21 días’.

 

 

— Miriam Puelles —

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