Have a nice day

Hay muchas canciones que tienen la frase “Have a nice day” -Que tengas un buen día- como título. Bandas como Bon Jovi o Stereophonics la han usado, y Zack Snyder usó el tema de los galeses de forma irónica en el arranque de su mítica revisión de “El amanecer de los muertos” (2012). Pero será en la película “Forrest Gump” (Robert Zemeckis, 1994) donde esa expresión adquiere un significado revelador. Concretamente nos referimos a cuando Forrest está corriendo y un camión le salpica de barro. En ese momento un extraño le da una camiseta amarilla. Forrest se limpia la cara, le devuelve la camiseta y le dice “have a nice day”. Ese es el nacimiento del símbolo smiley (sonrisa) para Winston Groom, autor de la novela en la que se basa el film. ¿Cuántos querían saber realmente lo que le pasaba al pobre Forrest? Sólo querían hacerse una foto con él porque se estaba convirtiendo en una celebridad. En EEUU los smileys son muy usados, por ejemplo, al colegio donde voy todos los lunes y miércoles a clases de English as a Second Language  veo cómo los profesores los usan como mecanismo de recompensa a los alumnos pequeños, así les ponen  una pegatina con una sonrisa si han finalizado bien la tarea. Pero los mayores también las agradecen y las utilizan a raudales, por eso te los podrás encontrar en un correo electrónico o en tu red social favorita.

Forrest Gump- Have a nice day

Hasta en los peores momentos tienen una sonrisa en la boca los norteamericanos. Eso es algo que le choca el emigrante cuando llega a EEUU. Siempre están sonriendo. Es una sonrisa absolutamente falsa. No se les cae de la boca. Es más poseen el lema: “si ves a alguien sin una sonrisa, dale una tuya”. Los europeos somos más de reírnos cuando algo nos hace gracia, como por ejemplo cuando vamos al cine y vemos películas tan delirantes como “El jovencito Frankenstein” (Mel Brooks, 1974) o “Aterriza como puedas” (Jim Abrahams y los hermanos Zucker, 1980) ¿Quién no recuerda el mítico diálogo “elegí un mal día para dejar de…”?

El jovencito Frankenstein- Se dice…

Aterriza como puedas- Elegí un mal día para…

Esa sonrisa falsa la podréis ver en infinidad de sitios, como por ejemplo en los anuncios de los abogados que te venden divorcios express o agentes inmobiliarios. Mi casera, de hecho, en su tarjeta de visita posee una foto donde luce una enorme sonrisa. Todos sabemos lo que es la risa, ese movimiento de la boca y otras partes del rostro, que demuestra alegría (R.A.E.). Para sonreír se necesitan tan sólo 17 músculos de la cara, son los necesarios para construir toda una herramienta social y psicológica la mar de útil. Parten de la idea de que cuando uno sonríe el otro tiende a sonreír por mimetismo, y han hecho de ello toda una filosofía de vida. Por eso, te sonríen cuando se encuentran contigo, para darte la bienvenida, y aunque seas un perfecto extraño para ellos no dudaran un instante en hacerlo. No se alegran por conocerte. Es un perfecto resorte social que a veces te puede sacar de quicio. Me explico. Trabajo de reponedor en una cooperativa de alimentos. El otro día iba cargado como una mula con una caja enorme y una clienta aparece de repente en dirección contraria por el mismo pasillo y me pone su mejor sonrisa y me suelta el consabido sorry –lo siento-, parece que no piensan. Me da todo el  pack de cordialidad en lugar de apartarse a un lado, que era lo que realmente necesitaba en ese instante. En efecto, cuando llevaba andado medio pasillo me toco recular como pude y devolverle la sonrisa. Me sentí fatal en aquel momento.

Sonrisa falsa

Los  vendedores, empleados que trabajan cara al público, el cartero o el taquillero del cine la usan con total soltura. Es algo que al principio cuesta, pero que acabas haciendo con total naturalidad. Todo sea por el bienestar del negocio. Puede que por dentro estés muy triste o que te repatee la situación, pero en esos momentos lo que muestras es tu mejor sonrisa. No deja de ser la filosofía de la Pantoja: “dientes, dientes”.

Otro de los grandes momentos en los que te podrán sonreír es cuando se hallan ante situaciones incómodas o embarazosas, por término general. Imaginad por un instante que vais andando por la calle y os cruzáis con un chico o chica muy guapos. Obviamente, no sois de piedra y vuestros ojos se irán tras ellos. Ese hecho hará que os muestren una amplia sonrisa. Así que sentimos desilusionaros, no, no habéis ligado. Nada más lejos de la realidad. Obedece a que sonríen a los extraños y máxime si para ellos la situación resulta embarazosa. Esta sonrisa ya no es falsa, es tonta, porque hay que ser de otro planeta para sonreír para hacer notar al que tienes en frente que te incomoda la situación.

Aquí, que te sonrían implica la aceptación en el grupo. Os voy a contar una breve anécdota que le pasó a mi amigo Tom. Imaginad un norteamericano jovencito, con ganas de cambiar el mundo, de hacerlo más justo. Decide que hay que pasar a la acción, así que se va a un grupo de voluntariado a Ecuador. Durante sus primeros días, Tom obviamente no para de sonreír a la gente, bien porque esté nervioso, le incomodara la situación o porque, simplemente, quería caer bien a la gente. Máxime sobre todo cuando vas con la idea de enseñar a los oriundos a hacer sus cosas. Un buen día el jefe de los voluntarios, le llama y le dice: “¿no te das cuenta que la gente aquí sólo sonríe cuando algo es divertido? ¿No te das cuenta que haces el ridículo?” ¡Ay! Pobre Tom. Él con sus ganas de cambiar el mundo. Me imagino cuán doloroso tuvo que ser ese momento. Él esforzándose en ofertar  su mejor sonrisa falsa al mundo y los pobres ecuatorianos pensando que Tom era bastante peculiar, dejémoslo ahí.  Obviamente, ellos tardaron bastante en aceptar a Tom en el seno del grupo. Y dura fue la lección de que no  todo el mundo sonríe cuando le sonríen a uno, parafraseando a Louis Armstrong.

When you’re smiling- Louis Armstrong

-Alfredo Manteca-

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