Diferentes realidades

He intentado desconectar por dos semanas del mundo, y nada más volver a las tecnologías, lo primero que me he dado cuenta es que sí, el mundo cambia, y de qué manera. Fue llegar a casa y lo primero que me dijeron fue: “madremía, ¡que estamos  a punto de empezar una nueva guerra!”. Y yo sin enterarme de nada, por ahí perdida entre bosques y senderos gallegos, mientras Obama estudiaba la forma de que sus amigos europeos le apoyen en el robo de petróleo a los sirios. Vaya vaya.  Menos mal que esta vez no han pensado en España como principal aliado… porque sería lo único que nos faltara, junto con Urdangarín y Bárcenas, temas en los que también ha cambiado el mundo: esta mañana, desayunando, en una tertulia matutina he escuchado que claro, después de tardar tanto en entregar los ordenadores que utilizó Bárcenas al juez, pues cabía la posibilidad de que hubiesen sido manipulados y por tanto los archivos que pudiesen imputar a algún otro miembro del PP eliminados. Yo flipo con el razonamiento de esta  por la mañana temprano, qué inteligentes son, oye. No sé si se le habría ocurrido a alguien antes… porque claro, coger un ordenador y llevarlo a la Audiencia Nacional pues se necesita mínimo una semana… aunque no sé muy bien si es por temas de peso, transporte… o documentos, sí.

Pero bueno, al fin y al cabo,  estos problemas pues tampoco influyen mucho en nuestra vida diaria.  A la hora de la verdad, qué nos importa a nosotros si la Infanta Cristina se va a vivir a Suiza  o la mujer de Bárcenas da plantón al juez y deja vía libre al embargo.  A mí todo eso no me quita el sueño. Asique cambiemos de tema.

He estado dos semanas sin escribir por mis “vacaciones”. Decidí hacer una parte del Camino de Santiago, experiencia que recomiendo a todo el mundo, por los paisajes, las vivencias y por disfrutar de aquella tierra que, aunque nos queda lejos, siempre recibe a todo el mundo con los brazos abiertos.  (eso sí, quien espere encontrarse a sí mismo, que no lo haga en agosto… o lo que encontrará será centenares de personas recorriendo el mismo camino día a día). Su comida, sus paisajes (incluidas esos montes que había que subir y bajar), sus gentes, su acento… no creo que dejen indiferente a nadie.  Y si tienes  suerte de que no te llueva, mucho mejor. Y sinceramente, no me acordé demasiado de qué estaba pasando en el resto del mundo, no lo necesitaba, y mucho menos me quitaba el sueño.

csantiagoPero ya es hora de volver a la realidad, de coger la rutina con fuerzas y enterarme de lo que ha pasado en el mundo durante estos días (y está pasando).

 

 

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