Los cien cafés de Malasaña

En la cultura occidental somos muy de sentarnos alrededor de una mesa para resolverlo todo, firmar grandes acuerdos, celebrar los reencuentros o quedar con un buen sabor de boca antes de una despedida. Los españoles en concreto, somos de café; aunque cada vez mas influidos por culturas como la anglosajona que hacen que las cartas de bares y cafés se llenen cada vez mas con multitud de tés e infusiones.

Aunque podríamos movernos por Malasaña saltando de bigote en bigote os recomiendo empezar por la plaza de Santo Domingo, en La Bicicleta Café. Se presentan como “Amor por el café y las bicis a partes iguales ubicado en un espacio pensado para trabajar desde tu portátil. Y todo en el centro de Malasaña”, pidan listas porque sino solo podrán entrar si llevan un iMac bajo el brazo. Pensado para trabajar desde allí, tienen una lista de infusiones y cafés interminable. Cogemos la bici y bajamos por la calle Puebla y llegamos al Café de la Luz: se definen como un “Café agradable y con estilo. Música jazz y soul sin estridencias”. Mucho más acogedor que La Bicicleta, con un trato tan personalizado que el camarero y tu pareceréis amigos íntimos desde el primer momento: recomiendo el café bombón. En la famosa calle de Espíritu Santo está Lolina Vintage Café con una decoración retro-vintage preciosa, destaca por su tranquilidad, es bonito y acogedor. Para los amantes de la tarta de zanahoria les recomiendo Picnic, en la calle Minas.

Entre tanta mañana y tanta tarde de café las últimas propuestas son algo más movidas. Estar Café en la calle San Vicente Ferrer es famoso por sus juegos de mesa, donde pasar muy buenos ratos con tus amigos. Aprovecha para separarte de Twitter, Facebook y Whats App un rato, recomendables sus chocolates y batidos. Antes de acabar y para enlazar Malasaña con la noche madrileña, voy a hablarles de Cafeína: se declaran expertos del GinTonic, y no les digo más. Aunque cierran a la hora cenicienta les da tiempo a beberse un par de copas si sus amigos son puntuales. No podría irme y quedarme tranquilo si después de dedicarle un artículo a los cafés de Malasaña no ubico alguno en la famosa calle Palma. Es el caso de Toma Café en el número 49: tienen cafés de todos los lugares del mundo que puedas imaginar.

Lo malo de todo esto, por llamarlo de algún modo, es que todos estos sitios que les he citado tienen la misma decoración: muebles y sillas que han ido recolectando de bateas de restos, del rastro o de casa de sus abuelas, no hay nada que destaque por ser un poco más original, algo que se salga de este estilo retro-chic tan de moda ahora. O al menos yo aún no lo he descubierto, y si ustedes conocen alguno les invito a que me lo digan, ¿Un café?

— Benito J. Guerrero —

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