La revolución silenciosa

Para los cinéfilos la profesión de proyeccionista siempre ha tenido un aura romántica, te lleva a pensar en el personaje de Alfredo de la película “Cinema Paradiso” (Giuseppe Tornatore, 1988) o Nick de “El último gran héroe” (John McTiernan, 1993). Tengo dos amigos que son proyeccionistas, (físicamente son más agraciados que los ejemplos citados, todo sea dicho) y hasta aquí lo que tienen en común. Las diferencias entre ellos son que uno vive en Madrid y el otro en Hartford. El español se vio inmerso en un ERE generado por los directivos de la cadena Cinesa tras la absorción de la cadena UGC-Cine Cité. Acabó con otros compañeros en un juicio por despido improcedente y se sumó a la larga lista de personas desempleadas. El norteamericano vive momentos de gran preocupación porque siente que su puesto laboral está, igualmente, al borde de la extinción.

cine vacio

¿Por  qué el madrileño acabó en el paro? La respuesta es muy simple: la digitalización de los cines multisalas. El sistema analógico precisaba de un profesional por sala porque había que cambiar de bobinas. Ahora, ya no es necesario: un operario puede encargarse de varias salas a la vez, esa es la razón por la que no todas las proyecciones comienzan al mismo tiempo. Irónicamente, los que seáis usuarios de la cadena Cinesa habréis visto campañas publicitarias diciendo que esa empresa se preocupa por generar puestos de trabajo para gente joven.

Mi colega de Hartford, desde el 2005, ha visto como la reconversión ha sido sistemática y paulatina, y que a día de hoy está prácticamente finalizada en todas las grandes cadenas de exhibición. Los antiguos proyectores han dado paso a los discos duros. Este fenómeno se ha visto favorecido por las novedosas proyecciones en 3D, dado que este sistema no admite la versión analógica. Además, es plenamente consciente de que si da con sus huesos en el paro, como le ha pasado a nuestro proyeccionista español, es consciente que con una profesión como la suya, las posibilidades de encontrar algo en su gremio cada día que pasa son más reducidas por no decir imposibles.

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En EEUU al igual que en España, los exhibidores cada día andan más preocupados por las concesions (palomitas, refrescos variados, tacos, etc) que por la calidad de la proyección, porque es ahí donde reside a fin de cuentas el negocio del cine en la actualidad, y no en cuántas entradas se venden. Según me reconoció el dueño de un cine céntrico de Madrid en una conversación, él prefiere no tener la sala llena, pero que el público sí pase por la barra del bar del cine. De esta manera a ambos lados del océano Atlántico han visto como los exhibidores han reducido los gastos al tener menos personal en plantilla, que a la postre es polivalente, porque aquí el que te vende la entrada te vende las palomitas con mantequilla o tu chocolatina preferida. Y ellos se encargan de limpiar la sala a la salida del público.

Pero, hay algo más que le preocupa a nuestro colega de norteamericano y que el español no vislumbró en ningún momento, o por lo menos no me lo manifestó: los grandes estudios, que son distribuidores y productores a la par, están ensayando aquí  una nueva fórmula. Usando Internet, procederían a subir la película desde el estudio al servidor situado en el cine, de tal manera que necesitamos aún a menos personal, dado que una vez  subida al servidor del cine ellos pueden iniciar remotamente la proyección de los largometrajes. Una sola persona podría programar la totalidad de su grupo de multisalas. Y aquí viene la letra pequeña, la distribuidora y productora se garantiza que no se filtrará la copia, luego la piratería quedaría eliminada de raíz. Si hay algún problema ¿qué pasa? Pues nada más fácil que devolverte el dinero de la entrada y darte una de regalo para cuando quieras, con eso está arreglado y el ciudadano se va a casa tranquilamente pensando “qué grandes son los del cine”. Pero esto es un caramelo envenenado, dado que nadie te devolverá, por ejemplo, el dinero del refresco y de las palomitas. Para más inri, el derecho a refill (rellenado gratuito) sólo lo tienen los refrescos grandes, que por supuesto son unos dólares más caros que el tamaño mediano o pequeño.

Eso justifica que dé comienzo una sesión y tenga una sala de 300 butacas para mí solo, como me ocurrió cuando vi el otro día Insidous: Chapter 2. Les da igual que esté más o menos llena la sala, es más la proyección arranca aunque esté completamente la sala vacía porque el negocio está en otro lado y no precisan de una persona que ande cambiando rollos. Lanzan la película y andando se quita el frío.

Todo ello lleva a que nuestro amigo norteamericano se haya incluido en el equipo de marketing del cine, que se encarga del tema de las concesions y de promocionar iniciativas que lleve a la gente al cine. Así poco a poco se va reconvirtiendo porque es consciente que sus compañeros tienen los días contados por la revolución silenciosa.

-Alfredo Manteca-

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