#Instagram

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Querido lector, no sé si se ha percatado del cambio que su vida está dando drásticamente de manera indirecta. Tal vez sí, y esta última línea sólo haya provocado un mar de recuerdos en su cabeza. En cualquier caso supongo que no estaremos hablando de lo mismo (no hasta ahora).

Gracias a la llegada de la tecnología y sus numerosos inventos, apareció internet. Bueno, gracias… Resultaría absurdo pensar que un “ser” tan insignificante como éste pudiese trastocar nuestro presente y futuro, ¿no? Lo gracioso es que no es absurdo sino verídico, real, certero. Es más, ¿cómo podría comunicarme con usted, mantener nuestra pequeña relación, si no fuese a través de este elemento cibernético? Volvamos al tema.

De entre las muchas posibilidades que nos ofrece, una de las más importantes es la posibilidad de interacción, conexión, en algunos casos tan extremas y multitudinarias que nuestros antepasados nos hubieran tratado de locos sólo con planteárnoslo. Sin embargo, un avance como éste también nos ofrece una cara, una visión, no tan positiva para todas las personas.

En concreto las redes sociales son las encargadas de transofrmar nuestra realidad hasta límites insospechadas, imperceptibles desde una superficialidad visual original.

¿Fue Facebook la web que cambió nuestro presente? ¿Qué fue antes, Instagram o la cámara fotográfica? ¿El huevo o la gallina? Tal vez Joseph Niépce me denuncie por esta simple duda.

El ser humano, curioso por naturaleza, se cuestiona cientos de hipótesis que puede convertir en auténticas realidades con un solo click: “¿Qué está haciendo mi vecino en este momento?”

“¿Mi tía ha estado en Venecia?”

¿Hablamos de una vida en 140 caracteres o sumamos, añadimos, la foto que lo respalda? Hablemos de I nstagram mejor.

Ultimamente he descubierto esta nueva aplicación y ha trastocado mi concepto de vida. ¿Cuál es el objetivo final, la meta a la que se pretende llegar descuidando la intimidad hacia la apropiación ajena? Y algo mucho más importante: realmente, así entre tú y yo, con toda confianza, ¿por qué? (he de decir que esta afirmación es válida para toda red social que se precie) Quizás desde el momento en el que aceptamos los famosos “términos y condiciones” (los cuales nadie se lee), nos debemos a los seguidores que tenemos, o queremos tener, poseer, como si del bien más preciado se tratase. Como si por conseguir mayor número de dígitos nuestra fortaleza, moral, nuestro poder (aquel elemento por el que El Padrino mataba a sueldo y espero no traspase fronteras) fuese mayor, alcanzase la cima del Everest interno.

Parece ser que el número de hashtags es directamente proporcional al objetivo oculto así como las estrategias”ilegales” que se desarrollan para lograrlo. Hablamos de un símil entre la eterna guerra juvenil: estudiar o usar medios adiccionales. Camino difícil o fácil. Beno, no entremos en ello. Continuemos.

Hoy no desvelaré cómo programas aleatoriamente eligen seguidores que desde su ignorancia se mantendrán en la sucesión de patitos que continuarán las huellas de su matrona. Lo curioso del caso es que este sutil modelo de “recepción fan” (o así lo he denominado) no es usado por todos, y menos mal. También se puede dar el caso más desafortunado, más directo: la utilización de hashtags.

Instagram, insisto, posee el modelo y la información necesaria para comprobar esto. Si usted, querido lector, se fija bien en el uso de éstos por determinados usuarios, podrá visualizar el alcance kilométrico que poseen, hasta niveles increíbles, tanto que el ratón se cansa de bajar o, en su defecto smartphone, el dedo. Hay veces que en un viaje de avión New York – París (por ejemplo) puedes dedicarte a leer todos los hashags de una foto para ocupar el rato. Pero, ¿qué sensación de emoción aporta al emisor esta captación masiva? Así, como pregunta expontánea. ¿Necesidad de seguidores? ¿de autoestima? ¿egocentrismo, quizás? ¿propio reality show? Al fin y al cabo en el momento en el cual expones tu vida a estos puntos ésta se convierte en un reality show indirectamente (o directamente). Son tantas las preguntas que me gustaría realizar a alguien que usase estas redes con estos medios que debería desarrollar una entrevista en profundidad (como la de Truffaut a Hitchcock).

Pongamos un ejemplo para entender exáctamente lo que quiero decir: Nos encontramos con una foto en la cual aparece una taza de cafécon una reluciente espuma brillante y colorida (todo gracias, como no, a los maravillosos filtros que Instagram tiene para la postproducción que Hollywood tanto desearía). En segundo plano una mesa de madera con un tiesto se conservarán en blanco/negro para darle mayor importancia, protagonismo, al elemento situado en el centro del cuadro.

Aparentemente esta foto carece de significado, ¿verdad? ¡pues no!, o eso deben pensar los que han querido exponerla para nuestro deleite. Por si no fuera poco, acompañada a la imagen, una bonita sábana de hashtags respaldarán esta afirmación:

#coffee #café #espuma #taza #blancoynegro #instagram #follow #followme #followme+1 #love #cafeína #sacarina #azucar #grano #mazo #cafetería #summer #spring #autumm #winter #party #friends #cuchara #aceroinoxidable #madeinchina #restaurantechino #arroz3delicias #rollitoprimavera #aceitedegirasol #fat #butter #peanutbutter #USA #star (…)

Ahora analizemos lo que aquí nos encontramos. Una vez leído, ¿no cree que el cerebro humano y su relación de términos es totalmente asombrosa? Porque si nos ponemos a pensar qué relación hay entre #aceroinoxidable y #espuma, por ejemplo, podemos perder una hora de nuestra vida, mínimo. O símplemente la unión entre la fotografía que hemos subido y los términos con la que lo asociamos; o es el café que te has tomado después de comer en “el chino” y quieres que todo el mundo lo piense así o algo falla… Sin olvidar el término #USA para dar más glamour a la propia foto, así como el simple hecho de mezclar inglés con español para que el café sea más internacional. Realmente fantástico.

Querido lector, tras mucho darle vueltas, este terreno no tiene una solución en mi cerebro y me gustaría que usted me ayudase a resolverlo. Si no lo entiende, lo comprendo, es normal, hay misterios que ni Iker Jiménez podría resolver, no le culpo. Yo he de descansar, con tanta almohadilla me ha entrado sueño.

 

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