“¡Me gusta(s)!”

“Para vivir, hace falta vivir… 
creo que no hay que olvidarlo”

Así es como empieza Brújulas que buscan sonrisas perdidas, el último libro de Albert Espinosa. Yo a este escritor, guionista, director, actor y persona le tengo gran admiración desde que descubrí su película Tu vida en 65′. Y luego, Planta Cuarta (o quizá al revés; primero una y después la otra); el caso es que parte de esa admiración se debe a la vitalidad que desprende en cada entrevista, en cada guión, en cada escena, y en cada capítulo. Es cierto que no es, ni de lejos, mi escritor favorito (si es que tuviera que tener uno), pero lo que me gusta y me admira de su trabajo es esa manera que tiene de rozar las heridas, de decirte “¡Eh! Quizás estás perdiendo el tiempo”; “Abre la ventana, salta, y vive”. Lo mejor es que tiene una curiosa manera de disfrazarlo, de decirlo con una ternura que no conozco en muchos otros contadores de historias (por no decir en ninguno), de abuelo que se sienta al lado del fuego rodeado de sus nietos y les aconseja desde la experiencia. Y desde la admiración, muchas veces ha creado en mi una rabia de gritarle que no me creo que él viva sin olvidarlo nunca. Luego le vuelvo a ver en alguna entrevista, o me lo encuentro en la feria del libro, y vuelve esa ternura que me llena de ganas de saltar por la ventana y vivir.

RRSS

Desde un tiempo atrás, supongo que por mi manía de observar todo lo que sucede a mi alrededor, y más desde que el transporte público es mi segundo hogar, rodeada de tanta gente, he apreciado que la gente vive 2.0. Que la gente mira más veces al día la pantalla de su smartphone que a los ojos de las personas que les rodean, y supongo que eso nos hace más frágiles; como si las miradas nos fueran a matar. No soy quien para criticar las redes sociales; tengo perfil en la mayoría de ellas, no pasa día sin que actualice twitter, facebook o instagram; y el otro día conté 12 grupos de whatsapp (la mayoría inactivos, ¡por suerte!). Me puedo excusar argumentando que soy comunicadora, y que son sólo herramientas de trabajo. No es verdad. Desde hace varios meses he entrado en el juego de relacionarme de manera 2.0 con algunas personas. ¿Sabéis a lo que me refiero? Que en vez de plantarme en el portal de X persona y decirle “te quiero aquí y ahora”, entro en su perfil y hago un “Like” (un “Me gusta”) en su última publicación. Y en la anterior, y en esa foto que sólo quiere decir “estoy aquí, y necesito que lo sepáis”. También lo hacen conmigo, y por eso lo llamo juego 2.0. Es algo recíproco y es divertido, pero no es vivir en el término más lícito de la palabra.

A veces me pregunto cómo sería nuestra generación sin todo este universo 2.0. Y creo que la respuesta es que seríamos un poco menos obsesivos (¡maldito invento el de la última conexión!), tendríamos más conversación, y no tendríamos tanto miedo a ser quien somos sin aparentar en un perfil en el que siempre usamos máscaras (o filtros) para ocultar lo que queremos ocultar. Somos un maldito carnaval en el que no dejamos de aparentar. Hay personas que salen de fiesta para hacerse fotos para luego mostrar que han estado de fiesta cuando en realidad han estado sólo haciéndose fotos para demostrar que estaban de fiesta. ¿Entendéis lo que quiero decir? A mi esas actitudes me asustan, me aterran. La gente ya no queda con sus amigos para estar con ellos, tomar una cerveza. Quedan con ellos y hablan por whatsapp con los que no están sin disfrutar de quien tienen al lado (y sin mirarle a los ojos) -llevado al extremo-.

Supongo que yo no os produciré la misma ternura que pueda produciros Albert Espinosa; que es absurdo que critique mis (a veces) propios comportamientos. Creo y puedo defender que las redes sociales son herramientas muy positivas y que han abierto un camino nuevo de comunicación; pero supongo que como otras tantas cosas en la vida hay que saber qué uso hacemos de ellas.

No os olvidéis que para vivir, hace falta vivir… y saltar por las ventanas; decirle a las personas que las queréis a la cara. Dar abrazos, besos, reíd hasta que notéis que vais a estallar. Os aseguro que las mejores historias y los mejores polvos no os lo van a dar a través de una pantalla. Y puede que, si dejáis de mirar a cada segundo vuestro smartphone, descubráis la mirada de alguien con ganas de arañaros un poco el corazón, entrar en vuestra vida y desordenaros un poco durante pocas o muchas horas.

65'

Anuncios