Precaución lingüística

stockholmu

Llevo varios días en Estocolmo, visitando a un amigo y la ciudad está muy bien. Pequeña, bonita y no hace aún frío, así que no me puedo quejar.

Tiene de todo: playa (con un agua helada), edificios antiguos, zona comercial, museo de Abba… lo tiene todo.

Sin embargo, si hay algo que he aprendido es que hay que tener mucho cuidado cuando viajas al extranjero. Porque el castellano no es el pequeño idioma que muchas veces nos pensamos. Afortunadamente, mi amigo Pablo y yo no somos de decir cosas de la gente delante de ellos si no saben nuestro idioma; porque nos ha salvado de alguna mala pasada. Cada vez que vamos en el metro de Estocolmo y estamos hablando entre nosotros alguien acaba por pararnos y preguntarnos de dónde somos y contarnos su vida: 50 años en Estocolmo, de padre sueco y madre malagueña, nacido en Suecia y criado en Ibiza…. hemos oído de todo. Y ellos nos han oído todo también.

No nos damos cuenta de que lo más normal del mundo es que la gente tenga interés por nuestro idioma, al fin y al cabo es el segundo lenguaje más hablado del mundo. Nosotros tratamos de aprender inglés y luego (ya si eso) quizá francés o alemán. Para ellos lo más lógico es aprender castellano después de aprender inglés. Por eso los compañeros de clase de Pablo (sobre todo los suecos, pero también los de otros países) conocen cosas de castellano y pueden llegar casi a entenderte.

La globalización consigue estas cosas. Estamos en un mundo en el que ya no sólo nos vigila el Gran Hermano, sino también cada uno de sus hermanos pequeños. Es imposible irte a Suecia y hablar castellano sin que te entienda nadie. No puedes tener tus secretos dichos en dicho idioma aunque sea en un país nórdico como este.

La semana que viene probaré en Madrid. Hay posibilidades de que allí tenga mejor suerte. Sobre todo, visto lo visto, si lo digo en inglés.

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