Lo viejo siempre es mejor

Polaroid

El otro día leí en BFace el artículo sobre Polaroids de la siempre genial Estefanía Ramos y recordé el momento en el que hace apenas una semana recolocaba mis 158 polaroids, cuidadosa y enfermizamente numeradas y ordenadas por fecha y hora de realización.

Con 16 años empecé a trabajar, afortunadamente no porque necesitase el dinero para vivir, sino que lo necesitaba para volar. Con 16 años, especialmente con los míos, necesitas independencia, y el trabajo y el dinero te dan unas pequeñas alitas. Mi primer sueldo lo invertí en comprarme una cámara Polaroid y un tocadiscos, a los que ya les había echado el ojo hacía tiempo. Pobre de mí, ni aún habiendo ganado ese dinero en unos grandes almacenes de cultura quería darme cuenta de la decadencia de algunas cosas que a esta sociedad parece ser que ya no le van.

Llevaba varios años jugueteando con las cámaras réflex analógicas que el recuerdo y el polvo me prestaban, haciendo grandes desastres pero enamorándome cada vez más. Mi fiel compañera de experimentos fue la cámara Cosina que mi madre compró con 18 años para su primer viaje a Nueva York, sola. La primera vez que desplegaba sus alas, cómo son las cosas…

Y ahora, casi 7 años después, resulta que lo moderno, lo cool, lo trend… es llevar una Polaroid colgando del cuello, seas quien seas, hagas lo que hagas y fotografíes lo que fotografíes. Por supuesto, nada de complicarse recorriendo la ciudad buscando el film adecuado ni bucear por la red durante horas hasta encontrar la auténtica cámara. La opción más fácil es comprar el nuevo diseño de Lady Gaga (directora creativa de Polaroid) en la Fnac más cercana. No son listos ni ná…

También hay cierta fiebre por los vinilos, aunque, afortunadamente, nunca se fueron del todo. En este mundo aún quedan románticos, y es lo único que lo salva. Pero ahora los más modernos se fotografían con su café y su vinilo, alardeando de vete tú a saber qué.

Polaroids

Todo esto no hace más que confirmar mi teoría de que lo viejo siempre es mejor (aplíquese también a los hombres). Llegué a los 16 amando The early years de Tom Waits sobre todas las cosas, y con Nancho Novo como mito erótico, y eso ya ha definido mi vida para los restos, poco más puedo añadir. Me gusta el mundo viejuno, lo viejo es claramente mejor… el olor de los antiguos álbumes de fotos; el pasar horas jugando a rebobinar cintas de cassete y crear tus propios mundos sonoros; el parar de bailar a las 3 canciones porque se termina el vinilo e, irremediablemente, resolver el silencio con un beso; el hacer fotos pensando en lo que quieres y en lo que haces y esperar nervioso la sorpresa tras el revelado; el salir en un vídeo sin preguntar si es un vídeo; el ser caballeroso, que es gratis, coño.

Pero ahora los amantes de lo viejuno nos hemos visto atacados por los amantes del postureo. Yo creo que estas modas hacen mucho daño, pero también algo de bien, y tampoco creo que debamos quejarnos. A fin de cuentas, este postureo que tanto criticamos no es en absoluto nada nuevo, todas las épocas han tenido su postureo particular, su Instagram de la época. ¿Es que acaso nos hemos olvidado de Fotolog? Grandes locuras, grandes flirteos, grandes ideas, grandes fotos, terribles textos… Hay ciertas cosas que no se crean ni se destruyen, simplemente evolucionan. Seguramente nuestras bisabuelas paseaban luciendo su mejor abrigo y sus zapatos de domingo por las calles más concurridas de la ciudad.

Sí, soy de la clase de gente que muere por la fotografía analógica, que escucha vinilos, que hace colecciones por fascículos, que odia la Thermomix, que envía postales cuando está de viaje y, si hay confianza, cartas de amor. Todo sería más bonito si desapareciesen las cámaras de los móviles y volviésemos a las analógicas. La comodidad está matando al romanticismo.

Polaroid photo

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