‘Aída’ y otras decadencias televisivas

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Querido lector, ¿qué ocurre en el mundo televisivo últimamente, se han vuelto locos? Cada día tengo más claro que sí. No sólo el contenido, que no es poco, sino los meros programadores televisivos también. De sobra le he hablado ya incesantemente sobre la guerra televisiva existente entre Telecinco y Antena 3 por un liderazgo potencial, nunca real. No obstante éstos se lo curran en abundancia ya que a partir de unos datos de difusa credibilidad adquieren mayor o menor interés por parte de las marcas publicitaria, y claro, es un dato a tener en cuenta si quieres que tu negocio salga adelante.

Esta última semana han abundado las noticias con respecto al trasvase de programas de un día a otro y el ligamiento de temporadas para mantener en antena un programa/serie que funciona. De acuerdo, totalmente respetable, sin embargo una duda me surge ¿y si el hecho de extender una serie hasta la exageración genera consecuencias opuestas a las que deseaban lograr? Me dejaré de rodeos e iré al tema en cuestión.

Ayer “Aída” se convirtió en la serie más longeva de la televisión en nuestro país, todo un mérito, y más si recordamos que en su origen ésta fue un spin-off de “7 vidas”. ¿Qué dirían ahora Sole o Gonzalo, por ejemplo, si vieran que su querida Aída les dejó atrás en emisiones? El producto en sí debo reconocer que es fantástico, pero… ¿el inicial o el actual? ¿Qué precio debemos pagar por alargar una serie que ha derivado tanto que poco tiene que ver con su esencia? No es la primera vez que esto ocurre en nuestro país y la audiencia suele dejarlo claro, tal como está ocurriendo con esta última temporada.

Las tramas han traspasado el límite de la coherencia y lo absurdo, así como el chiste fácil, masivo y malo, que han generado que una serie de éxito decaiga conforme avanzan sus emisiones. Es así, son ya muchos años a sus espaldas y los propios guionistas tienen que estar en una cuerda floja entre el amor y el odio con los propios personajes.  205 capítulos son suficientes para dejar dar por finalizada una serie, ¿no cree?

Es éste el punto donde me surge una duda con la que todo el mundo dedicado en mayor o menor medida al audiovisual, o curioso simplemente, convive entre sus pensamientos: ¿qué es mejor, terminar una serie en su momento cumbre, en su cima, o extenderla y permitir que un grande de la pequeña pantalla se marche por la puerta de atrás?

La nostalgia me invade y no puedo evitar recordar otra gran serie española, también de Globomedia, que se deformó hasta puntos inimaginables en su última temporada, tanto que para muchos de los seguidores el espacio murió la penúltima temporada. En efecto, hablo de “Los hombres de Paco”, ¿o ya no recuerda las tramas diabólicas que enturbiaron el clima de la serie? La ciencia ficción inundó un producto “realista” inicialmente, con más de comedia que de drama. No obstante es lo que puede suceder con los dramedia, no sabes qué puede ocurrir con ellos en el futuro, ni para dónde pueden dirigirse. Es un riesgo que como espectadores debemos correr.

Otro ejemplo de duelo entre original y sucesor es el caso de “Aquí no hay quien viva” y “La que se avecina”. La segunda se quiso situar en Telecinco como un producto totalmente diferente, nuevo, aun contando con la mayor parte del elenco que triunfó en Antena 3, sin embargo, con el tiempo los propios personajes han regresado a su origen. Es más, en esta nueva temporada aún por estrenar vuelven a casa María Adánez y Fernando Tejero, ¡qué bonito reencuentro! Aquí nos volvemos a encontrar con la misma situación que en “Aída”, la decadencia de sus tramas ha cogido un camino que sólo puede ser comparable con sitcoms estadounidenses destinadas para un público que quiere evadirse y entretenerse, sin pensar, tratándoles de tontos indirectamente, permitiéndolo. ¿Realmente era necesario llegar a esto? ¿Tanto nos estamos americanizando?

Sin duda es algo que se puede considerar preocupante, ya que la globalización de los hábitos de consumo pueden estar haciéndonos perder la esencia de las producciones españolas. Y sí, la mayor parte del mundo no estará conforme conmigo ya que consideran a la ficción española como “mala, muy mala”, pero todavía existe un público que prefiere lo nacional a lo importado, ¿no? ¿Todavía queda? Feliz semana.

— Miriam Puelles —

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