Quitar lo que sobra

Que sí. Que llevo tiempo sin apuñalar los teclados. Que no estaba muerta, estaba de parranda. Que el invierno me deja las ideas desnudas en mitad de un páramo helado – desnudas, sí, pero congeladas -. Que los vinos saben mejor en buena compañía y que a menudo los mejores párrafos son los que no están diciendo nada.

Que vale. Que me vuelven loca las poesías de mi amiga Paloma. Que no me gustan los Adonis. Que me gusta el café cargado pese a mi naturaleza insomne. Que soy una cobarde. Que lo único que quiero a menudo es meter la cabeza debajo de la almohada de mi casa de siempre con mi hermano escuchando música a toda pastilla en la habitación de al lado. Que sí. Que creo en los dragones porque una vez un ser mitológico me quemó el alma entera, y desde entonces sólo soy esqueleto y (bastante) carne. Que me gusta escuchar la voz de alguien a quien quiero al otro lado del teléfono, más incluso que escuchar a Bill Evans para calmar mis furias.

olvidate

Que tienen razón (mis amantes en eso de que antes la mala era yo), que tengo cara de pocos amigos porque, ciertamente, los que tengo son pocos pero valen su peso en platino elevado a veinte. Que gasto mucho dinero en libros y en discos porque creo que es la mejor herencia que puedo dejarles a mis primos para cuando crezcan. Que tengo pensado vivir poco y bien, y por eso no me preocupa mi hígado. Que me encantan las causas perdidas. Que nunca me enamoro y, si lo hago, lo hago en silencio y mal. Que no me gusta la miel porque ya la he probado en labios que me dieron veneno. Que tengo muy buena memoria y muy poco talento. Que nunca lloro, que tengo alma de estatua de sal. Que las mejores cosas suelen llegarme en el momento menos adecuado. Que he puesto todas mis esperanzas para la humanidad en dos entes que se vuelven locos con Dora la exploradora.

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Que puede que sea verdad que callo más de lo que debo y que hablo por los codos. Que echo lo suficientemente de menos a mis amigos como para volverme loca cuando a veces están lejos. Que me desquicia la derecha. Que creo que lo único bueno que se puede extraer de eso como doctrina política es saber el camino que no es. Que es mi culpa cuando salen las cosas mal y que a menudo me sobran caras largas. Que tengo idealizados a los hermanos Coen y a Berlanga. Que les he dejado darme más felicidad que muchas personas con las que he compartido años de vida. Que me encanta compartir mesa con gente a la que quiero y que me encanta el sonido de los tenedores y las cucharas chocando con los platos. Que soy, después de los menores de cinco años en mi casa, la que más feliz es cuando se les entregan los regalos en la cena de nochebuena. Y que sí, que odio las Navidades y las sillas vacías. Que siempre tengo resaca en año nuevo.

Que no es mentira que me enloquece pensar que puedo tener algo en común con alguien a quien detesto. Que se me olvidan a veces las cosas que tengo que comprar para hacer la comida pero que nunca se me olvida quienes han estado conmigo cuando lo he necesitado y cuando no. Que a veces desaparezco. Que temo muchísimo más la muerte de mis padres y mi abuelo que la mía propia. Que me encanta ser de donde soy e ir a donde voy. Que no suelo hacer cosas que no quiera, salvo ir a funerales cuando no queda otra. Que nunca entraría en un club que tuviese como miembro a alguien como yo. Que reverencio lo irreverenciable y que me dan náuseas ciertas instituciones. Que defiendo lo que pienso en alto y en bajo y que a menudo me puede la soberbia. Que tengo que pensar menos y besar más.  Que no quiero que se retire Sabina porque a ver a dónde se dirige el progreso entonces. Que me río mucho de mi misma y a veces la gente no me entiende. Que el mejor profesor que he tenido en la vida ha escrito para este blog y consiguió que me tambalease. Que tambalearse le da mérito a mantener el paso firme. Que hay que tambalearse. Que es mentira que el amor es comodidad, que el amor, como las guerras, hay que lucharlo. Que me pasan cosas raras porque lo mismo es que soy un poco rara, o gilipollas. O algo similar.

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Que no sé si voy a borrar esto antes de irme a dormir. Que París es la ciudad más bonita del mundo por cosas que no hay que contar. Que cuando me preguntan cuál es mi película favorita siempre pregunto en torno a qué aspecto. Que estoy como una cabra y que no voy a mejorar mucho porque no tengo la menor idea de cómo hacerlo. Que me pesa más la parte buena de las cosas que la mala por más vueltas que le dé. Que no soy perfecta, claro que no, porque, como dijo Miguel Ángel cuando le preguntaron cómo había llegado a hacer esculturas tan perfectas, sólo hay que quitar lo que sobra del trozo de mármol. Que esta soy yo, ya he quitado lo que sobra y tampoco soy perfecta. Que no soy de mármol de Carrara ni del material con el que se construyen los sueños. Que soy 70% mala hostia y 30% tenacidad. Que se me dan mal los números y que por eso se me va la mano con el número de palabras de cada párrafo.

Que es tarde. Que me voy. Que miréis siempre a los lados antes de cruzar la calle y que tengáis cuidado de no introducir el pie entre coche y andén. Que Tarantino tenía razón en lo de Like a virgin. Que hay cosas que por perfectas que parezcan están destinadas al desastre. Que qué os voy a contar, camaradas. Que vale, que sí, que todo bien. Que después de esto me han restringido el “que” hasta que redacte el testamento.

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Que te vaya bien, cariño mío, que te vaya bien.

Estefanía Ramos

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