Realidad asistida

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Esta semana, debido al estreno cercano de The Fifth Estate, he comenzado a leer Dentro de Wikileaks: Mi etapa en la web más peligrosa del mundo de Daniel Domscheit-Berg. Lo hice porque, a pesar de que temáticamente nunca había tenido ningún interés por la película, me gusta cómo está hecho el trailer y de repente me interesé un poco. No estaba leyendo nada, así que me decidí a comenzar el libro de uno de los dos miembros más importantes de la famosa asociación.

Me he encontrado un libro mucho más ameno y revelador de lo que esperaba. Sabiendo la situación en la que fue escrito, al poco de que Daniel Domscheit-Berg dejase la asociación, pensaba que se trataría mucho más de cotilleos sobre Julian Assange y menos sobre cómo funcionaba la asociación o cuáles eran sus motivaciones. Por supuesto, como todo “buen” libro revindicativo trata de desdibujar la imagen del “líder” enigmático y emblemático. Sin embargo, tal como lo explica Daniel Domscheit-Berg no tienes sino que compartir su opinión. En momentos en los que escribe palabras como: “Entre tanto, me preguntaba si durante los últimos meses Wikileaks no se habría convertido también en un culto religioso o, por lo menos, en un sistema que apenas toleraba la contestación interna. Si algo fallaba, había siempre motivos externos, el gurú era intocable y no se le podía cuestionar. Estábamos sometidos a una amenaza externa constante y eso reforzaba la cohesión interna. Si alguien expresaba excesivas críticas era castigado con una privación de la comunicación o amenazado con posibles consecuencias. Y los compañeros de armas debían saber tan solo lo que fuera necesario para desempeñar la tarea en la que trabajaban en cada momento” estás tan enfrascado en su punto de vista que compartes ampliamente su opinión. Sin balance por la otra parte.

Y es que la cuestión se complica en el momento que te planteas hasta qué punto puedes fiarte de aquello que te están contando. Cuál es la línea entre la realidad y la no-realidad. Incluso aunque sea una no-realidad representada como realidad de manera inconsciente.

Mi creencia es que no hay verdad absoluta, toda concepción de la verdad está totalmente subordinada a la situación contextual en la que se encuentra. Catalogar de realidad todo lo que cuenta Daniel Domscheit-Berg de inicio ya es un problema porque los acontecimientos los muestra desde su punto de vista y, por tanto, con mayor o menor intención; se encuentran doblados para favorecerle a él.

Aquí entonces viene la pregunta: ¿cuánto podemos fiarnos de relatos como el de wikileaks o el de Facebook (tanto el libro Multimillonarios por accidente como la película que se basó en él The social network) si son totalmente unilaterales? Desde el momento en el que una parte se niega a comentar al respecto, los relatos se vuelven cojos y en los que no puedes fiarte.

El caso del relato de Wikileaks es distinto al de Facebook. En este escrito es el propio Domscheit-Berg el que escribe desde su punto de vista y así lo refleja, por lo tanto no está haciendo un acto de verdad absoluta. Algo que no ocurre con Multimillonarios por accidente de Ben Mezrich (que también hace con Bringing down the house en la que se basaron para la película 21 Blackjack y en Sex on the Moon).  Mezrich (al que yo he leído bastante y me resulta muy entretenido) ficciona la realidad y esto crea una confusión dentro del lector, porque el hecho de que dialogue y hable de momentos y conversaciones en los que resulta imposible que él estuviese facilita la lectura, sin duda, pero también le da más impresión de realidad aún al lector. Un relato bien construído parece más realidad a quien lo lea que la mejor no-ficción que puedas encontrarte.

Por eso me dan siempre tanto miedo los biopic (películas que cuentan los acontecimientos de una persona real) porque son historias SIEMPRE ficcionadas. Tenemos que tener en cuenta que el funcionamiento de la realidad es totalmente distinto al funcionamiento de la ficción. Para que una ficción nos parezca verosímil debemos evitar un elementos que domina gran parte de nuestra vida diaria: la casualidad. En la ficción no hay casualidad, sino causualidad, causa y efecto. Esto hace que las historias de biopics tengan que inventarse sucesos, escenas o personajes que sirvan como motor causal para el personaje. Para justiciar (narrativamente) sus acciones que sí que llevó a cabo en la realidad, tenemos que otorgarle (en muchos casos) un elemento de ficción que apoye esta causa y efecto y de impresión de verosimilitud en las acciones del personaje.

Todo esto me parece lógico y lo apoyo, pero el problema es que este mecanismo es desconocido por gran parte del amplio público y entonces ellos sí que asumen como algo que sucedió todo lo que se muestra en una película. Asumen toda la ficción (de la cual sólo una parte es realidad) como la realidad en su todo. Eso es lo que no me gusta de los biopic. No que lo sean o no, sino que lo vendan como: estos son hechos reales cuando ¡No! ¡Más de la mitad de lo que sucede suelen no ser hechos reales sino justificaciones y escenas creadas por la mente demiúrgica del guionista o guionistas en cuestión!

Y eso sucederá con The Fifht Estate, como ocurrió en su momento con The social Network. Toda la película será asumida como una realidad, cuando ya la construcción de la ficción está basada en un libro que de ninguna forma puede representar la verdad absoluta.

— Arturo M. Antolín —

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