Hoy es 1 de agosto

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Aquella noche, a Marta no le apetecía volver pronto a casa. Tenia demasiadas ideas desordenadas en la cabeza que necesitaba darles un sitio, sino definitivo, al menos quitarlas del medio por un momento. Por eso en vez de coger el autobús que le dejaría junto a sus padres algo en menos de 20 minutos, decidió realizar el camino a pie.

E inconscientemente, llegó a Plaza España. Hasta hace unos meses, aquel lugar no dejaba de ser uno más de los muchos  que

hacían de Madrid una ciudad bonita, pero ya no era solo eso. Dos meses, ni más ni menos. Dos meses que han hecho a la pequeña replantearse sus planes. Dos meses en los que la confusión, la falta de amor propio y el miedo, luchaban casi a diario con las ganas de vivir nuevas experiencias, de abrirse al mundo, de salir de esa burbuja en la que ella, hasta ese momento, creía que era feliz.

Pero lo que ella no sabía todavía, es que esa noche cambiaria su visión.  Estaba sentada frente a esas dos figuras que tan buenos recuerdos le traían, por aquel verano en el que descubrió que los tres años que llevaba entre aquellas paredes grises de cemento merecían la pena. Un verano en el que entendió que, aquellas tierras manchegas y su gente, siempre estarían guardados en un pedacito de su corazón. Por eso contemplar esa imagen le reconfortaba.

-¿Puedo sentarme aquí?-Interrumpió entonces un desconocido.

-Claro, claro- contesto Marta sin dudarlo.

Aquel desconocido, de rasgos árabes y ya entrado en edad, no conocía la historia de Don Quijote, por lo que Marta se dispuso a hacer de narradora por unos minutos.

Asombrado por aquel bonito relato, el señor quiso recompensar de alguna forma a la joven por haber tenido la amabilidad de contarle la historia del hidalgo manchego, por lo que de alguna manera, quiso recompensarla:

-¿alguna vez le han leído la mano, señorita?

Marta no creía mucho en estas cosas, pero aun así, simplemente por pasar un rato divertido, le ofreció su manita a aquel desconocido para que intentara ver algunos rasgos de su futuro que, en aquellos momentos, la joven tenía tan confusos.

Y cómo no, comenzó por el amor. Aunque en un primer momento, el hombre no acertó demasiado, al asegurar que una pequeña bronca había protagonizado su relación hace poco tiempo, le esperaban algunas sorpresas.

-Dos varoncitos serán sus hijos, señorita- Afirmo en esta ocasión. A Marta no le disgustaba la idea.  Pero una frase dejo marcada la cabeza de la futura periodista:

-Nunca te enamores, te harán mucho daño-  Esto sí que le hizo pensar.

 

María del Cid Toledo

 

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