(NOT) Very important people

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Hace unos días vi Guerra Mundial Z. Ya sabéis, esa película protagonizada por un Brad Pitt matazombies. El caso es que, viéndola, llegué a una conclusión: en las películas americanas (igual generalizo pero suele ser la regla), tienes que ser alguien para sobrevivir… y para protagonizar las historias.

Comienza la película y se nos presenta a una familia: Brad Pitt con su mujer y sus dos hijas. Es más que evidente que, siendo Brad Pitt, es muy probable que salgas ileso del apocalipsis zombie pero, el meollo de esta entrada se encuentra en su personaje: se trata de una ex personalidad de las Naciones Unidas que se retiró hace unos años. No podía ser un obrero, un pensionista o mi abuela, no: el protagonista de nuestra historia tenía que haber servido a América y tenía que ser… Brad Pitt.

A nuestro protagonista y a su familia los sacan ilesos del cataclismo zombie (no os desvelo nada: pasa en el minuto 20 de la película) pero, ¿y el resto de las personas? Aquellos que no son importantes, que se quedan en los apartamentos, escondidos y muertos de miedo. En las películas, ellos no tienen historia: ellos no son Brad Pitt.

Hay un detalle en esta Guerra Mundial Z que deja aún más claro esto de lo que estoy hablando: muchas familias de personalidades políticas y militares son rescatadas y puestas a salvo en un barco pero, cuando esa personalidad deja de ser de ayuda, él y toda su familia son expulsadas a un refugio en tierra del que no se sabe si podrán salir vivos. Sólo esa gente importante puede mantener su culo a salvo… Siempre y cuando sigan manteniendo su poder.

Después de estas líneas, a nadie le cabrá duda alguna de que ninguno de nosotros podríamos protagonizar una película de Hollywood porque allí son muchos los requisitos para recibir el protagónico:

1.- Debes ser un ciudadano patriótico y si has servido a América, mejor. Ejemplo: Brody de Homeland. Se trata de un americano convertido al Islam y terrorista pero que es un soldado, no mi abuela. A mi abuela, ante la duda de si se ha convertido o no, la matan en el capítulo dos.

2.- Debes ser el primero de tu clase: como digo, no es la regla pero, una de dos, eres inteligente y tu película es un drama; o eres poco ducho y protagonizas la próxima secuela de American Pie.

3.- Debes ser guapo. Poco puedo añadir a lo que aquí dije.

Creo que con estos tres apuntes (y muchos que se os estarán ocurriendo a vosotros ahora mismo), nos ha quedado a todos claro a lo que me estoy refiriendo. Los americanos no soportan la mediocridad, es decir, el poder sobre los demás, ya sea monetario, intelectual o laboral, se impone a la hora de otorgar los protagónicos en las ficciones. ¿Puedes ser mediocre (entiéndase la palabra como “falto de interés”) y ser protagonista? Sí, pero ten por seguro que cuando acabe la película no lo serás; y es que, si algo les gusta más a los americanos que la gente VIP, son las historias de superación.

He de confesar que todo esto no viene por la película de Brad Pitt. No. Todo esto viene de una reunión que tuve el otro día con mi jefe en la que, en resumen, me dejó claro mi mediocridad. No es que me dijera que trabajara mal, sino que era incapaz de valorar mi trabajo porque, ni era excelente, ni era malo; es decir, no tenía mucho interés en mi persona. He de decir, que en mi trabajo, es mejor que no sepan que estás allí. Ser un fantasma es la clave pero, ¿qué coño? Si mi jefe decidiera si soy o no protagonista de una película, probablemente… seguro, que no la protagonizaría.

Pero, ¿qué es la mediocridad? ¿No ser un político que ha robado millones? ¿No ser el gran magnate que arruinó a millones de familias? ¿O no ser el gran sesudo que creó los iProductos pero al que nadie quería? Quiero decir, ¿cuál es el precio del poder y, por ende, cuál es el precio de un papel protagonista en Hollywood? Señor coordinador de ese supermercado donde trabajo, si ser su protagonista significa llegar algún día a la silla donde ahora se sienta, gracias, preferiría protagonizar una de Garci que ganar millones por una película como esa pero, no se preocupe, mientras seguiré regalando esa “mediocridad” a aquellos que la quieren y la aprecian… Incluso a aquellos que la disfrutan cada viernes a distancia. Con eso me conformo. Usted quédese con su trono protagonista que yo me quedo con mi trono en esta página cada viernes.

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