Obi, oba, con el hype ya me gustas más.

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Sé que todos estáis cantando ahora mismo la archiconocida canción pero escuchadme leedme un momento que tengo un problema: soy una persona muy influenciable. No es de hoy ni es una paranoia mía: mi madre también me lo dice (y si ella lo dice, no hay duda). Me dejo llevar mucho por las opiniones de los demás, que le voy a hacer. El problema es que ha aparecido un agravante que me lleva por la calle de la amargura: Twitter. Sí, amigos, sí. Esa red social en la que todos damos nuestra opinión, 140 caracteres mediante, como si el que se encontrara al otro lado, leyéndonos, estuviera interesado en ella.

Claro, ¿qué pasa con esto? Pues que el confluir de tantas opiniones me lleva a volverme loco. A mi cuando antes me decía una persona (probablemente, Estefanía)  que tenía que ver El padrino porque es muy buena, yo hacía oídos sordos porque era sólo una persona y qué se yo, nunca coincidimos en los gustos fílmicos. Pero, ¿qué pasa cuándo muchas opiniones coinciden en dar una valoración positiva a un producto pero no conoces a las personas de las que provienen estas expresiones? Es decir, ¿cómo podemos fiarnos de ellas? Muy fácil: no podemos. Y ese es mi problema.

Os pongo en antecedentes del último ejemplo de mi problema: hace unos meses (igual años), dejé de ver Breaking bad, serie alabada hasta la extenuación por crítica y público que a mi, como El padrino, no terminaba de convencerme; así que la abandoné, allá por el final de la segunda temporada. Sin embargo, hace unos días, comenzó a generarse mucho revuelo con la serie porque el 11 de agosto regresaba con sus últimos episodios. A esto los modernos (y los ingleses que tienen palabras para todo) lo llaman hype, es decir, dar mucho bombo a algo. Y el hype en Twitter se lleva mucho. Llamémoslo “dejarse llevar”, llamémoslo “querer joder al que no ve determinada serie” pero el hecho es que ahí está y con Breaking Bad está pasando.

El proceso acontece de la siguiente manera:

1.- Se avecina un estreno o un regreso (o en este caso, el final) de una determinada serie o película.

2.- Si la has visto te sumas al hype, sino, comienzas a leer opiniones e intentas no hacerlas caso.

3.- Las haces caso (no quieres, pero es superior a ti).

4.- Comienzas a dudar de ti mismo: “igual la serie es buena” o “la primera parte no me gustó pero, ¿y si la segunda es tan buena como dicen?”

5.- Sucumbes.

Claro que sucumbes. Puede pasaros como a mí con Breaking Bad: retomas la serie y te das cuenta de que estabas confundido y que has estado perdiéndote una gran serie estos últimos meses; sin embargo, mi experiencia os puede decir (y estoy seguro de que la vuestra también) que no es lo habitual. “Para gustos colores” y “cada persona es un mundo”: dos refranes que definen a la perfección por qué no hay que dejarse llevar por el hype (o por la avalancha de opiniones que ofrece Twitter).

– Ay, Jonathan, pero, ¿qué hacemos entonces?

Bien, si me pedís consejo yo os diría que os dejarais llevar. Puede tocarte la de cal o puede tocarte la de arena pero, ¿cuál es la buena? Nunca lo sabrás hasta que lo pruebes.

Jonathan Espino—

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