Y tú, ¿Qué quieres ser de mayor?

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Cuando era pequeña soñaba siempre con lo que iba a ser cuando fuese mayor.  Como todas las niñas y princesas, quise ser bailarina. Luego peluquera, y hasta pasó por mi mente lo de astronauta, por eso de viajar muy muy lejos y pisar la luna. Hasta que un día (bendito día) llegó la idea definitiva a mi cabeza: “Yo de mayor quiero ser periodista”. Y a nadie a mi alrededor se le ocurrió hacerme cambiar de opinión. En ese momento mi idea de periodista, por supuesto, tenía otras connotaciones: era la idea de salir en la televisión con un micro en la mano lo que más me llamaba. Luego llegó la etapa de jugar ” a trabajar en la radio, y tu me llamas y pides una canción”, y más tarde la universidad.

Aquí ya sabía a lo que me enfrentaba, que encontrar un trabajo de ello no iba a ser nada fácil, pero había que intentarlo. No contenta con la universidad, enseguida me metí en el mundo precario de esta profesión, para saber realmente en qué consistía ser periodista. Me costó horas y horas de verano, por supuesto por un mísero sueldo. Pero lo hice muy a gusto, hasta repetir. Hasta que la situación precaria, mi orgullo y el “yo no trabajo gratis”, me llevó  a alejarme del periodismo y acercarme un poco más al alemán (aunque no tengo muy claro de cual de los dos estoy mas alejada, la verdad).

Hacía mucho tiempo que pasaba por esta experiencia, pero la semana pasada volví a jugar a ser periodista. A periodista profesional, oye. ¿Problemas? miles, comenzando por supuesto, por este bonito alemán que complica tanto las comunicaciones. Una vez más la suerte no estuvo de mi lado, y sí, mis ganas de bajarme del carro crecieron hasta tal punto que en más de una ocasión, estuve apunto de abandonar. Sí, tengo demasiado miedo. Pero no siempre tengo tan mala suerte.  Puedo contar con gente a mi lado que me enseña que de todo, por muy malo que sea, hay que saber sacar el lado bueno. No había apenas material para hacer el trabajo, con  escasas entrevistas (sí, en alemán) que apenas pasaban del “ja-nein”, nuestro grandísimo sí-no que tanto nos apasiona a los de esta profesión.  Eran tantos los nervios y tensión acumulados, que ni nos acordamos que había que comer, a pesar de llevar sin probar bocado más de seis horas.

Una vez todo concluido y con una cerveza en la mano, todo parecía otra cosa. “Pues no ha sido para tanto, oye”, llegamos a decir. “Qué será de nosotras el día que tengamos que enfrentarnos a esto de verdad”.

No fue mi mejor trabajo periodístico, ni mucho menos. Y eso que no he ganado ningún Pulitzer.  Apenas no son más de unas cuantas palabras juntas – y que tuvieron que ser corregidas, para acompañar una galería fotográfica. Pero al menos lo hice. Y teniendo en cuenta cómo transcurrió el día, hay que tomarlo como suficiente.

Si me tengo que quedar con un momento, sin duda, sería en el que leo el comentario de mi padre en la noticia. No creo que haya entendido nada más allá de mi nombre y “Rap”, pero solo porque él no tuvo ningún tipo de reparo en “alagar” mi labor con “Un bien articulo para una joven periodista española. Felicidades Maria” (en español, sobra decirlo), ha merecido más que de sobra la pena.

Hacía mucho que no jugaba a ser periodista.Pero al fin y al cabo aún no somos mayores del todo. Todavía tenemos que crecer, aunque los pantalones ya no se nos vayan a quedar cortos. No sé si podré comer de ello, y ni si quiera si llegará a ser realmente mi profesión, pero al menos, el juego del otro día me sirvió para recordarme  una de las pocas cosas que tenía claras: “Yo,de mayor, quiero ser periodista”.

—María del Cid Toledo—

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