¿Qué hacer en Madrid?

3318219259_37488d0009_o

Querido lector, el otoño ha llegado a nuestras localidades, ¿lo sabía? Supongo que las distintas televisiones ya han hecho lo propio y toda España se ha enterado que, al fin, ha llovido en Madrid. Y yo me pregunto: ¿Acaso es noticia? Pues sí. El tiempo atmosférico es un fenómeno que preocupa a los españoles por encima de la corrupción, o el paro. Puede decirme que exagero, y le diré que es cierto, pero no me negará que en toda conversación que se preste hay un espacio dedicado a ello. Imagínese hasta qué punto nos preocupa el tiempo que es el privilegiado y recurrente para ser usado en las conversaciones de ascensor (y eso ya es mucho).

Sin embargo, no he venido para hablarle del tiempo, sino de un aspecto que me llama bastante la atención: las costumbres madrileñas. Y es que si usted ha viajado a la capital del chotis, seguro se ha fijado en el ritmo de vida tan acelerado que llevan. Queridos madrileños, ¿por qué vais corriendo a todas partes? Es un hecho probado científicamente que si se cierran las puertas del Cercanías, le pierdes, pero… ¡hay otro a los tres minutos! Además que para ir de Sol a Callao no hace falta coger el transporte público. Es cierto que el hecho de tener un abono transporte te da el poder suficiente como para creerte el rey del mundo ya que con un simple ticket puedes abrir todas las puertas que quieras. Hasta ahí puedo comprenderlo, es normal, sin embargo, el usar hasta la extremaución el abono me parece excesivo, y más cuando de una parada a otra hay cinco minutos a pie.

Querido lector, si usted no es madrileño o, simplemente, no vive en la capital, por favor, acuda a Atocha en hora punta y sitúese en el puente situado en la zona central elevada de la estación de Cercanías. Podrá asistir a una magnífica escena de cientos de personas en sprint de un Cercanías a otro, corriendo por los andenes como si ese tren que está estacionado en la vía del fondo fuese el último de su vida. Realmente no le defraudará, créame.

Asimismo si se decide a acercarse a Madrid, y es fin de semana preferentemente, tiene otro espectáculo gratuito en El Retiro. Bueno, en sí existen varios grupos de personas con actuaciones y performance al aire libre. En cambio, trato de referirme a algo mucho más singular, más inesperado. Yo lo he titulado: “Aventuras en las barquitas”. En efecto, si por algo es famoso el lugar es porque por 6€ aprox. usted podrá disfrutar de 45 minutos remando sobre una barca de madera en el magnífico estanque que el parque le ofrece. Eso sí, si usted es como yo, preferirá situarse en las escaleras famosas donde podrá ver en palco presidencial cómo la mayoría de ocupantes de las barquitas se remojan desesperados en los chorros que las fuentes arrojan al agua. La verdad es que es muy curioso ver cómo aun observando desde lejos lo que ocurre, al final todos pican… El ser humano es aventurero, de eso ya no me cabe la menor duda.

Por último, y como es lógico, he de meterme con el famoso acento madrileño. Sé que no tiene relación con lo anterior pero oportunidades así no se pueden desaprovechar. Estos están convencidos de que no poseen acento, sin embargo, yo no estaría tan segura… El hecho de la centralidad parece situar a la comunidad en una burbuja lingüística que les impide adquirir algún acento, por tanto hablarían un español neutro, sin “mazo” ni “ejjque” o “ajjco”, por ejemplo. Obviamente eso no es cierto, pero ellos son felices igualmente. Al fin y al cabo, este hecho tratado con normalidad y sin excesos no tiene por qué ser un problema. Ahora, cuando ya escuchas “¡eh tía, ejjque ese tío está mazo mazao!”… podemos plantearnos tratar de dar un giro a nuestra vida.

Y aquí le dejo, por si le ha entrado la curiosidad, un vídeo de El país sobre el acento madrileño. Hasta la semana que viene.

 — Miriam Puelles —

Anuncios