Todos somos Charizard

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Los Pokemon. Ese gran entretenimiento de nuestra juventud. Los teníamos en la tele, los teníamos en los cromos, los teníamos en los videojuegos. Estaban por todas partes. ¿Cuántos eran? Eso depende del momento en el que su rumbo y el tuyo se separasen. A día de hoy, parece ser, que la lista de nombres extraños aumenta hasta la nada despreciable cifra de 649. Yo me quedé en los 250. Y suficientes me parecen.

Por si alguno no lo recuerda bien (o no tuvo infancia) Pokemon fue una franquicia que comenzó como videojuego de RPG para aparecer poco después en la TV como serie de anime. Los Pokemon eran estos monstruitos que se guardaban en sus pocket bolas mientras estaban sus amos haciendo sus cosas (comer, andar, hablar, supongo que ir al servicio al igual que otros menesteres que no se nos mostraron en la serie) para salir de ellas en el momento en el que se realizaban combates Pokemon. En estos combates los entrenadores (así se hacían llamar los amos) hacían que sus Pokemon, cuál perros de pelea, se enfrentasen entre sí. Los entrenadores sólo podían tener seis de manera simultánea y podían encariñarse con ellos o ser los mayores hijos de puta del mundo con sus compañeros de viaje. En ese mundo de felicidad no hay leyes respecto al maltrato Pokemon.

Así, esos Pokemon podían en ocasiones evolucionar. Hasta un máximo de tres estados (en algún caso), los Pokemon, según avanzaban y mejoraban y se hacían fuertes, cambiaban y se convertían en otro más poderoso.

Pues bien, la serie que todos disfrutamos de niños, se basaba en que Ash Ketchum (nuestro protagonista) viajaba por el mundo Pokemon tratando de acumular el máximo posible de medallas para ser reconocido como el mejor entrenador de Pokemon del mundo. Ash es un chaval muy majo (para eso es el prota) y uno de sus mejores amigos es Pikachu, su primer Pokemon al que nunca mete en una pocket bola (aunque en inicio fue porque la ratita amarilla se negaba, pero bueno, sigamos). Así, durante los casi 800 capítulos que tiene la serie hoy, Ash va conociendo mundo, personas, viviendo aventuras y luchando contra mala y buena gente. A veces le acompañan amigos, nunca va sólo, porque en el fondo es muy buena persona y tiene muchos amigos.

En esta serie no hay cosas malas. No hay guerras. No hay enfermedades (menos algún caso específico que tiene fácil solución). El bien siempre se sobrepone al mal y las tramas duran (en el 90% de la serie) un solo capítulo de veinte minutos. Aquí TODO VA BIEN. Sin embargo, un día, en los inicios de la serie, un guionista (al que posiblemente echaron poco después) quiso revolucionar, quiso ser novedoso. Quiso petarlo. Y creó una subtrama que se desarrolla durante varias temporadas y que no parece encajar del todo en la serie. La trama de Charizard.

Charmander, Charmaleon y Charizard

Charmander, Charmaleon y Charizard

Charmander fue uno de los primeros Pokemon que tuvo Ash. Era un bichito adorable. Un pequeño dragón muy afable, cariñoso y poderoso. Porque curiosamente, aunque en un inicio fue el Pokemon de otro entrenador, pasó a ser el de Ash porque Damian, el anterior entrenador, le considera débil. Pero, junto al joven Ketchum consigue aumentar rápidamente su nivel y se hace muy fuerte. ¿Qué ocurre entonces? Que Charmander evoluciona a Charmaleon, su siguiente etapa, y aquí es donde se lía parda: Charmaleon no hace caso a su entrenador. Según le dicen a Ash tiene un nivel más alto que el del entrenador y, por tanto, declina hacerle caso. Así, Ash y Charmaleon comienzan a distanciarte, el entrenador ya no le usa tanto en los combates (porque claro, no le obedece) y la relación entre Pokemon y entrenador comienza a ser muy tensa.

Charmaleon es un pokemon con mucho orgullo propio, un día está siendo vencido, cuando saca energía del orgullo dañado y evoluciona en Charizard. Un dragón como dios manda. Una máquina de matar, como quien dice. Pero, una vez Charizard ha vencido ese combate, la situación sigue siendo la misma. Charizard se ve a sí mismo por encima de Ash. Así que no hay sitio para él en su pocket bola y se marcha. Vive en las Islas Naranja donde de vez en cuando volverá a aparecer para ayudar a su antiguo entrenador (o para que Ash le ayude a él), en una relación ya no superioridad, sino una relación ya casi de iguales.

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¿Pero qué ocurriría si este guionista loco hubiese reflejado en esta sub-trama la evolución que cada niño que veía la serie iba a sufrir en los años venideros?

Porque Charmander somo nosotros de niños: pequeños, afables, siempre con una sonrisa en la cara, cariñosos con nuestros padres y amigos. Charmander es el niño que todos hemos sido.

Charmaleon, sin embargo, representa nuestra etapa adolescente: nos creemos superior a los que nos educan, los que nos han enseñado, a los que (en teoría) debemos obedecer. Somos extremadamente orgullosos. Así que decidimos no hacer caso a lo que dicen, enfrentarnos a ellos, no pelear en las causas comunes, no hacer caso. Charmaleon es la puñetera edad del pavo representada en un Pokemon.

Y Charizard es la emancipación. El abandono del hogar. El momento en el que has aprendido de los fallos, pero aún te quedan muchos errores que cometer para poder aprender de ellos. Una etapa en la que tienes aún discrepancias con tus progenitores, pero que ya no están (o no siempre) debidas al orgullo o llevar la contraría, sino que tienen unas motivaciones. El momento en el que ves que el sitio se te queda pequeño, que tienes que ver el mundo fuera de la protección paternal (salir de tu puta pocket bola) y en la que abandonas el hogar, pero no para siempre. No es un adiós, sino un hasta luego. Los caminos se mueven distintos, pero a veces de la mano. Es un estado en el que te vuelves a juntar y en el que la relación paternofilial, aún presente, está influída por el hecho de que socialmente ya sois iguales. Y en la que a veces irás a la casa de mamá para llorar por un mal rato que estás pasando y que te arrope. O en la que quizá tu acudas en su ayuda (posiblemente para programar el video o cualquier cuestión de naturaleza electrónica).

Así que este puto guionista, al que posiblemente echasen a la calle por romper con la creencia de la serie, estaba haciendo bien su trabajo: estaba cogiendo el hecho/serie/tema más mínimo, más insustancial; y usándolo como una representación de la vida. Espero que al guionista que se le ocurrió la sub-trama de Charizard por lo menos le diesen un buen jamón en la cesta Navidad. Ahí en esos años en los que aún había cestas.

— Arturo M. Antolín —

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