Medallas sin recompensa

FUTBOL

Querido lector, esta semana me gustaría hablarle de un tema que siempre me ha preocupado y disgustado hasta términos estratosféricos. Es por ello, y por la repercusión mediática que han tenido unos determinados acontecimientos así como declaraciones, que hoy le hablaré de ello.  Seamos realistas, hay que aprovechar el momento.

Esta semana el periódico ABC publicó una entrevista a la nadadora Mireia Belmonte en la cual ésta hace unas declaraciones cuanto menos curiosas: “Importa más el pelo de Sergio Ramos que mi record”. Y es verdad. En este país es verdad. Mireia ha sido la primera mujer en bajar de los ocho minutos pero las portadas de los periódicos se decantan por el fútbol. Otro caso, Ruth Beitia logró el sábado el bronce en los mundiales de atletismo de Moscú en salto de altura. Hasta ahí todo correcto. Sin embargo, ayer domingo amanecimos con otros protagonistas en los diarios deportivos. Si se fija con detalle, es decir, con lupa, en el montaje que le he proporcionado (la foto de portada, sí) comprobará cómo los cuatro medios le dedican un minúsculo espacio en su página principal, en el caso de Marca de manera más notoria. Y ahora es cuando yo me planteo: ¿realmente es más importante el culebrón del Barça y Real Madrid que la medalla? Sí. ¿Culebrón? también. Esa novela televisada hasta la saciedad los 365 días del año con titulares tan asombrosos como “Cristiano está triste”, “Neymar y su cresta” o “Sergio Ramos se vuelve pollito”. Vale, a primera vista la relevancia de estas posibles noticias me abruma de forma considerable, ahora bien, ¿si Ruth o Mireia se cortan el pelo, se tiñen, están de bajón o tienen una multa que pagar, serán portada? Querido lector, tanto usted como yo sabemos que no. El porqué parece claro: no interesa. ¿Por qué? Porque no son futbolistas ni son hombres. Vayamos por partes.

– No son futbolistas. En España si algo triunfa es el fútbol, si algo levanta pasiones y dolores de cabeza es el fútbol, si algo logra unir a la población es el fútbol, si algo tiene un programa de TV informativo con igual o mayor duración y más relevancia que las noticias (el telediario de toda la vida) es el fútbol. Parece que todo gira en torno a esta actividad y que la vida de la mayor parte del conjunto de los ciudadanos está ligada a ella. No comentaré el centralismo de Real Madrid y Barça porque me llevaría horas. Es entonces cuando el resto de deportes, “los otros”, carecen de importancia. Esto se nota, y si no me cree no tiene más que ver las audiencias.

– No son hombres. Si sumamos a la premisa de “no son futbolistas” el hecho de que son mujeres, los números y cuentas se desbordan. En primer lugar no practican el deporte rey con lo cual sólo pueden aspirar a ser nombradas en los últimos sucesos de la escaleta de un telediario con un tiempo mínimo. En segundo lugar, tienen que darse por satisfechas con ello. Y es verdad, tienen suerte. Tanto Ruth como Mireia tienen suerte. La ventaja de sus respectivos trabajos es que son más equitativos con respecto al género, tal como aseguraba la de Badalona en La Sexta Noche el pasado sábado. No se pueden quejar aun habiendo ido con medios y cuidados mínimos a sus distintas citas ya que por lo general la cuantía económica no hace distinción sexual. Pero ¿qué pasa con las féminas futbolistas? Preguntaré algo: ¿cuánta gente se ha enterado de que este verano se ha disputado en Suecia el Europeo femenino? Tal vez esta sea la primera noticia que tenga al respecto. Ya si le digo que España cayó eliminada por Noruega en cuartos quizá le deje boquiabierto.

En mi opinión es gracioso el hecho de que estas chicas no tengan la misma repercusión mediática. “El fútbol es un deporte para hombres” decían los señores mayores en épocas prehistóricas. “El fútbol femenino se está abriendo camino” dicen ahora. Perdone, ¿dónde? En España no. Todos los días vemos como Cristiano Ronaldo (por poner un nombre de repercusión evidente) malgasta su sueldo en botes de gomina y laca “fijación perfecta” para que no se le mueva ni la raíz del pelo en los partidos. Lo que más me inquieta es la cifra desorbitada de euros que utilizará para ello. Y aún peor, tal vez esa cifra, ese dinero, sea el mismo que el sueldo de una mujer jugando al mismo deporte que él y probablemente no mucho peor. Es cierto y verídico, querido lector, una chica futbolista en nuestro país gana en un año lo mismo que Cristiano Ronaldo en un día. Equitativo no parece. Miento, no es. Estas mujeres no han visto a un estadio con 90.000 gargantas coreando su nombre; estas mujeres no han firmado un autógrafo en su vida; estas mujeres no pueden elegir coche con el que ir a entrenar porque en su mayoría sólo pueden pagarse uno de segunda mano; estas mujeres estudian o trabajan por el día y entrenan por la tarde. Eso es vocación. Un hombre futbolista, independientemente del equipo en el que milite, siempre contará con apoyos y fans más allá de su familia para proseguir en su carrera deportiva. Mis propios ojos han visto como un equipo femenino de fútbol ha tenido que huir a otro lugar porque los directivos del club pensaron que “no era rentable”.  Y ahí continúan, auténticas deportistas que saben que nunca tendrán un reconocimiento nacional, que las marcas de ropa no se rifarán ser sus patrocinadores, que nunca llenarán un estadio de 90.000 asientos o que nunca podrán comprarse un Ferrari como capricho. Pero qué más da, no son Cristiano Ronaldo…

— Miriam Puelles —

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