Five hundred twenty five thounsand moments – 23

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Querido amigo,

Hacerse viejo es tan inevitable como que al bostezar se te cierren los ojos. Todos los que me rodean comienzan a perder esa ilusión por cumplir años pero, a mí, llámame loco, me apasiona: me encanta hacerme mayor, descubrirme una cana, abrir nuevos horizontes. Hace exactamente un año, te escribía una carta para recordarte que si soy como soy es gracias a ti y que nunca voy a olvidar tantísimos momentos vividos. Trescientos sesenta y cinco días después, aquí estoy, con un año más a mi espalda y, aún así, no siento ningún peso salvo, como dice la canción de Rent que da título a este artículo, el de esos 525.000 momentos que hemos vivido en este tiempo. “¿Tantos?”, te preguntarás, incrédulo, arqueando las cejas ante el móvil, pensando “Ya está exagerando”. Sí, tantos momentos que puede que, incluso, alguno se nos haya escapado y quedé en el olvido, esperando a ser recordado dentro de unos años, alrededor de la mesa de casa de la abuela o dando mordiscos a un montadito cualquiera.

Estos días me han cambiado y ya no quiero recordarte tantos momentos bonitos vividos porque, ¿para qué, si tu y yo los hemos vivido juntos y te acuerdas tan bien como yo? Este año te quiero invitar a hacer una promesa conmigo que llevo años planteándome cada vez que tomo las uvas o soplo las velas o cada vez que me viene a la mente y lo suelto sin ton ni son. Este año quiero que sea nuestro año. El definitivo, el que marque un antes y un después. El que cuando tengamos arrugas y andemos con garrota recordemos con lágrimas en los ojos. Este año no quiero 525.000 momentos: este año quiero sólo uno, uno en plano secuencia que ocupe 365 días inolvidables a tu lado. ¿Me ayudarás? Sé que puedo contar contigo porque, para qué engañarnos, siempre he podido.Por favor, acompáñame, saltemos por el camino de baldosas amarillas, cantemos bajo la lluvia, bailemos un rock and roll en la plaza del pueblo… ¡Qué sé yo!

El año pasado, cerraba la carta con una cita a Las ventajas de ser un marginado y su “me siento infinito”. Sabes que me encanta la estructura circular y no podía cerrar la de este año de otra manera: Let’s dance!

—Jonathan Espino—

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