Golpe al sueño americano

La picaresca está vinculada a la idiosincrasia española, prueba de ello es que una de las novelas más famosas de la literatura de nuestro país sin duda es “El lazarillo de Tormes”.  En ella podíamos leer, entre otras cosas, cómo un jovenzuelo “robaba” cuando podía los condumios a un ciego movido por el hambre. Durante los últimos años del franquismo se hizo muy famoso El Lute, que acabó contando en dos libros que se convirtieron en éxito de ventas todas sus peripecias y hambrunas.  Lejos de esa idílica figura literaria o de este primerizo mito mediático, a finales del siglo XX  en plena cultura del pelotazo  surge otro tipo de ladrón. Este no se mueve por satisfacer instintos básicos, lo hace más bien por la avaricia y la falta total de escrúpulos. Son ladrones de cuello blanco almidonado, de pelo engominado, que se creen una casta totalmente al margen de la ley. Puede que el primero en su especie fuese Mario Conde, que se hizo famoso en los años 80 por ser el presidente del Banco Español de Crédito (Banesto).

Mario Conde y Gordon Gekko

En la misma época, el realizador norteamericano Oliver Stone nos regaló un personaje mítico cinematográfico, me refiero a Gordon Gekko (Wall Street, 1982), todo un tiburón financiero. Sus valores y creencias pueden quedar resumidas en estas dos frases antológicas: “Despierta de una vez, si no estás dentro estás fuera… Hablo de ser muy rico, tan rico que tengas tu propio reactor, tan rico que no pierdas el tiempo” o “el asunto, señoras y señores es que la avaricia, a falta de una palabra mejor,  es buena. La avaricia está bien y funciona”. Mario Conde era la encarnación española del ideario de Gordon Gekko, todo su afán era acaparar tanta fama como dinero.

Miguel Blesa y Jordan Belfort

Pero no es un caso aislado. Dentro de poco podréis conocer a Jordan Belfort, El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013). Es otro tiburón más nacido de La Gran Manzana, que como los anteriores ansiaba tener una mujer joven, guapa, un yate y por supuesto, un jaguar. El año que cumplía 26 primaveras ganó 49 millones de dólares, circunstancia que no le agradó lo suficiente por quedarse a las puertas de ganar un millón a la semana. Estamos, por tanto, ante un nuevo caso más de avaricia desmedida. La encarnación española de este brocker despreciable la encontramos en el banquero Miguel Blesa. Él quería ser como uno de esos tiburones de Wall Street, quería jugar en su misma liga, jugar a tener una vida de película, llena de lujos exorbitados. Lo malo es que era tan solo el presidente de una Caja de Ahorros. Por eso, mientras el tsumani de Lehman Brothers arrasaba medio mundo, a él no se le ocurrió otra brillante idea que comprar como presidente de Caja Madrid el City National Bank de Florida por 880 milones de euros. De esa manera entraba a jugar en la gran liga, ya podía tener un Ferrari, vacaciones de cine, su yate, comer caviar o beber una botella de Vega Sicilia, y desde luego casarse con una mujer más joven, Gema Gamez. Pero con esta acción llevó a la banca a un auténtico desastre financiero, que por desgracia hemos acabado pagando todos los ciudadanos. Lo que más me irrita es la conciencia con la que perpetra Blesa el supuesto hecho delictivo. Para posteridad quedarán sus correos electrónicos  donde reconoce estar vendiendo un producto tóxico a personas indefensas, y encima se jacta por ello.

Mención especial merece el matrimonio Borbón-Urdangarín. Estos dos personajes han querido vivir por encima de sus posibilidades, ya de por sí estratosféricas para cualquier persona normal. Lo que no sabemos es si ven mucho cine. Lo decimos porque muchas de las películas que versan sobre el sueño americano suelen acaba mal, que se lo cuenten a Jerry Lundegaard (Fargo, 1996) o Daniel Lugo y a su compañeros de fechorías (Dolor y Dinero, 2013). Ambos jugaron la baza de secuestrar a alguien para ganar mucho dinero de una manera rápida, y obviamente movido,  una vez más, por la avaricia.

Cristina e Iñaki

Por el contrario, los miembros de este particular matrimonio son más simples, no secuestran pero se dedican a enredar a políticos (como Jaume Matas) para conseguir sus objetivos. Se piensan que por el mero hecho de pertenecer a la familia Real, tenían el derecho de vivir en un chalet a todo lujo pagado con el sudor de todos los contribuyentes. No les bastaba con un piso como todos los seres mortales pagado con el sueldo de La Caixa. Para ello montaron un entramado de empresas con el que blanquear dinero y evadir impuestos (todo supuestamente porque todavía no hay sentencia, claro está).

Por lo menos en el cine todos estos personajes acabaron en la cárcel. En la vida real, Daniel Lugo fue sentenciado a muerte por asesinato, robo, secuestro y extorsión. Jerry Lundegaard acabó en la cárcel al igual que Jordan Belfort. Tras pasar unos años en prisión Belfort gana un dineral con cursos donde enseña a incautos a vender lo que sea. Conde, al igual que Gekko en la ficción, acabó en la cárcel. Tras pasar unos años sin ver la luz del sol ahora va de tertuliano de televisión en televisión, y encima se ha permitido el lujo de montar un partido político. La pregunta que está en el aire es ¿qué será de Blesa?¿Volverá a la cárcel? ¿Compartirá catre con Iñaki? ¿Se divorciarán de sus respectivas y acabarán dándose a los placeres de la carne en las duchas? ¿Será indultada la Infanta? ¿Será absuelta? ¿Acabará en la cárcel? ¿Harán un trío en una celda de lujo?  Tras pasar unos añitos allí ¿irán todos juntos de plató en plató? ¿O fundarán una ONG para reincidir en su avaricia? Nosotros sólo esperamos que todos se aburran un buen rato entre rejas.

Anuncios