¡Qué bello es vivir!

viajes-Imserso-cumplen-25-anos

Querido lector, hoy me gustaría hablarle sobre el imserso. Sí aquellos seres con una gran experiencia en la vida que alborotan a base de petanca y excursiones las playas de Benidorm. Y la pregunta es, ¿quién puede pertenecer a ellos? Selecto grupo donde los haya que colaboran en la extinción de los buffets en la hostelería playera. Bajo mi punto de vista antes de partir los encargados realizan un casting para encontrar a los más capacitados para la gran tarea de que les ha sido encomendada. Describiré cómo son sus viajes:

Antes de salir camino al autobús de turno es imprescindible llevar todo en la súper-maleta modelo años 50 familiar con la que sufrirán hasta la vuelta. Problema serio si se les olvida el traje de luces especial para la cena de gala además de la silla plegable con la que disfrutarán de unas agradables mañanas de playa. Cargamento farmacéutico en mano, y ¡que empiece la fiesta!
Ya en el lugar de encuentro, el pobre marido destrozado por el peso del equipaje anteriormente nombrado se reencuentra con los amigos logrados en viajes anteriores. Comentan la jugada: “Que bien te veo”, “¿Sigues dándoles de comer a los patos?” En cambio el reencuentro femenino es distinto: “¡Ay Paca, que malita estoy!” “Pues mi hija por fin me hizo abuela”, en fin, lo típico. Una vez en el autobús el problema se lo lleva el conductor. Claro, querido lector, me preguntará, ¿y qué tiene que ver el conductor? Absolutamente todo, es el ser humano que ha de aguantar el tipo hasta el final del trayecto ¿Nunca se ha parado a pensar la cantidad de veces que tienen que parar por “problemas en la vejiga”? Y entre los dolores de lumbago, el maletero desbordado, el aire acondicionado con temperaturas glaciares y el asiento que no se decide a posicionarse correctamente, el pobre conductor termina con dolor de cabeza y depresión pre-vacacional. Pero eso no es lo peor del viaje, ojala, lo peor son las canciones que amenizan el traslado: Campanera, mi carro, un rayo de sol, el baúl de los recuerdos, vivo cantando… es decir, los grandes clásicos de la canción española.

Por todo esto, una vez en el hotel los recepcionistas al verles llegar se echan las manos a la cabeza. Al entrar por la puerta se distingue claramente un viaje del imserso español de uno francés o alemán. Aparte de por las claras diferencias de lenguaje y físicas, el volumen de voz español es reconocible allá donde vaya. “¡Carmen, que yo he llegado primera!” “A mi ponme una habitación con vistas a la playa” “Conchita esa maleta es la mía, ¡No se adueñe de ella!” Estremecedor y entrañable, sin duda.

Después del primer contacto con la recepción, los empujones en la puerta y la descarga de maletas, llega el momento “relax” en la habitación, siempre y cuando en la televisión sintonicen el futbol y las telenovelas, si no vuelta a empezar. El momento de la jornada llega cuando se acerca la hora de la comida “¡Ay que hambre Mari!” Y tanto. Sólo diré que los camareros les temen. En el momento que se empieza a escuchar sus gritos en forma de murmullo, se colocan en posición defensiva con las bandejas frente la cara por si algo salpica. Lo primero que hacen es coger el primer plato que su radar capture con el fin de desbordarlo de innumerables tipos de comida. Da igual la mezcla de sabores, lo importante es ser los primeros para que no se termine la comida. ¿Si mezclamos espaguetis con la ensalada? ¡Da igual! Lo importante es que se ha mantenido en la vajilla tambaleante. Bueno, no siempre es así, normalmente desaparecen las cinco aceitunas que, desbordadas por la montaña, finalizan su descenso siendo aplastadas por algunos mocasines o sandalias (dependiendo del horario alimenticio). Lo curioso es que ocurre lo mismo con los tacos de tortilla de patata, los cuales no tenían cabida en esa mezcla de lechuga y aliñados, espaguetis, puré, pescado y carne (podría extender la lista pero no quiero que se piense que estoy exagerando).

Concluida la primera parte, llega el turno, la elección del postre. Sí, el resto del año con el cántico de “tengo que controlar el azúcar” desaparece en comida y media. Dicen que a medida que envejeces el dulce te gusta más, ésta es la prueba: que si hoy hay tarta de chocolate, que si “mira que bizcocho tan rico, bueno también un poco de peras al vino…” en definitiva, el buffet entero.

Tras esta fatídica y agitada elección, nos acercamos a la localización donde la mezcla será ingerida, ¡Ay dios como alguien “le robe” el sitio! Tenga claro que le puede costar muy caro un error como ese, tanto que puede sufrir el ataque de decenas de “imsersianos” enfadados y rencorosos ante tal acción. Momento curioso es verles abalanzándose con cuatro platos, dos en cada mano, hacia la mesa mejor posicionada. Crea que lo que digo es verdad, espectáculos así pocos he visto.

Continuando, ya después de disfrutar de una fantástica y abundante comida o cena, (en este caso lo trataremos como cena), ¿qué mejor que aprovechar la animación del hotel y bailar un pasodoble? Música imprescindible de cualquier velada “imsersiana”: “No rompas más mi pobre corazón”, “Paquito el chocolatero”, “el cha cha cha del tren” y todos los canticos anteriormente cantados en el autobús. Se puede probar reproduciendo algún éxito actual pero, insisto, los resultados pueden desestabilizar la armonía del hotel.

Otra cosa que me fascina del Imserso es cuando van a la playa: entre el bañador años 50 (no sé qué tuvo esa época que les marcó mucho), la sombrilla, la protección solar +50, la silla plegable y la posible radio o televisión portátil (no nos vayamos a perder el desenlace de la trama de la telenovela) elaboran un escenario de lo más curioso. Colocados los bártulos ¿qué mejor que irse a darse paseo por la orilla del mar? Sólo los más atrevidos se adentrarán en el tenebroso mundo de las olas del mediterráneo y los tiburones de la orilla. Horas y horas de paseo terminan con la charla cual patio español (las costumbres hay que mantenerlas) con las mujeres por un lado y los hombres por otro. Los temas son puros tópicos: Famosos y Belén Esteban, enfermedades y familia para las mujeres y futbol o deporte en general para el sexo masculino. Ocurrente, pero una conversación de estas puede durar horas…

Ya para finalizar y metida en faena, me gustaría facilitarle un apunte sobre las famosas excursiones que programan para sus vacaciones. Tengo constancia que en Salou algunos hoteles organizan excursiones específicas al mercadillo, ahí lo dejo. Pero eso, querido lector, ha de verlo por usted mismo.

— Miriam Puelles —

Anuncios