El hombre que mató por una tarjeta de crédito

Esto es una historia que acontece en las húmedas y verdes tierras del este de los Estados Unidos. Os prometo que todo lo que vais a leer a partir de este momento es la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad. Sólo he cambiado el nombre de las personas involucradas, por motivos obvios.

Un servidor en España tenía un contrato con Yoigo para usar su red de telefonía móvil. Obviamente al llegar hace seis meses a Connecticut necesitaba cambiar de empresa y comencé a buscar una en EEUU. Así di como T-Mobile. Ellos poseen una tarifa especial para familias, y claro, mi marido y yo somos una familia a los ojos de la ley del Estado, así que como los beneficios eran diversos (sobre todo monetarios) nos embarcamos en la idea de hacernos el plan familiar. Tras media hora de espera mi cónyuge acabó hablando con el supervisor, quien le formuló una pregunta absolutamente inesperada: ¿Tiene usted historial del crédito?

Visa card

El historial de crédito. .. ¡Ay el historial de crédito! ¿Qué es? ¿Por qué es tan importante? ¿Por qué te lo piden constantemente para multitud de cosas en EEUU? Al igual que en España tenemos el ranking de morosos, en Norteamérica tienen el historial de crédito. Funciona de la misma manera, pero al revés. Tú pides un crédito, lo pagas religiosamente y eso queda registrado en una base de datos. Pero, si dejas de pagar también queda registrado, con lo que nadie te volverá a prestar dinero ni aplazar un pago. Si deseas hacer un contrato con una compañía de telefonía móvil, pedir un préstamo, solicitar una tarjeta de crédito, pedir una hipoteca, etc, querrán saber si eres buen o mal pagador.

En fin, que como bien podéis imaginar nos volvimos a casa con la cabeza caliente y los pies fríos, como dicen en mi tierra, y sobre todo sin el plan familiar. A día de hoy lo que tengo  es un plan prepago, eso sí, con T-Mobile excusa decir. No sea que me dé un arrebato y me vuelva a España sin pagar el recibo del teléfono.

Llegar a tener historial de crédito requiere del inmigrante cantidades ingentes de paciencia, como podréis apreciar. Nosotros, que tenemos más que el Dalai Lama, no dudamos un instante en ponernos manos a la obra. Que se note la gallardía española.  Así que, todo dispuestos,  nos fuimos al banco para solicitar una tarjeta de crédito (no de débito, para dejar las cosas claras).  Llegamos a nuestro banco de confianza, hablamos con Wendy (una de las empleadas), y hacemos la petición. Wendy solícita descuelga el teléfono. Llama a una compañía de tarjetas de crédito y le preguntan que si tenemos número de la seguridad social (contestamos que sí); que si tenemos una dirección postal habitual (desde luego);  y finalmente nos pregunta “¿Tienen historial de crédito?” ¿Cómo? ¡Pero si eso es lo que estamos buscando! : Abrir una Visa y comprar cosas, para pagarlas con posterioridad y empezar a tener el puñetero historial. Pues no: por surrealista que pueda parecer, sin historial de crédito no puedes conseguir una tarjeta de crédito y por lo tanto no puedes iniciar tu propio historial.

Traerte tu historial de crédito de España (donde puedes tener tarjetas, hipotecas y demás) es totalmente imposible. Sin embargo, dudo mucho que la Infanta Cristina durante su estancia en Washington haya tenido un problema semejante. ¡Perdón! se me olvidaba tenía la Visa Oro de Aizoon. Encima nos advierten que, si la solicitamos a la empresa crediticia y nos la deniega por carecer de historial, eso va en contra nuestro aún inexistente registro contaría como una denegación de crédito. ¡Para mear y no echar gota!

Así que Wendy, empleada del mes (según rezaba una placa junto a su mesa) con su eterna sonrisa en la cara, nos dice: podéis abrir una tarjeta de seguridad (Security Card). Esta consiste en lo siguiente: Pones un depósito de tu dinero, por ejemplo 1000 dólares, en la pseudotarjeta de crédito y ese será el límite de gasto. Luego te vas a comprar por ahí y pagas con tu tarjeta casi como si fuese una tarjeta de crédito de verdad. Al mes siguiente te vienen los cargos, lo pagas y andando. Lo malo es que por tenerla te cobran una comisión. Habéis oído bien, por prestarte a ti mismo un dinero te cobran. Son listos estos chicos ¿o no?

La segunda posibilidad es la más fácil e internacional: solicitar una con un aval. Para eso debes conocer a una persona de sobrada solvencia que quiera prestarse a ello. Y en tercer lugar, Wendy nos ofreció la posibilidad de solicitar un crédito, por ejemplo para pagar un coche, pero la empresa financiera te puede pedir tu historial de crédito, con lo que volvemos a la casilla de salida.

Como los caminos financieros son inescrutables, siempre acaba apareciendo otra vía. O eso creíamos haber descubierto hoy. En EEUU hay unas tiendas que se llaman Kohl’s. Viene a ser una especie de El Corte Inglés, en pequeño y sin pensar en ti. Pues bien: en mayo fuimos a esta tienda a comprar una batidora de vaso para hacer salmorejo. A la hora de pagar la dependienta nos dice si queremos la tarjeta de Kohl’s. Mi santo dice que vale, pero cuando inician el proceso le preguntan por su número de la seguridad social. Como no lo puedes llevar anotado y todavía no se lo sabía de memoria, no pudimos completar el proceso.

Hoy que íbamos a por una aceitera y una vinagrera, pues aprovechamos para solicitar la jodía tarjeta. En este caso nos toca un dependiente, risueño, delgadito de pelo rizado, que se parece un montón a Miki Ávila (un amigo nuestro) pero más alto. Le llamaremos a partir de ahora Mike. Él todo solícito inicia el proceso y en una terminal mi santo comienza a contestar preguntas cada vez más raras. ¿Cuál es tu número de la seguridad social? ¿Cuánto ganas al año? Y en ese momento un resquemor pasa por su mente, alza la vista y le dice a Mike: “¿Esto no será una tarjeta de crédito? Porque no tenemos historial de crédito: está a cero”. Mike todo simpático y dicharachero le contesta: “Sí, es una tarjeta de crédito para usar sólo en Kohl’s. Por el historial no te preocupes, mientras no sea negativo, no hay problema”. Mi esposo con absoluta flema norteamericana y una sonrisa en la boca le pregunta: “¿Esto no me repercutirá en mi historial de crédito en caso de que me la denieguen, no?” Mike conciliador le dice mientras da a la tecla de Intro: “No se preocupe, no habrá problema”

¡Ah, el destino! ¡Qué traidor es! Tocas un botón de una pantalla táctil y tu vida cambia para siempre. Por un microsegundo la sonrisa de Mike se congeló. Se mascaba la tragedia en el ambiente. Y Mike no sabía qué hacer al ver en la pantalla del ordenador el siguiente mensaje: “No ha sido posible completar la operación”. Nunca había visto a mi esposo de esa manera. Yo me retiré hacia atrás porque no quería verme salpicado por la sangre del dependiente. Pero sin perder en ningún momento las formas, ni la sonrisa en la cara le dijo: “Espero que esto no me genere ningún problema. Te lo advertí. No tengo historial de crédito”. Mike balbuceante y midiendo mucho sus palabras le contestó: “Se pondrán en contacto con usted. Pero no creo que haya ningún problema”. Mi santo lleno de paciencia le espetó: “Como me la denieguen y vaya en contra de mi historial de crédito…volveré…y te pondré una reclamación porque te he advertido antes de iniciar el proceso”.

En fin, ya veremos en qué queda todo esto. ¿Acabaremos teniendo un historial de crédito? ¿Acabaremos teniendo la tarjeta del Kohl’s? ¿Morirá Mike un día de estos atropellado al salir del Eastbrook Mall? ¿Acabaremos haciendo un agujero de millones de dólares en la economía norteamericana? ¿Tendrá al final mi esposo su jodía tarjeta de crédito?

Así pues, la lección de Duckspeaking de hoy es que en Estados Unidos aparentemente hay muchas maneras de acceder al historial de crédito, y que siempre la vida te sorprende y encuentras un nuevo camino, ¿o no? Ya veremos si mi esposo acaba matando a Mike a la salida del trabajo. Además, puedes ganar una fortuna, que como no puedas endeudarte no vales nada. Puedes ganar un millón de dólares al mes, pero si no tienes historial de crédito no te puedes sacar la puñetera tarjeta del Kohl’s. Es más importante el riesgo que la certeza.

-Alfredo Manteca-

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