Pecados mortales, errores garrafales

Acabo de adquirirlo y sin embargo todos creen que siempre me lo han visto puesto… Lo tengo desde hace veinte años y es más hermoso que nunca. Parece nuevo. Colmo de la elegancia, cuando sale cogido de mi brazo, no se fijan primero en él, sino en mí. Nunca se impone. Se propone y yo dispongo.

Ha sido diseñado con afán de perfeccionismo, fabricado con pasión, trabajado siguiendo las reglas del arte. Pero la cosa no acaba aquí. Su trabajo continúa: se amolda a mis estados de ánimo, mi gusto del día, mi humor. Humildemente se deja influenciar. Sencillamente, se adapta a mis movimientos. Los de cuerpo y los del alma.

Discreción y secillez. Hermès: La esencia del cuero. 2013.

— Benito J. Guerrero —

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