¿”Applause” o “abbucheos”?

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Querido lector, en esta ocasión quiero hablarle de un hecho inexplicable, un misterio que ni el propio Iker Jiménez podría desvelar, o tal vez sí. El caso es que sucesos como este son los que me replantean el poder del mundo televisivo sobre la audiencia o espectadores, más en concreto en el fenómeno fan.

Esta madrugada se han celebrado los “MTV Video Music Awards” o VMA a secas. Por si no lo sabe se trata de un evento en el cual el famoso canal de televisión, MTV, otorga diferentes premios musicales votados por los propio público. Es decir, cuida a tus fans si quieres llevarte el galardón.

Casualidades de la vida este año Lady Gaga abría la gala presentando su nuevo single, “Applause”,  y casualidades de la vida este año yo veía el momento con auténticas fans de la artista. Si ha escuchado a la cantante manteniéndote ajena a la masa popular que lleva de falda, la reacción de estas personas puede sorprender considerablemente. Lo narraré para meternos en el papel:

<< El salón carecía de luz para visualizar elemento diferente a las pantallas electrónicas que nos transmitían imágenes en movimiento en conexión directa con Estados Unidos. Eran dos: una televisión como principal y un portátil haciendo de visor secundario que nos emitía el streaming desde la alfombra roja y consecuentes cámaras ubicadas en el espacio. El tiempo transcurría lentamente y la única distracción hasta el momento cumbre se basaba en tratar de adivinar quiénes eran esos seres que posaban en la alfombra roja pero que necesitaban papelito blanco para ser reconocidos. La mayor parte de los casos se trataba de un imposible. El minutero seguía su curso y, en consecuencia, la evolución nerviosa de las fans era cada vez mayor llegando a su primera cumbre cuando su mother, la Gaga, aparecía vestida de negro sobre aquel rojo resplandeciente. “¡Gaga, Gaga, Gaga, Gaga!” decía una para avisar a la otra de su reciente aparición. Ni un segundo pasó de aquel momento que esta última dejó atrás a Usain Bolt y llegó antes al salón. ¿Cómo? Aún no lo sé. “¡Ay, lo sabía! ¡Sabía que aparecería de negro!” “¿Pero por qué la quitan?” exclamaban. Tras otro rato de espera el momento llegó, puntual. A las tres de la madrugada, en la pantalla principal un primer plano de la cantante dejaba entrever su rostro dentro de un óvalo que a primera vista para mi no tenía excesivo sentido. “¡Es ella, es ella!” decían mientras se acercaban lo máximo posible al televisor desde el propio asiento dejando su cuerpo en una inclinación de más de 45º. Sus rostros cambiaban conforme la canción avanzaba. Un niño pequeño cuando recibe sus regalos en navidad no está tan feliz como estas personas. Los ojos como platos y la sonrisa dislocada en una mandíbula que no daba más de sí ¿El por qué? Su diosa acababa de aparecer en escena. Cuatro cambios de vestuario más tarde la actuación daba punto y final. Aplausos, y nunca mejor dicho, cerraron el espectáculo. “¡Bua, me encanta, qué grande es!” “¡Es genial, es genial!” La emoción del directo dio paso al éxtasis social a través de Twitter en el cual los RT volaban, aparecían, corrían… miles de ellos se mostraban en el timeline de sus seguidores. La familia monster al completo estaba de celebración ante la reaparición de su famosa mother y ellos lo festejaban, ¡y de qué manera! >>

Ahora es cuando usted, querido lector, ha de ver el momento en vídeo para que se pueda recrear en la evolución de nuestras protagonistas:

 http://www.youtube.com/watch?v=g9yLrxnZZaE

Y yo me pregunto: ¿qué puede sentir un fan al ver a su diosa en la pantalla? ¿Por qué ese acercamiento tan grande ante una persona de la cual conoces hasta el más “íntimo” secreto pero que para ésta eres un ser desconocido? “No lo vas a entender, es algo inexplicable. Es como la actuación, estaba hecha para nosotros.” Es el fenómeno fan, la masa de personas sin la cual un cantante no es nadie. Lady Gaga lo sabe y les cuida, en eso es una experta. Sin embargo hay cantantes y cantantes, hay artistas que se preocupan por estos y artistas que permanecen ajenos en su burbuja egocéntrica sin darse cuenta que pierden seguidores con cada evento.

La gala continuó y una nueva actuación se presentaba: era la hora de Miley Cyrus. Aquella niña que se mostró al mundo a través de Hannah Montana pero que ha evolucionado hasta su peor versión por un intento de separación entre su yo real y su yo famoso. El problema es que en algunas ocasiones, y en la suya en concreto, estas determinadas medidas son contraproducentes si lo que quieres es que la gente te guarde respeto. Los medios esta mañana publicaban su actuación de “sensual” (con comillas incluidas). Y con razón. El cambio experimentado por esta chica ha sido tan grande que lo mejor de aquellos mundos de los que hablaba en su primera famosa canción ha caído en un agujero negro, o en un pozo, no seamos muy dramáticos. Miley quería desprenderse de ese pasado Disney con el que toda actriz, cantante,  persona que haya trabajado para la marca, tiene que llevar a sus espaldas, sin embargo a veces el fin no justifica los medios. ¿El escándalo continuo es un modo de evasión al pasado? Un cambio de look podría ser suficiente en algunos casos aunque en éste, Miley, no se diese por vencida. Hay que llamar la atención, mucho, hacerse notar, que te miren, que vean cómo aquella niña ha dejado de tener cabida en un cuerpo adulto (cuerpo, que no cabeza). Y la observamos con lástima y un poco de indiferencia, viendo que ha escogido una mala opción, contemplando cómo su propio ser queda en evidencia delante de millones de personas. ¿Y sus antiguos fans? Quién sabe. ¿Y los de ahora? Quién sabe también. En esta ocasión una imagen vale más que mil palabras.

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— Miriam Puelles —

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