El Coñazo de Acero

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El Hombre de Acero es un esperpento aburridísimo. Y me jode. Me jode porque, a diferencia de muchos otros, no lo esperaba. Soy consciente de que Zack Snyder, por mucho que los carteles publicitarios nos intenten vender, no es un “director visionario”. De hecho todavía conservo en las retinas cierto amargor de la inefable Sucker Punch. Pero qué le voy a hacer, soy de esos pocos que disfrutaron Watchmen y 300 como lo que son, estupendas adaptaciones de cómics estupendos; y sobre todo soy un auténtico enamorado de su revisión del Amanecer de los Muertos, que con el tiempo se ha convertido en una de las cintas de zombis más potables de los últimos años. Así que, por los viejos tiempos, le di una oportunidad a El Hombre de Acero. Craso error.

Entré al cine pertrechado con dos hamburguesas, medio litro de coca cola y una fuente de nachos. Y ni por esas. Ni la ingente cantidad de comida basura que puse sobre mi regazo, suficiente para aguantar hasta el bodrio más infumable de Asylum, ayudó a digerir las dos horas largas que dura la película. Y eso que las hamburguesas eran de pollo y los nachos iban acompañados de una salsa estupenda; pero que no, que para El Hombre de Acero o vas con una botella de bicarbonato en el bolsillo o nada.

Sería bonito poder decir aquello de que El Hombre de Acero hace aguas por todas partes, pero lo cierto es que no. No tiene partes por las que hacer aguas. Esta nueva adaptación al cine del cómic de Superman es un revoltijo de escenas poco conexas aunque muy aburridas, de las que poco o nada se puede rescatar. Flashback por aquí, edificio que se cae por allá, malos malísimos por un lado, beso con Lois Lane por otro. Uno podría pensar que al menos eso de ver rascacielos desplomarse como si fuesen castillos de naipes tiene su gracia. Pero no. Y lo peor es que todo lo demás tiene mucha menos gracia. Miento, hay una escena en la que una militar dice que Superman está muy bueno que te arranca una sonrisa. Dura cinco segundos.

Lo más atroz de esta ensalada de escenas hechas por ordenador es que nada funciona dentro de ellas. La acción es demasiado vertiginosa para su propio bien, y tras 140 minutos marea más que entretiene. El drama está demasiado desconectado de absolutamente todo lo que le rodea como para que tenga efecto alguno. Las subtramas tienen un desarrollo casi inexistente que hasta se agradece, visto lo visto. Aunque lo peor, en cualquier caso, es la capa de pintura americana que tiene todo el filme, al que solo le falta un barras y estrellas instrumental durante el combate definitivo.

La moraleja de todo esto, supongo, es que ni siquiera unas buenas hamburguesas pueden salvar una mala película. Y que intentarlo es tan fútil como decepcionante.

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