Hamburguesas de chocolate.

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Querido lector, los últimos sucesos ocurridos me impiden expandirme hacia temas más productivos que usted pudiese valorar más. Sin embargo, no me dejan otra opción. Tanto Mediaset como su potencia Telecinco hacen méritos para ser criticados y abucheados cada semana. El problema y la duda que me acecha es: ¿y si es eso lo que realmente quieren? Al fin y al cabo con el simple hecho de escribir estas líneas ya les estoy dando publicidad directa o indirectamente. Tal y como dice aquella famosa frase: “No importa que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mi”.

Esta semana me he encontrado con otra polémica de retirada publicitaria hacia la cadena como ya ocurrió hace tiempo en “La Noria”. En cambio, y en mi opinión, esta vez el asunto ha ido demasiado lejos. No sólo se les ha amenazado con retirar la publicidad sino que la misma empresa ha pecado de spots con una tendencia similar a lo que ellos ahora mismo están criticando. Entonces, ¿cuál es la ética de la marca? Mi cerebro se plantea cómo, simplemente, un producto decide asociarse con un programa de tales características. Optan por el apoyo rápido, un programa en un horario de emisión puntero y cuyo guion se asimila al target o público objetivo de la propia marca. De acuerdo, como responsables del marketing de la empresa es razonable seguir esos criterios pero ¿a qué precio?

Antes de ponerle en situación, querido lector, he de confesarle que por moral interna y ética personal no he visto las imágenes (ni lo haré) y toda información que tengo es adquirida en medios externos al de la propia polémica. A partir de aquí considere mis fuentes como más o menos fiables. Llamémoslo cuestión de fe.

Parece ser que el último degradante reality de Telecinco, Campamento de Verano, decidió castigar a una de sus concursantes con una ducha de chocolate, producto del cual es alérgica la chica. La cosa no sólo se quedó en ese hecho sino que el propio presentador debió decir “no te preocupes, tus compañeros pueden lamerte”. Bien, o sea no vale con poner a una chica en bikini y mancharla sin ton ni son más que con el único objetivo de ganar unas décimas de audiencia sino que además su propio ser puede ser dañado por la alergia que ella posee al mismo tiempo que su propia integridad como mujer. ¡Qué bonito y qué dulce todo! Obviamente a raíz de esto las redes sociales llegaron a la ebullición con comentarios de todo tipo en contra de la cadena y de la situación acontecida. Es entonces cuando pasó a mayores haciéndose eco los medios de comunicación y siendo publicada la noticia en innumerables websites así como periódicos (¿realmente es noticia?). Basándose en lo acontecido en La Noria cuando las marcas retiraron la publicidad al programa por haber sido entrevistada en el espacio la madre del Cuco, los internautas pidieron lo mismo a los patrocinadores de este espacio. Y aquí es cuando viene lo curioso: ¡De todas las marcas la que decide dar un paso adelante y hacer caso a los usuarios es Burger King! Precisamente esa marca que mete a Carmen Lomana en una bañera para anunciar uno de sus productos (muy creíble por otra parte) o ha sido innumerables veces criticada por su publicidad sexista. ¿Estamos o no estamos rozando la incoherencia?

Y es que, querido lector, a mi este tema me provoca una terrible lástima por la sociedad. Porque claro, una persona decente con un poco de racionalidad mental optaría por desprogramar la cadena de su sintonizador TDT ¡pero no! ¡Va y sube la audiencia 2,1 puntos hasta el millón y medio de espectadores! ¿En qué país vivimos? Volvemos al morbo televisivo del que le hablé por primera vez. Aquel al que no le importa lo que suceda en la pantalla si con ello se arañan unas décimas en el share; aquel al que el ser humano le parece insignificante y puede traficar con él como si de un mero producto de trueque se tratase; aquel morbo televisivo que busca a las mujeres con el menor número de prendas sobre su piel; aquel morbo del que abusa (y que tan bien le va) Telecinco. Y se lo permitimos. Lo peor de todo es que se lo seguimos permitiendo dejando que se emitan espacios como éste con unas cuotas de audiencia estratosféricas para lo que realmente merece, es decir, cero. ¿Entretenimiento? ¿Diversión? ¿Polémica? ¿Irracionalidad? ¿Simplicidad? A veces me pregunto qué busca realmente la audiencia que consume esos productos, y no, no me refiero a las hamburguesas del Burger King, las cuales, a partir de ahora para mí, serán de chocolate.

 

—Miriam Puelles —

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