Be kind, (don’t) smile

Desde que somos pequeños, estamos sometidos a una fuerte presión social que nos obliga a sonreír cada vez que se dispara el flash de una cámara de fotos. Inconscientemente, se insta a la gente a sonreír cuando se hace una foto. Supongo que con el propósito de que al inmortalizar ese momento fotografiado parezcamos felices, y que al final miremos las fotos y tengamos la sensación de haber tenido una vida la mar de feliz. En parte, es una absurdez lógica.

Esta presión social que nos obliga a sonreír puede con la inmensa mayoría de nosotros, especialmente con los niños, almas cándidas de voluntad frágil y sometida a la querencia del adulto. En cambio, hay quienes se resisten a sonreír porque sí, sólo por parecer feliz en una foto. Escasos ejemplos y excepcionales ejemplares.

En cualquier caso, existe un caso claro de principios férreos frente a la sonrisa hipócrita que se descubre tras el flash. Mi amiga Helena.

Siempre que hablo de Helena a alguien que no la conoce añado que no basta con la simple descripción de su carácter, porque hay que verla en persona, escucharla hablar, gesticular, arquear las cejas y fruncir el ceño. Y después de estar hablando largo y tendido con ella empieza a revelarse la verdad, la excepcionalidad de su carácter. He aquí las pruebas:

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¿QUÉ TIPO DE BEBÉ SE PRESTA A NO SONREÍR EN UNA FOTO? ¿ANTE QUÉ CLASE DE PERSONA ESTAMOS?

527405_585378558144744_423302678_n(Esta es sin duda mi preferida)

Helena se ha opuesto férreamente a sonreír sin motivo. En realidad se ha opuesto a cualquier cosa impuesta. Esto hace de ella un ser espectacular. Eso y la descripción que siempre hace del vídeo de su bautizo.

De hecho, la idea de que sonreír está sobrevalorado surgió cuando una noche de borrachera Helena y yo unimos nuestras mentes y canalizamos en una frase nuestro tedio frente a la sociedad y la hipocresía. Asimismo, ambas hemos determinado que el hecho de sonreír espontáneamente está vinculado a una reacción psicológica, lejos de la petición social de sonreír en determinadas situaciones. Por ello, nos hemos dado cuenta de que hay ciertas cosas que no implican sonreír porque no nos hacen la menor gracia, percatándonos de paso de que hay otras muchas cosas que, pese a que nos hacen felices, tampoco implican sonreír ni un poco. Este es el motivo por el que elaboramos una lista:

Cosas que no nos hacen ni pizca de gracia y, por ende, no nos hacen sonreír: el hambre en el mundo, las guerras, el facismo, EE.UU. interviniendo en países a base de bombas, las mujeres que desde pequeñas aspiran únicamente a casarse, los hombres con escote y cejas depiladas, la gente que escucha música en el metro sin auriculares, los ultracatólicos, Sánchez Dragó, la gente que se ríe de los de letras, la mayoría absoluta del PP, la gente del PP, la pedantería, los trajes de novia, los mayordomos, los hombres que no saben dar placer, los hombres gilipollas (los hombres, vaya), el ron, Divinity, las telenovelas, los críos, las mujeres negras con pelucas absurdas,  Putin, tener que depilarnos, la ropa para animales, la gente que pretende caer bien todo el rato, LA GENTE.

Cosas que nos gustan, nos hacen felices, llegando incluso a la pasión desmedida, pero que tampoco nos hacen sonreír: la saga de El Padrino, Fredo, Michael, Vito, Santino, Breaking Bad, la gente antipática, follar (follando se gime, no se sonríe amablemente), la comida de las madres, Gassy, la sidra, Edward Norton, Marla, las películas de gángsters, El Nota, la lluvia sobre la piscina y la gente blasfemando a causa de ello, lo absurdo, Extremadura, la gastronomía extremeña, la cultura extremeña, los pueblos, las mujeres con rulos y los señores con una vara en la mano, la gente llorando cuando se cancela una procesión, Divinity, la imagen de Freud borracho bailando una conga, las tiendas de objetos absurdos, las barbas, los hombres rellenitos, los hombres escuálidos, el Barroco, Pollock, el minimalismo, Ed Wood, la gente pelirroja, todo lo que salga de los chanantes, los taxistas, estar depiladas y la píldora anticonceptiva.

 Así pues, es probable que haya pocas cosas que nos hagan sonreír. Bueno, claro que sí: contarnos nuestras anécdotas, idear realities absurdos, beber como cosacas, bañarnos en whisky, bañarnos en whisky con el Robert De Niro de Taxi Driver, las canciones de McNamara y dar a la gente por muerta.

Ah, y Gassy, el gato psicodélico:

1013390_10201396355657594_25192842_nYa sabéis, muchachada, sonrisas las que surjan y postura la mínima.

Salud.

Estefanía Ramos

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