Venderte a ti mismo

The live

En la película de John Carpenter They live el protagonista encuentra unas gafas de sol las cuales le muestran el verdadero mensaje oculto detrás del mundo (y con ello descubrir que los aliens caminan entre nosotros). Las gafas de sol desprenden la apariencia, quitan la capa de superficialidad o “políticamente correcto” (que podríamos decir hoy en día también) para mostrar las verdaderas intenciones. Una publicidad dice: OBEY (obedece), otra OBEY THE AUTHORITY (Obedece a la autoridad), otra MARRY AND REPRODUCE (Cásate y reproducete).  Es lógico, por tanto, que Sophie Fiennes y Slavoj Zizek abran el documental The Pervert’s guide to Ideology con esta película. Al fin y al cabo, es de lo que está Carpenter hablando en la película: la ideología detrás de las cosas.

Y es que siempre hay un mensaje oculto en la vida. Nada vive en la superficie. Cada cosa que hacemos tiene su porqué. En el cine esto es magnífico. ¿Recordáis cuando la semana pasada hablaba de que necesitaba tres ideas para clase? Bueno, pues una de ellas será la que lleve a cabo como trabajo para el módulo que finaliza el próximo noviembre. Es un pequeño corto de tres minutos en el que se cuenta una historia sencilla (o eso creo, no tiene diálogo así que espero que sea sencilla de comprender), pero que resulta una metáfora. Está construida como una (no muy sutil, pero existente). El cine tiene la magnífica capacidad de ser usado contando una cosa, pero hablando en realidad de una muy distinta.

Pero nosotros en nuestro día a día tampoco nos mostramos al 100% tal y como somos en el interior. Podemos acercarnos a ese total (y espero estar haciéndolo yo también), pero en el fondo no. Una pequeña parte de nosotros juega el juego de preocuparse por cómo les ven los demás. Incluso si no se hace para gustar, sino simplemente para demostrar cómo somos, el mismo hecho de querer demostrarlo y vestir (por ejemplo) para ello es en sí una pequeña venta del producto. Una limpieza de cara al escaparate. Una bonita muestra de lo que hay en el interior.

Es muy curioso todo esto cuando nos adentramos en el mundo de las app de “ligar” como Tinder. Un amigo me habló de Tinder el mes pasado, comentándome que la había usado como forma de conocer gente al irse a una ciudad (durante todo un mes) en la que no conocía a nadie. Yo ni sabía de la existencia de dicha app. Curioso la baje para probar su funcionamiento. Una de las primeras cosas que descubrí fue que en España apenas nadie la utiliza. Así que ha sido aquí en Londres cuando he visto realmente su potencial.

El funcionamiento es el siguiente. Conectas tu perfil de facebook al de la aplicación (sin que nadie en Facebook pueda ver tu actividad en ella) y marcas un rango de edad, sexo y distancia para buscar. Cada persona puede coger cinco fotos de su facebook para dejar que el resto las vea (es una forma de hacer más seguro además que la persona de Tinder es la de Facebook). Y comienza la fiesta. A ti como usuario se te van presentando las chicas (en mi caso) que cumplen lo establecido: edad y distancia respecto a mi posición actual. Y se pueden ver sus fotos (y si comparten algún interés de los que marcaste en tu facebook). Después sólo tienes dos opciones: sí o no. Si ambos coincidís en decir sí la aplicación te informa y puedes comenzar a hablar con la persona en función. Si uno de los dos dice no… como si nada hubiese pasado aquí.

Dicho esto, la evidencia de lo importante que es elegir una buena foto es clara. Pero qué es una buena foto. ¿Una foto en la que salgas bien? ¿Una foto que te represente? La clave del asunto es saber venderte a ti mismo. Saber cómo quieres que los demás te vean. Y cruzar los dedos.

Teniendo una conversación en este sentido el otro día había gente que argumentaba lo superficial que era este hecho. La aplicación, el elegir sólo por la apariencia. Pero realmente no es más que un reflejo de lo que hacemos en nuestro día a día. En menos de un segundo, viendo a una persona, yo ya he establecido el porcentaje de posibilidades de llevarme bien con ella/él, las ganas que tengo de establecer conversación y cuál es su posible forma de ser. Por supuesto que en un 80% de los casos estaré equivocado, pero es un acto subconsciente. La cuestión es que en Tinder el acto pasa de la subconsciencia a la consciencia. Estas descartando o aceptando de una forma consciente, a sabiendas de lo que el acto en sí implica. Ahí radica la supuesta superficialidad.

Pero la realidad es que, incluso en este mismo texto, me estoy vendiendo a mi mismo.

— Arturo M. Antolín —

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