Emoción sureña

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Hace unos días me dio por ver una película de la anterior edición de Cannes, en concreto ‘Beasts of the southern wild’ (Bestias del sur salvaje), ganadora de la Cámara de Oro a la mejor ópera prima y del Gran Premio en el festival de Sundance y que me pareció bastante innovadora en lo que se refiere a los recursos emotivos utilizados durante el film, aunque en algunos momentos le falte cierta verosimilitud.

‘Bestias del sur salvaje’ narra la vida en voz en off de Hushpuppy, una niña de 6 años que vive con su padre Wink en una cabaña situada cerca del río Misisipi, un lugar que ellos llaman ‘The Bathtub’ (La Bañera). Debido a un dique de contención situado entre la zona industrial y rica y el sector pobre, el terreno se ha vuelto pantanoso y se inunda con cada lluvia torrencial, destrozando las chozas y poniendo en peligro la vida de ambos y de la del resto de habitantes. Pero a pesar de los avisos de salvamento, ninguno quiere abandonar sus tierras, por lo que lucharán para mantener su dignidad. Hushpuppy va relatando cada acontecimiento desde su prisma infantil e incluye a unas criaturas llamadas Aurochs que crean una atmósfera apocalíptica.

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En mi opinión, lo mejor de esta obra es la actriz protagonista y cómo capta el director la belleza del lugar y a los diferentes personajes. De gran calidad son las imágenes que nos ofrece Behn Zeitlin del entorno natural, las costumbres de los lugareños y del seguimiento de Hushpuppy (Quvenzhané Wallis). Casi todo el diálogo de la niña está enfocado en su voz en off, mientras que su lenguaje corporal y, sobre todo, su mirada, constituye el otro 50 por ciento. Tremendo el papel que se marca esta pequeña actriz americana de tan solo 9 años que consigue transmitir sensaciones por cada poro de su piel.

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También destacable es la aparición de Dwight Henry (padre de Hushpuppy), aquejado por una enfermedad que dejará grandes momentos en la pantalla. La película despliega diferentes elementos cuyo fin es sensibilizar al espectador desde un punto de vista innovador, con toques de sinceridad, cercanía y ternura. No se busca la lágrima fácil, cosa que es de agradecer actualmente, sino la naturalidad. Wink y Hushpuppy se relacionan de una manera un tanto exagerada e impredecible, pero que según avanza la historia y se acerca el final, se llega a comprender e incluso a interiorizar, haciendo que el espectador se involucre en el film.

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El mayor defecto de la película reside en la falta de verosimilitud ocasional y en ciertas escenas del guión que rozan el cliché y caen demasiado en el tópico, como la aparición de los Aurochs en la mente de Hushpuppy. A pesar de ello, es elogiable como el director huye de la denuncia social e introduce un guión cargado de simbolismo y lirismo, además de una banda sonora evocadora y soñadora. No estamos hablando de un peliculón, pero si de una obra que no solo servirá para pasar el rato, sino también para dejarnos un dulce sabor de boca.

—Sonia Baratas Alves—

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