A las musas que no saben que son musas.

musas

Que las musas también necesitan que se les diga que son musas,
para dejar de tomar prestadas composiciones a otras musas.
Que son musas de músicos frustrados
y de barbas que les arañan el corazón,
-el de arriba, y el de abajo-;
que se balancean y bailan en las camas,
se enredan en sábanas y se dejan olvidados lazos
para que les escriban poemas o canciones
sin saber que son poesía por la manera de enredar sus piernas,
por la manera de cabalgar como animales en libertad.
Que dan tumbos por calles vacías, por ciudades que hacen suyas;
que suspiran como sus ídolos de película.
Que fuman sólo para añadir un extra de morbo en sus noches.
Que se han acostumbrado a dormir en estaciones, en aviones, en autobuses…
en las posturas más incómodas y en las camas más pequeñas.
Y también necesitan que las abracen en otoño y en invierno
aunque sean expertas en los amores de verano;
Y aunque nunca han llamado amor a nadie, ni cariño,
ni ningún otro sustantivo que les impidiera amar de verdad;
aman libres.
Se enamoran de conversaciones con café o té.
Se enamoran de los libros antes que de las personas.
Y de los personajes de película antes que de los hombres de los bares.
Que necesitan que las abracen incluso en una calle, o en un portal
porque siempre están a punto de romperse;
de descomponerse en moléculas muy pequeñas.
Pero pocos las han visto destrozadas
porque son rápidas en recoger sus cosas y salir dando un portazo.
Aunque a veces se quedan. Después de un determinado número de abrazos;
pero jamás les digas
que no dejan que las quieras, que sólo quieren que las abraces
aunque lloran por los dedos cuando se lo susurra Iván Ferreiro al oído salido de su iPod
Lloran por los dedos
y se han hecho amigas de los monstruos que duermen debajo de su cama,
porque a veces les dejan en préstamo alguno de sus dos corazones.
Aviso que:
no necesitan que mates monstruos por ellas,
no esperan a un príncipe azul que las rescate de dragones,
están hechas de cicatrices
y no digas que vienes a salvarlas más que de ellas mismas,
de los miedos que nunca cuentan.
A lamerles las heridas, las ganas, besarles las cicatrices, follarlas con ganas…

Ellas aman libres,
y a su manera.
Que son musas sin saber que son musas.

 

Ilustraciones de: Conrad Roset

— Paloma de la Fuente —

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