Con la voz rasgada

Tengo ciento cincuenta canciones
de voz rasgada y guitarra suave
Con mil ciento cincuenta versos
de magnitud esférica
que se tocan entre ellos
al principio y al final.
Y una aguja
que inyecta frío a mis sábanas
Y unas llaves
que nunca abren
otra puerta que no sea la incorrecta
Y un pintalabios medio gastado
que siempre besa el suelo
después de los labios
menos hostiles
de cada ciudad.
Y cuando una vuelve a casa
cansada de ordenar archivos
y de mirar rostros desconocidos
con los pies cansados
de bajar y subir cuestas
no quiere otra cosa
que no querer nada.
Pero al final
en este laberinto
de semáforos y autopistas
no hay hilo que me lleve
a la salida.
Sólo falta a veces
el rigor
de los despertares solitarios
marcando la rutina.
Y al final del día
antes de dormir
siempre suena
una canción
con la voz rasgada.
Son ciento cincuenta
y parecen no agotarse
jamás.

Estefanía Ramos

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