Nacionalismos rancios

El actual auge del nacionalismo catalán está dejando de nuevo a la luz ese españolismo rancio del que muchos de nuestros políticos se jactan. Pero el mal llamado espíritu nacional es algo transversal en el conjunto de la sociedad española que aúna tanto a la derecha como a la izquierda. Este ultranacionalismo decimonónico y heredero del imaginario franquista surge periodicamente cada vez que o bien estalla otra crisis en el Peñón, o bien los conservadores necesitan hacer uso de la bandera.

Pero centrémonos en la coyuntura catalana y no mezclemos las churras con las merinas.

El pasado domingo la lideresa magenta, Rosa Díez, decidió ir a pasear su centrismo al plató de El objetivo de Ana Pastor. La prócer vasca vertío una serie de críticas muy duras contra el catalanismo en todos sus aspectos; desde el regionalismo al autonomismo pasando por el consabido independentismo; metiendo a todas las corrientes catalanistas en el saco independentista. Reducir la causa catalanista al independentismo es una simplificación del problema.

Los mass medias españoles ofrecen una única visión de la actual crisis; discurso del que se han apropiado losvl partidos políticos cortesanos: PP, PSOE -no el PSC- y UPyD. La defensa anticatalana que usa la Corte (estos partidos políticos, los medios y los intelectuales [no confundir intelectuales con periodistas]) es pobre: la Constitución.
«La Constitución prohíbe a Mas convocar un referendo», decía Díez, pero ¿de qué sirve la Carta Magna cuando no es legitimada por parte de la población catalana? De nada, no hace sino enfervecer los ánimos y caldear el ambiente, además de armar la demagogia de de CiU -partido que ha colaborado con el Gobierno del Estado en sus políticas de austeridad-.

Este discurso demagogo, que pasa por alto el principio de soliraridad entre regiones, tiene varios fallos. El primero es que al parecer es Madrid (información extraída de El objetivo), junto con Baleares la comunidad que más aporta y la que más aporta y menos recibe. El actual discurso independentista de CiU está alimentado por Oriol Junqueras, secretario general de Esquerra Republicana de Catalunya (dos), y pasa por alto el principio de soliraridad antes nombrado (supongo que un partido de izquierda debería respetar la máxima de la soliraridad obrera). El tercer fallo es la actual de CiU frente al fortalecimiento de Esquerra; los casos de corrupción destapados en Convergència (el famoso clan Pujol) y la manifiesta fractura con Uniò (más regionalista que independentista) hacen que cada Díada se convierta en un circo cuyo maestro de ceremonias en la sombra es el propio Junqueras.

La otra paupérrima defensa de la Corte es la para nada velada amenaza de que España es la única vía para estar en la Unión Europea. Por un lado, a muchos europeos les gusta menos la Europa que se está construyendo y, por el otro, pasa por alto a la Historia: la independencia de Kosovo.

La independencia de Kosovo fue un clamor por saltarse la legislación internacional y pese a la manifiesta ilegalidad y a los crímenes de guerra cometidos por su primer ministro, la nueva república balcánica fue aceptada por casi el pleno de la UE (España no la reconoció como Estado en un primer momento). Y aunque los EE.UU. no se encuentren detrás de esta deriva independentista, ¿por qué Cataluña no iba a ser aceptada al cabo de los años por la UE?
La solución tal vez pase por una revisión del Estatut y la puesta en marcha de un nuevo concierto económico (al igual que Navarra y País Vasco); o por una federalización del Estado (que conllevaría inevitablemente una III República); o reconocer la nación catalana (Reino Unido es eso, cuatro reinos unidos bajo una corona). Lo que es seguro es que para mantener la integridad de España hay que desterrar las actitudes anticatalanas y tan españolísimad y aceptar de una vez por todas que esta constitución está obsoleta.

— Víctor Manuel Rodríguez-Izquierdo —

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