Pero mira cómo pido dulces en tu puerta

Pero mira cómo pido dulces en tu puerta 1

La Navidad es, sobre todo, para los niños. Y lo más navideño que pueden hacer los niños, a parte de gritar y saltar como posesos al abrir regalos, es recorrer las casas pidiendo el aguinaldo.

Todos los niños de bien nos hemos paseado por los felpudos humillándonos a cambio de caramelos, y nos lo hemos pasado genial. En cada grupo de niños cantores no pueden faltar la pandereta y la zambomba, misteriosos instrumentos usados únicamente en Navidad. No cabe duda de que son instrumentos típicos, muy navideños… pero molar, lo que se dice molar, no molan mucho. Si realmente fuesen instrumentos guays, los tocaríamos durante todo el año, y no sólo cuando llevamos un gorro rojo en la cabeza.

Pero mira cómo pido dulces en tu puerta 2

Lo mejor de pedir el aguinaldo es el reparto final. Un grupo de niños con voz de Sabina intentan ser equitativos y dividir los caramelos entre todos, pero no dejan de ser niños… ¿A quién le van a tocar los caramelos de café que les ha dado la vieja del quinto? El drama está servido.

Estos últimos años estoy preocupada, porque cada vez menos niños piden el aguinaldo (sí, hago estudios sociológicos de este tipo). Esto es, claramente, consecuencia de la extensión de la fiesta de Halloween. ¿Por qué cantar mil veces los mismos 3 villancicos a cambio de caramelos, cuando en Halloween puedes conseguirlos sólo disfrazándote? Además, si en Navidad no te dan dulces, te vas a casa cual looser, pero en Halloween tienes la potestad de arrojar cualquier clase de objeto putrefacto a la puerta de la casa en cuestión.

Pero aún quedan las juventudes de la Navidad, que continúan con la dulce tradición del aguinaldo, con panderetas del chino y zambombas mal tocadas.

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