El último hombre

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Hace un par de meses tuve el placer de empezar a leer ‘Y: El Último Hombre’ (Y: The Last Man, de título original), una serie de cómics de ciencia ficción que nos cuenta la historia de Yorick Brown y su mono Ampersand, únicos supervivientes de un extraña epidemia que ha fulminado a cualquier ser de género masculino (con el cromosoma “Y”). Tras lo sucedido, Yorick intentará encontrar a su novia Beth acompañado por una agente de una organización secreta de los Estados Unidos, ‘Agente 355‘, y la doctora Mann. En el transcurso de su viaje observará cómo es ahora el mundo sin la presencia de los hombres y evitará distintos peligros, entre ellos a las Hijas de las Amazonas, un grupo de feministas extremistas.

De primeras puede sonar un poco a tópico, pero lo cierto es que la serie incluye situaciones que no distan mucho de la actualidad y que dejan una buena moraleja o rapapolvo si se prefiere. Por un lado, aparece un grupo de mujeres que velan a sus maridos, amigos, familiares, compañeros, novios y que sienten su pérdida; y, por otro, tenemos a las Hijas de las Amazonas, una comunidad de mujeres feministas que ven al género masculino como un enemigo que ha ultrajado la figura femenina durante demasiado tiempo y que se alegra de liberarse de dicha represión. Su labor es asegurarse de que el cromosoma “Y” ha sido erradicado totalmente, por lo que cuando descubren que un varón (Yorick) ha resistido a la plaga, decidirán acabar con él y la única posibilidad de ‘repoblar’ el planeta. Entre ambos colectivos, también se encuentra una asociación de mujeres que decide tomar las riendas del gobierno de EE.UU y poner en orden el caos en el que ha quedado sumido el país, pero que también sienten la pérdida de sus compañeros en vida.

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Aquí es donde encontramos el rapapolvo o moraleja de la que hablaba antes. Las feministas enfadadas que reclaman justicia no tardarán en ejercer la misma violencia, represión y castigo que alegaban padecer antes del apocalipsis por el género opuesto. Nada las diferencia realmente de los varones bárbaros. Con ello el cómic nos muestra cómo las mujeres pueden ser igual de crueles, opresoras, criminales y ambiciosas que los hombres y como la sed de poder nos corrompe a todos por igual. Una crítica que llega en un buen momento, caracterizado por una guerra de sexos que azota a la ciudadanía presente.

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‘Y: El Último Hombre’ es una serie que invita a la reflexión en algunos puntos además de dejarnos diálogos cómicos y un personaje principal muy completo. Yorick es un hombre un tanto ingenuo, inconsciente y divertido, además de sencillo y amable que no es consciente todavía de la verdadera importancia y las consecuencias de la plaga, pero que irá evolucionando hacia la madurez y la responsabilidad. En cada capítulo el lector querrá ver en qué nuevo lío acabará metiéndose el protagonista debido a su falta de luces.

Además, el guión (Brian K. Vaughan) me parece brillante y muy cuidado, con momentos que no te dejan cerrar el cómic. Por eso no es de extrañar que se llevase el premio Eisner a la mejor serie. Lo más destacable es que a pesar de los desvíos que toma y de las historias que intercala, hay un plan maestro que consiste en dejarle pistas al lector de cómo puede ser el final de la historia, de cómo puede terminar este mundo post-apocalíptico.

Este mismo año ECC Ediciones lanzó una reedición y ya ha sacado el primero de los diez volúmenes que componen la serie. Son bastante asequibles para el bolsillo (alrededor de 12 euros) y vale la pena comprarlos si os gusta coleccionar. Por cierto, su adaptación cinematográfica ya está en marcha. Esperemos que no sea igual que la de ‘World War Z’.

—Sonia Baratas Alves—

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