Tirando hacía delante hasta el día en que la palmes

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Una de las cuestiones que a todo autor le hacen en algún momento de la vida es: ¿A ti qué es lo que te movió a hacer cine? ¿Qué película? Yo (por si en algún momento me lo preguntan) ya tengo mi respuesta clara. A mi la película que me dijo: “no te has equivocado de camino, esto es lo que quieres hacer con tu vida” es Pyscho (Alfred Hitchcock, 1960).

A mucha gente le ha pasado esto con Psicosis, no soy el primero ni seré el último, pero, creo que la escena de la película que realmente lo decidió es distinta a la del resto. No es la famosa escena de la ducha, no es la conversación con los pájaros disecados, no es el cruce del jefe en el paso de cebra ni el momento en el que se revela el cadaver de la madre de Norman. La escena que realmente se me ha quedado clavada en mi cabeza forma parte de la secuencia más pausada y simultáneamente tensa de toda la película.

Norman acaba de matar a Marion. Ha estado limpiando la habitación del motel, ha metido el cuerpo de la chica desnuda en un trozo de plástico y todas las pruebas que pudiesen incriminarle (bueno, sí, a su madre) están metidas en el maletero del coche de Marion. No ha encontrado el dinero, pero a estas alturas a nosotros se nos ha olvidado ya.

Así que, Norman, se monta en el coche y decide lanzarlo a una ciénaga, haciendo que desaparezca, y con él todas las pruebas del crimen. Entonces ocurre esto:

Para mi esta escena es muy tensa. Me recuerdo a mi mismo sufriendo muchísimo cuando el coche para de hundirse. Y realmente aliviado cuando vuelve a bajar a las profundidades de la ciénaga. Y, es por ello, por estos sentimientos por lo que amé tanto esta escena (siendo una de las que más me ha enseñado en materia de guión, he de añadir).

Sin embargo, ya ha pasado tiempo desde entonces. Ha llovido mucho que se suele decir. Y ya no es esta película la que me motiva y me mueve a seguir queriendo hacer cine. Como persona he cambiado, como guionista he cambiado, como montador he cambiado y como espectador he cambiado. He consumido mucho cine desde entonces (y no hace casi ni cuatro años que vi por primera vez la escena comentada) y cada cosa que he visto me ha marcado mucho más claro el cine que me gusta ver y el cine que quiero hacer. Que no tiene porque ser el mismo. Cuando veo una película existen dos posibilidades (en la mayor parte de los casos): me ha gustado o no me ha gustado. Pero, dentro del me ha gustado tengo otras dos categorías muy claras: me ha gustado pero no haría nunca esta película esta es la película que me gustaría hacer. Y lo curioso es que las que me gustaría hacer no tienen porque haberme gustado más, objetivamente, que las otras. Pero no soy autor de esas películas.

Blade Runner (Ridley Scott, 1982), Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979), Pulp Fiction (1994, Quentin Tarantino), La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006), El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009), Take Shelter (Jeff Nichols) son películas que me encantan y que, cada una en su sentido, me han emocionado y apasionado. Pero nunca haría ninguna de esas películas. Escribirlas, sí. Me apasiona escribir y daría un brazo y parte de la mano del otro para firmar cualquiera de esos guiones. Pero como director no me veo aún haciendo ninguna de ellas, puede que sea una etapa, es posible, pero aunque esas son las película que me hacen amar el cine, no son las que me hacen seguir adelante.

Las que me mueven a continuar son otras. Ya hablé de ellas aquí. Pero, esta semana me he enfrentado a tantas de ellas que no podía dejar pasar volver a hablar de ellas. Está semana se ha proyectado en Madrid, bajo el festival RizomaFrances Ha (Noah Baumbach, 2013) sin duda alguna la película que más me gustó en la Berlinale 2013, como dije aquí, la que ya hemos catalogado muchos (creo que nada equívocamente) como la Annie Hall de nuestro tiempo. Yo salí (esta segunda vez más aún que la primera) diciendo esto es lo que quiero hacer, con un infinito ansia de rodar un largometraje tan genial como ese. Y juro que no soy el primero (ni seré el último) que lo dice. Frances Ha es una película que ilusiona, que anima a hacer cine a seguir adelante con tu idea, con tu vida y tus deseos.

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Y claro, el jueves también estuve en la presentación de los nuevos #littlesecretfilm que Pablo Maqueda y Haizea G. Viana han hecho en comunión con la cadena de televisión de Calle 13. Y como primera de estas trece películas que se estrenarán durante el próximo mes, se vio la nueva de Pablo Maqueda: #REALMOVIE. Una película que, como todo, tiene sus errores, pero que me encantó y una vez más demostró que con poco presupuesto, pero mucho talento, se puede hacer cine de calidad. Y ese es el cine que quiero hacer. Y así salí del pase de prensa, y como ahí mi papel era el de periodista (y no el de fanboy) le hice una entrevista sosegada a Maqueda, conseguí contenerme y no gritarle: ¡por dios, dime cómo puedo hacer algo así!

Mismo grito que sin duda haría a Mark Duplass en relación a The puffy chair (Mark y Jay Duplass, 2005) o Baghead (Mark y Jay Duplass, 2008); o a Joe Swanberg por Hannah takes the stairs (Jow Swanberg, 2007) o a Rodrigo Sorogoyen (con el que también me contuve de gritárselo) por Stockholm (Rodrigo Sorogoyen, 2013) o a Richard Schenkman por The man from the earth (Richard Schenkman, 2007).

Esta semana ha salido, finalmente, en la web de Canal + un pequeño documental que han estado realizando los últimos meses: “Buscarse la vida en el cine”. En él aparecen muchos realizadores de las últimas películas independientes de bajo presupuesto que se han estado haciendo en nuestro país. Así, habiendo visto muchas caras conocidas por ahí, por otro lado me ha dado un poco de envidia. Porque estoy trabajando por ir lo más alto que pueda, por hacer las películas dentro de una industria (en este caso, y de momento, apunto a la británica al irme a estudiar a Londres el año que viene), pero me gustaría formar parte de uno de ellos, sudar la sangre que han sudado para seguir adelante con su proyecto, para acabar su película sí o sí, independientemente de las condiciones, del sufrimiento. Seguir hacía delante.

A una parte de mi le gustaría quedarse en España para trabajar hombro con hombro con ellos, para tratar de poner una piedra en lo que creo se va a convertir en un pequeño camino para la creación de un circuito de cine independiente en nuestro país (que le hace falta).

Porque esa es la mayor demostración del amor al cine que puede hacer uno.

Y es que a mi los que me hacen tirar hacía adelante día a día no son Billy Wilder, ni James Cameron, ni Quentin Tarantino. Los que consiguen que cada día me levante con la clara idea de querer hacer cine se llaman Noah Baumbach, Pablo Maqueda, Daniel Castro, Aaron Kartz, Jay Duplass, Mark Duplass, Carlos Vermut, Alfonso Sánchez, Alberto López, Nicolás Alcalá, Rodrigo Sorogoyen y todos aquellos que no conozco aún, pero seguro pronto haré y a los que espero juntarme en una lista de nombres que dentro de algunos años algún niño tonto como yo pueda estar escribiendo en la entrada de un blog.

— Arturo M. Antolín —

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