Adivina quién viene a comer hoy

Quedan dos días para el famoso y cacareado Día de Acción de Gracias. En los Estados Unidos se celebra el cuarto jueves del mes de noviembre, coincidiendo con Hanuka. No puedo evitar recordar la famosa secuencia en la que Ross Geller trata de explicar a su hijo en qué consiste esta señalada festividad judía.

Friends- Hanuka y el armadillo

Ya ha pasado un año desde la comilona en casa de Sue. Aún recuerdo aquella mesa enorme digna de la mejor boda española. Sin llegar a exagerar éramos unos veinte comensales como mínimo. A las 12 empezamos a llegar los invitados. Nuestra anfitriona tenía un horno especial sólo para poder cocinar el enorme pavo. Todos llevamos algo: vino, aperitivos o postres variados. El plato principal era, obviamente, el pavo asado con mucho amor y cariño. Estaba relleno de pan de maíz y salvia. Como es una carne muy seca se suele acompañar de verduras, de la tradicional jalea o salsa de arándanos, que está de la muerte todo sea dicho, de boniato y del famoso gravy, no os penséis que es algo extraño, es la salsa del asado convenientemente espesada con harina.

a charlie brown thanksgiving

¿Cómo llegamos dos extranjeros a la mesa de Sue? Pues muy sencillo. Esta es una festividad de marcado carácter secular. Lo que se celebra es la amistad, sin albergar ningún matiz religioso. Los  Peregrinos que llegaron a bordo del Mayflower a las costas de Plymouth (Massachusets) trajeron consigo infinidad de cosas que actualmente marcan la vida de los norteamericanos. Una de ellas era la fiesta de la cosecha. Los colonos en Europa solían celebrar el fin de la cosecha, que lógicamente tenía lugar por estas fechas. Estos al desembarcar, descubrieron que no estaban solos. Los indios nativos también por estas mismas fechas hacían lo propio, como es natural.

A todo esto hay que sumar un pequeño factor, la colonia de Plymouth no tenía suficiente comida para alimentar a la mitad de los 102 colonos. Eso llevó a que los nativos de la tribu Wampanoag se apiadaran de ellos y les ayudaran. Les ofrecieron semillas y les enseñaron a  pescar. A finales de la década de 1660 fue cuando se institucionalizó el festival de la cosecha y se convirtió en una tradición regular en Nueva Inglaterra. De esta manera se selló una hermandad entre indios y colonos y juntos celebraban sus buenas cosechas.  Por eso no es raro que, hoy en día, haya alguien extranjero sentado en la mesa de Acción de Gracias de una familia norteamericana. Para ellos es un motivo de orgullo. Es como rememorar el pasado.

Y en efecto, esto fue así hasta que un buen día a los famosos peregrinos se les cruzó el cable y se liaron a tiros con los indios nativos para conquistar sus tierras. Eso sí, enarbolando la palabra de Dios. Aprended asi es como se comete un genocidio como Dios manda. No se daban cuenta que los invitados eran ellos. Además, si no llega a ser por los indios que les dieron semillas y tierras para sobrevivir, estarían todos muertos. No debemos olvidar que gran parte de los peregrinos que llegaron a bordo del Mayflower fallecieron al no soportar las bajas temperaturas de ese primer invierno en la Costa Este.

Actualmente los pocos indios que quedan están en reservas que poseen sus propias leyes, por ejemplo es uno de los pocos lugares donde se permite el juego, salvo el estado de Nevada. Pero es otro tema que ya trataremos en futuros Duckspeaking. El día de Acción de Gracias no deja de ser un reflejo de la doble moralidad de los norteamericanos. Sólo quiero saber de ti hoy, mañana si tienes un problema ni me mires. Es lo que llamo la frontera del “how you doing?”.

Aquí cuando vas a la compra el tendero a parte de decirte buenos días te pregunta: “How you doing?-¿Qué tal?” La primera vez que lo escuché cometí el craso error de contestar: “Muchas gracias. Pues muy bien. Aunque estoy un poco perdido con la equivalencia entre los kilos y las libras. Estaba pensado hacer una carne en salsa y no sé si media libra de carne es mucho o poco”

Alto. Imaginad la cara del tendero. A medida que yo hablaba su rostro cambiaba por segundos. Era una mezcla de extrañeza, de no saber si pararme o dejarme hablar a ver dónde acababa la cosa, hasta que me preguntó: “Bien, ¿qué es lo que quieres?” Con aquella pregunta dejaba claro que no le interesaba saber lo más mínimo que me pasaba o inquietaba. Era una mera cuestión formal. Eso sí, la sonrisa falsa que ilustraba su pregunta inicial se había desfigurado por completo.

Ccuando llegas te suelen preguntar si todo te va bien, si tienes algún problema. Es claramente otro ejemplo. Lo hacen por pura cortesía. No os penséis que os quieren ayudar, nada más lejos de su interés. Como se os ocurra ir y contarles un problema descubriréis que te escucharán cortésmente, asentirán con la cabeza, y finalizará todo con un pues mira, es que no te puedo ayudar o no puedo en este momento o simplemente, den la callada por respuesta si lo haces por correo electrónico.

Así descubrimos que los peregrinos no querían saber nada de los nativos, al igual que los norteamericanos actualmente no quieren saber nada del inmigrante.  Y lo más chocante de todo, lo que hace que tu cerebro entre en un bucle es que la sociedad norteamericana está erigida con el sudor y el trabajo de los inmigrantes. Es más, los que iban a bordo del Mayflower era inmigrantes en busca de un lugar donde poder profesar su religión, o un lugar donde ser libres ya que eran presidiarios de la Corona británica. Encima los norteamericanos se sienten orgullosos de esa interculturalidad. Eso es así, hasta el punto que hay una Visa de la Diversidad. Se trata de una lotería que se celebra todos los años para conseguir un permiso de trabajo en EEUU. En función del país de origen así hay más plazas o menos. Eso garantiza la pluralidad de razas y nacionalidades. Ellos consideran que en esa interculturalidad reside la riqueza de la nación. Todos tienen algo que aportar.

El inmigrante, el extranjero se convierte en  algo chulo que luce muy bien en la mesa de Acción de Gracias. Pero, en la realidad, a las 18 horas cada mochuelo a su olivo, que cada uno se resuelva sus problemas y hasta el año que viene.

-Alfredo Manteca-

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