Día Internacional contra la Violencia de Género

Querido lector, con motivo del Día Mundial contra la Violencia de Género he decidido realizar un breve artículo, una columna más bien, sobre la mujer y sus circunstancias, sobre su realidad, sobre nuestra realidad. Este es un tema que aparece en nuestras pantallas televisivas día  sí y día también, y lo peor es que no parece tener fin. No entraré en detalles pues, en esta ocasión, mis críticas podrían sobrepasar límites no establecidos, por lo que será mejor ser sutil. El caso, hace unas semanas leí el último libro de José María Calleja “La violencia como noticia” y ahí hablaban de ello, de la violencia de género y los términos que se han usado a lo largo de la historia para referirse a ello. El más curioso es “crimen pasional”, empleado en tiempos franquistas, cuando el NO-DO era novedoso. El problema es que en determinadas ocasiones se ha seguido usando. ¿Cómo? ¿crimen pasional? ¿Estaba loco de amor? ¿Por estar loco de amor puedes asesinar a una persona? Si entendemos el periodismo como un medio donde las palabras han de ser bien cuidadas… En fin, aquí les dejo mi pequeño escrito sobre la igualdad de género. Espero que le guste. Feliz semana.

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SOMOS PERSONAS

Muchos creen en la debilidad como su característica principal, en la fragilidad que la porcelana desprende a modo de elemento representativo de un género que vive ligado a estos aspectos desde tiempos prehistóricos. Entendida para ser protegida, “cuidada”, escondida de una sociedad cruel y violenta que puede herirla en cualquier momento, la mujer siempre ha estado ligada a la subordinación, a la vestigia de un hombre que ha infravalorado su valentía, su inteligencia, su poder, su propio ser. Su cuerpo, su figura, ha servido de inspiración a cientos de artistas que buscaban poesía en su cuerpo, melodía en sus curvas. Sin embargo, ¿para qué? ¿De qué sirve que te dediquen unos versos si te subestiman intelectualmente por el mero hecho de ser una fémina, un ser de categoría ‘delicada’? ¿Realmente es así? A veces parece que olvidamos que el patrón es el mismo, la composición es similar: músculos y huesos que se envuelven en una superficie cutánea que realmente protege del exterior a la persona. Dígame, querido lector, ¿cuál es la diferencia? Somos personas, seres humanos cuyo fin último es la supervivencia feliz. ¿Por qué? ¿Por qué nos reducen, nos quitan incluso, las posibilidades de lograrlo? ¿Tanto importa la superficialidad en este mundo que se menosprecian, se devalúan, las capacidades mentales de un ser que ha de luchar doblemente por adquirir unos derechos que deberían considerarse propios? Dicen que vivimos en un mundo globalizado con igualdad de oportunidades, sin embargo, de ser así, la mujer no obtendría un salario inferior al del hombre, ni éste la trataría como un elemento decorativo, un objeto, un trueque de placer. A veces parece que olvidamos que somos músculos y huesos. A veces olvidamos que somos personas.

— Miriam Puelles —

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