Psycho

Comienzo este texto pidiendo una vez más disculpas. Una semana más el tiempo me ha pillado y no he podido preparar artículo. Una vez más, creo, puedo decir que tengo excusa. De nuevo entregas de trabajos. Desde que he comenzado mi Master en Londres no he prestado mucha atención a duckspeaking.es; lo cuál lamento, pero el tiempo no me lo ha permitido mucho tampoco. Para hoy a las 10am tengo que entregar una sinopsis y biografía de personajes de un cortometraje, el guión del mismo corto y tres ideas de largometraje. He tenido entre 7 y 4 días para hacerlo. Lo he acabado ayer por la noche. Cuando tenía que ponerme a escribir el artículo no era capaz casi de pensar, así que decidí buscar en el cajón de los artículos olvidados, donde encontré este artículo que estuve a punto de publicar en Abril. Me ha parecido gracioso publicarlo tal cuál, si cambiar nada, como algo rescatado de la laguna del tiempo, de un mundo paralelo en el que sí que tomé la decisión de publicarlo en la primera semana de Abril, en lugar de cambiar por otro artículo.

Si no lo disfrutan no me culpen a mi, culpen a mi versión seis meses más joven.

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A todos los que amamos el cine, tarde o temprano, se nos acaba preguntando por qué película. Cuál es la película que te hizo amar el cine. Y, en primera instancia, nunca sabes de ninguna. Siempre dices que no hay UNA película que te hizo verdaderamente amar el cine o querer dedicarte a él, etc.

Pero, cuando te tomas unos pocos minutos para pensar al respecto, cuando empiezas a recordar un poco, te comienzan a venir imágenes de esas películas que te marcaron y en un momento, recuerdas cuál fue LA película que realmente te hizo darte cuenta de cuánto te gustaba esto. De todo lo que te gustaba esto. A veces, incluso, no es una película, sino una escena o un plano que se te ha quedado a fuego en la memoria y nunca volverás a olvidar.

Muchos de los directores, los actores, guionistas… cuando se les pregunta cuál es esa película acaban volviendo a referencias clásicas (y que a todo el mundo, independientemente de su generación a acabado afectando): Ciudadano Kane de Welles, Vertigo o Psicosis de Hitchcok, Tiburón (o E.T.) de Spielberg… son muchas.

Yo ya tengo preparada mi respuesta para cuando me hagan la pregunta, hace un tiempo que me di cuenta de cuál era. Y he de decir que en mi caso no soy muy original. Ha habido muchas películas que me han marcado y me han hecho amar el cine: Casablanca, El Tercer Hombre, Blade Runner… pero, para mi LA película siempre fue Psycho (Psicosis) de Alfred Hitchcock.

Cuando la vi yo ya sabía a qué me quería dedicar. Tenía claro que quería hacer cine: escribir guiones y a poder ser dirigirlos. Fue en mi primer año de la universidad cuando vi Psicosis y me encantó. Me fascinó por completo. Me pareció magnífica.

Un tiempo después, reflexionando, me di cuenta que fue en ese momento cuando cualquier duda que pudiese haber tenido en mi cabeza se evaporó. Cuando vi claramente que eso que estaba viendo en la pantalla era lo que quería hacer yo de mayor. Cuando amé por completo el cine y supe, sin duda alguna, que si era algo a lo que me quería dedicar en el futuro era hacer cine.

A mucha gente le ha pasado esto con Psicosis, no soy el primero ni seré el último, pero, creo que la escena de la película que realmente lo decidió es distinta a la del resto. No es la famosa escena de la ducha, no es la conversación con los pájaros disecados, no es el cruce del jefe en el paso de cebra ni el momento en el que se revela el cadaver de la madre de Norman. La escena que realmente se me ha quedado clavada en mi cabeza forma parte de la secuencia más pausada y simultáneamente tensa de toda la película.

Norman acaba de matar a Marion. Ha estado limpiando la habitación del motel, ha metido el cuerpo de la chica desnuda en un trozo de plástico y todas las pruebas que pudiesen incriminarle (bueno, sí, a su madre) están metidas en el maletero del coche de Marion. No ha encontrado el dinero, pero a estas alturas a nosotros se nos ha olvidado ya.

Así que, Norman, se monta en el coche y decide lanzarlo a una ciénaga, haciendo que desaparezca y con él desaparezcan todas las pruebas del crimen. Entonces ocurre esto:

Para mi esta escena es supertensa. Me recuerdo a mi mismo sufriendo muchísimo cuando el coche para de hundirse. Y realmente aliviado cuando vuelve a bajar a las profundidades de la ciénaga. Y, es por ello, por estos sentimientos por lo que amé tanto esta escena (y una de las que más me ha enseñado en materia de guión, he de añadir).

Hitchcock fue capaz de hacer que, en una tiempo de menos de diez minutos, sufriésemos empatía por el mismo personaje que acaba de matar a nuestra protagonista. Durante cuarenta minutos de película hemos viajado con Marion, Norman se la acaba de cargar en la ducha (bueno, no, su madre) y nosotros ahora sentimos empatía con él. Está tan bien construido, tan bien jugado, tan mágicamente realizado que me fascina cada vez que lo veo.

Ahora lo pienso y me doy cuenta de que fue en ese momento cuando dije: Mira lo que se puede hacer con el cineSi a mi ha sido capaz de hacerme sentir así, a mi que cuesta que me engañen con estas cosas, no quiero pensar con otra gente. Esto es como la poesía. Yo quiero hacer eso.

Y, por eso, nunca se me olvida la escena y pasa de vez en cuando por mis recuerdos. Cuando escribo o cuando pienso en una grabación, incluso cuando monto. El plano del coche de Marion hundiéndose en el fango vuelve a mi memoria.

Porque al final, la verdad sea dicha, me gustaría ser Alfred Hitchcock.

— Arturo M. Antolín —

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