Forzar la máquina

inception

Uno de los problemas de la escritura es que es difícil ponerse a ello. Recuerdo que David Muñoz, guionista de Espinazo del Diablo otro otras cosas, me dijo una vez que una de las cosas complicadas a la hora de escribir es sentarte delante del ordenador a hacerlo. Que te pones mil excusas, que tratas como sea de justificar no hacerlo. Y cuando lo haces, en cuanto llevas unos minutos, ya nadie te puede parar. Y la sensación es fenomenal. Pero, al día siguiente, por la cuestión que sea, vuelve a ocurrir. Te vuelves a poner excusas. Es como salir a correr, siempre da pereza al principio, pero a los cinco minutos ya estás rodando y todo da igual.

Sin embargo, es necesario. El otro día una chica de clase me preguntó cuánto tiempo trabaja más o menos un guionista. Cuánto tiempo dedica a escribir. Y le dije que, en muchos casos, si dedicas cosa de 4 o 5 horas al día a escribir eres afortunado. Lo cuál, quizá se convierte en 3, 4, 5 páginas de guión. Pero la cuestión es que antes de escribir has dado mil vueltas a las cosas y durante sigues dando vueltas a las cosas. Y quizá comienzas a escribir a las 9am y acabas a las 12pm y sólo has escrito (de estar tecleando) durante 3 o 4 horas. Pero no has parado de trabajar en todo el día.

Y es necesario. Es necesario sentarse delante del ordenador y obligarse a escribir. Porque es cierto, es la única forma que hay que hacerlo. Las musas no vienen de la nada. La idea de la aparición mágica de la historia no existe. La historia se crea pasando horas y horas con el culo pegado a la silla, escribiendo un carácter detrás de otro, una palabra seguida a la anterior, una frase tras otra fase. Esa es la única forma.

Sin embargo, sí que creo que la idea nace en un instante. Quizá lleva fraguándose en tu interior durante mucho tiempo, pero se materializa en un momento concreto. Y eso no lo consigue crear el sentarse en el ordenador. Dar forma a la idea sí, pero no que nazca la idea en sí misma. Eso puede ocurrir en cualquier momento, haciendo cualquier cuestión puede aparecer la inspiración que te lleva justo a pensar en algo. Ese algo será la base de muchas horas de trabajo. Y ese algo no puede forzarse a aparecer. Ahí está el problema.

Cada escritor se enfrenta a momentos en los que tiene que tener una idea, pero está seco. No sabe qué hacer. Incluso en este blog todos nos enfrentamos en ocasiones a eso. Este mismo post nace de una de esas sensaciones. Te sientas y dices: necesito tener algo. Y no sale, no sale sólo. A veces tienes suerte y aparece algo: “Vale, hablemos sobre tener una idea” y a partir de ahí es sólo sentarse a escribir y pronto todo comienza a fluir. Pero, la cuestión es que tiene que llegar ese momento.

Ahora estoy en uno de esos momentos. Mañana tengo que tener tres ideas de cortometraje para clase. Tres ideas que cumplan ciertas características. Y tengo una clara y parte de otra. Y llevo ya tres días pensando al respecto y nada más aparece. No consigo crear una idea que pueda servir. Mi pensamiento para hoy era sentarme toda la tarde a pensar al respecto, pero estoy bastante seguro de que eso no va a servir. Simplemente porque me conozco ya. Mi cerebro no funciona así. Las ideas que me han venido durante toda mi vida me han llegado de las formas más variopintas posibles, pero nunca de sentarme delante del ordenador a tratar de pensarlas. Y eso no significa que en otro momentos no esté pensando en ellas, al contrario, pienso en ideas en todo instante. Pero a un nivel subconsciente que me permite poder vivir sin volverme loco.

A veces tienes que hacerlo. Tienes que sentarte y sacar algo. ¿Y sale? Sí, sale ALGO. Basura en muchos casos. Quizá sirve para salir al paso, pero nunca te gusta. Y se ve muy, muy claramente. Volviendo a este blog, es fácil adivinar más o menos cuándo alguno de los escritores no ha tenido una buena semana creativa. Se huele. A veces se puede tratar de disimular (véase este artículo), pero se nota, se siente, la falta de idea está presente.

Pero la vida es así. Siempre se dice que no es la idea, es como se lleva a cabo. O no es la idea, sino quién la realiza primero. Pero, amigos míos LA IDEA es la clave. Hay que tenerla, es la base para todo y no siempre es uno capaz de ello.

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