Usted es un vago español

Man drinks wine after treading on grapes in wooden barrel during the annual grape harvest fiesta in Alboloduy

Querido lector, ahora mismo estará comprobado que mi publicación, esta entrada, post, o como lo quiera llamar, llega con cierto retraso a su horario previsto. Es verdad, no le negaré las evidencias. Pero, ¿sabe qué? Soy española. Sí, exacto, “qué tendrá que ver una cosa con otra”, se preguntará. Pues bien, es sencillo, como tal persona nacida en este país, dejo todo para el último momento. Es mi carta de presentación, es nuestra carta de presentación.

No me negará que cuando usted se dispone a programar sus vacaciones, la famosa maleta no está sacada del trastero hasta el día previo. O aún más extremista, hasta esa misma noche. El tren (suponiendo que viaje en este medio) tiene como horario de salida las 8am, en cambio, aun habiendo entrado la madrugada con total plenitud en su organismo, ese bulto que viajará con usted se mantendrá vacío hasta el último instante. Luego aludirá a los dioses y familiares por haber olvidado un 60% de los objetos importantes, pero no pasa nada, el español es despistado por naturaleza.

Puede darse la casualidad de ha de desplazarse hasta Correos para enviar un paquete a algún lugar indefinido. La opción clásica europea trataría de acudir a primera hora de la mañana. Sin embargo, ¡ay querido amigo! Es usted español, y como tal, tendrá que soportar las interminables esperas con más de cien personas por delante. Lo de levantarse a primera hora, allá cuando las farolas todavía se mantienen iluminadas, se dispone como un imposible para nuestra sociedad. Es curioso este hecho ya que es aplicable a cualquier comercio. Tal vez esta sea una de las razones por las cuales muchos de ellos optan por abrir a un horario “nacional”. Total, el español común (probablemente en paro) del que trato de hablarle, se despertará con el tiempo justo y preciso para acudir a su gran cita y, en consecuencia, el propio comerciante tiene la posibilidad de descansar un mayor número de horas.

“¡Es un tópico!” dirá. En efecto, así es. Sin embargo, ¿qué sería de este país sin los tópicos? Sin aquellas características que nos definen distorsionados hacia el exterior, aquellas que permitimos exportar, aquellas que nos encasillan, aquellas que nos influirán futuramente con independencia del territorio en que nos encontremos. Y es verdad, ¿qué exporta España como sociedad? Crisis económica, pobreza, vaguería, fiesta y flamenco, olé, toros, sangría, sol, incapacidad de hablar inglés, paella, jamón serrano… un sinfín de elementos característicos. Pero, ¿son auténticos? ¿Usted siempre toma sangría para comer? ¿En su casa ha de existir jamón serrano los siete días de la semana? ¿Llega a final de mes? ¿Sabe bailar flamenco? En definitiva: tópicos, reales o no. ¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Cómo podemos transformar esa imagen hacia otra más certera? ¿O acaso ésta no lo era?

Lo gracioso, lo verdaderamente curioso del asunto es que usted aún se mantiene leyendo estas líneas improvisadas sin corregir, escritas a toda prisa mientras el reloj acelera sus minutos jugando a contracorriente con el lento internet de mi universidad (lugar donde escribo estas líneas). ¿Por qué? Si es usted español. ¿Por qué? Si es usted un vago español…

 

— Miriam Puelles —

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