¿De qué sirve el periodismo?

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Querido lector, en este clima de constante conflicto una buena noticia ha llegado a nuestro país: Marc Marginedas ha sido liberado.  Este periodista de ‘El Periódico de Catalunya’ ha estado secuestrado por fuerzas opositoras al Ejército Libre Sirio durante seis meses, no obstante, dos españoles más continúan capturados y, como ellos, otros cientos de periodistas de todo el mundo (y por todo el mundo). Pero, ¿por qué? ¿Qué han hecho? ¿Cuál es el motivo de su captura? ¿Cuál es el riesgo de informar?

Desde tiempos donde la memoria es incapaz de recordar, el papel del periodista ha estado ligado a la transmisión de información, a contar un hecho, un acto verídico. Sin embargo, en todo conflicto (y siempre hay conflictos) los intereses de un bando u otro por hacerse con el control de los medios provoca que se cometan atrocidades contra el mensajero, contra aquella persona que sólo trata de realizar su trabajo lo mejor posible, en algunos casos, incluso, bajo excusas de extrema insignificancia y/o falsedad.

Por ponerle otro ejemplo que está sonando con especial relevancia, tres periodistas de Al-Jazeera permanecen secuestrados bajo la premisa de que son terroristas, ya que se les vinculó con “Los hermanos Musulmanes” sin razón alguna. Desde la propia cadena dedican un espacio en la mayor parte de sus informativos, que si usted es seguidor del canal sabrá que es prácticamente continuo, para reivindicar la liberación de éstos con el eslogan “Journalism is not a crime” (El periodismo no es un crimen).  No obstante, la única respuesta que reciben es el silencio, la indiferencia.

A veces parece que no nos damos cuenta pero todos esos profesionales que se desplazan como enviados especiales o, aún mejor, corresponsales hacia un determinado punto de conflicto, se están jugando la vida en el intento, simple y llanamente porque es su trabajo. ¿Se imagina que ocurriría si usted fuese a trabajar y no supiese si permanecería con vida al caer la noche? ¿Y si esa fuese su realidad, su rutina? Impactante, ¿Verdad? Y más cuando el riesgo se realiza por proporcionar un servicio público con el fin de que usted esté bien informado.

Le pondré otro ejemplo. Jineth Bedoya, periodista de investigación colombiana, subdirectora de ‘El Tiempo’ y defensora de los derechos de la mujer, fue secuestrada, amenazada y torturada por investigar sobre los abusos que en su país se acometían, y que siguen sucediéndose. Todo ello por querer hacerle llegar a usted un hecho, una información, una realidad que necesita ser contada, que tu propia ética periodística te incita a exponerlo, a desarrollarlo, a investigarlo, que tiene que llegar a su fin.

Jineth dentro de lo que cabe tuvo suerte pues continúa viva. En cambio, el problema, el verdadero conflicto es que, en la mayoría de los casos, el derecho a informar se considera como una rebeldía, una amenaza, una osadía, es como si no tuviese valor, como si, además, la integridad física de las personas que acuden a la noticia fuese insignificante, diminuta. Y se ve así, se ignora, se evita preguntarse por qué, cuáles fueron las causas de una muerte o un secuestro periodístico. “¿Qué más da? ellos se lo han buscado” piensan muchos. Es entonces cuando yo me pregunto: si no se reconoce la labor que estos trabajadores realizan día a día, si no se quiere estar informado, si no se tiene una mera curiosidad por la actualidad, por lo que sucede a nuestro alrededor, ¿de qué sirve todo esto? ¿De qué le ha servido a Marc Marginedas permanecer rehén durante este largo tiempo sin saber si volvería a ver a su familia? ¿De qué le sirve a Jineth, como a otros muchos, vivir amenazados de muerte y con guardaespaldas las 24h del día? ¿De qué sirve si, al final de estas líneas, la pasividad recuperará su uniformidad en su rutina diaria? ¿De qué sirve entonces el periodismo?

 

 

— Miriam Puelles —

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