10 razones por las que los veranos antes molaban más

benidorm

“El sol, la playa… Un tro de vaina”. ¿¡Qué coño de letra es esa?! Da igual… El viernes pasado di por terminado el curso académico y, por ende, comenzó mi verano. Que nos llevamos cociendo desde hace un mes, pues sí, pero como estaba anclado a la mesa de mi habitación, casi no me había percatado de que hacía sol en la calle. Las señoras resoplan, los niños resoplan y hasta los pájaros resoplan porque nos habían dicho que este año no iba a hacer calor, que iba a ser el verano más frío de los últimos años y, de repente, llegó una ola de calor que nos dejó a todos los huevos pegados al culo. Eso es así.

Pero, aunque el calor está genial en esta época del año (¿cuándo si no?), yo estoy algo triste. Sí, tristón, mohíno, apagado porque estos veranos ya no son lo que eran. Se han perdido una serie de costumbres y de tradiciones que, sabiendo que no volverán, recordamos con nostalgia. Por ello, he querido crear una lista de razones por las que los veranos de las décadas anteriores molaban mucho más:

10. David Civera lo petaba: He de confesar que esta entrada ha surgido derivada de otra que llevaba por nombre “La canción del verano son los padres” y que consistía en la afirmación de que el temazo que rompía las pistas en las verbenas del periodo estival tenía un relación directamente proporcional al conocimiento que tenían de ella los padres, es decir, una canción no se puede convertir en “La canción del verano” sin que tu madre se sepa la letra y el baile al dedillo. Y eso, con David Civera, pasaba. Civera era un crack: cogía una letra pegadiza, un baile facilón que todos aprendíamos y ponía su sonrisa de “aquí estoy yo para romper caderas” (que luego cogió Carlos Baute, y no al revés), y lo petaba muchísimo. Tanto que hoy día se echa muchísimo de menos y sus canciones son recuperadas por orquestas y demás vodeviles. Para el recuerdo ese Que la detengan que cautivó nuestros corazones.

9. No había aire acondicionado: Diréis: “Este hombre ha perdido el norte”. Pues no porque, cuando no había aire acondicionado en las casas, la gente salía a dar sus paseos, se calentaba al sol y todos lucíamos mucho más morenos y, por ello, los americanos nos cogieron envidia y nos sitúan ahora siempre en México. Un español antes era feliz en el calor. De hecho, cuanto más calor, mejor. Pero ahora, gracias al No Frost, al Fujitsu y demás sistemas que nos mantienen la casa como Siberia, estamos todos encerrados cual habitante agorafóbico y dejamos la vida pasar, que diría Fangoria. Una pena.

8. El Tang y la Baticao eran lo más: Por un lado, no sé si vosotros eráis “tangadictos” pero yo estaba cerca. Era la bebida de las vacaciones, aquella que tanto te gustaba y que no entendías porque tu abuela tenía que esperar todo un año para preparar. Aunque, ahora pensándolo detenidamente, quizá fuese eso lo que la hacía tan especial. Sin embargo, y por otro lado, ¿por qué la baticao sólo salía en verano? Señores del Cola Cao, ¿por qué jugaban con nosotros así? Todos sabíamos que la vida de una baticao era aproximadamente equiparable a lo que tardaban en quitarlas del mercado. Una vez desaparecían y te quedabas sin ella, no había vuelta atrás hasta pasados los ocho o nueve meses de rigor. No sé qué va a ser de las generaciones venideras sin ellas, la verdad…

7. Ellos no sabían de moda: No sé quien fue el listo que quiso hacerse el guay pero nos jodió a todos los hombres. En España, el hombre de toda la vida ha ido en Speedo. Y punto. Pocos cojones le importaba a él si marcaba paquete o se le salía un huevo cuando se sentaba. ¡Le daba igual! Era el traje de baño más cómodo y el que más rápido se secaba. Fin, no había más. Pero, claro, alguien debió pensar que no molaba nada ver colgar las pelotas del abuelo cuando se sentaba en la silla playera y decidió que debían llevarse mejor las bermudas. Ahora andamos todos mojados, tenemos media pierna morena y media más blanca que la cal y seguimos viendo las pelotas de los abuelos colgar. Definitivamente, somos tontos pero estilosos.

6. Ellas no sabían lo de la tele: De unos años para acá, se hizo de moda hacer reportajes sobre las playas y cómo se ponían llenas de gente. Osea, lo que viene siendo dar envidia a los que están en sus casas (sin el No Frost) con imágenes del disfrute ajeno. Pues bien. La gente hubiera apagado los televisores ante esa putada de imágenes si no fuese porque, también de unos años para acá, se hizo popular el incluir en esos reportajes a mujeres en top less. Era el hobby de los becarios que habían sido mandados a cubrir el hormiguero de Benidorm: antes se buscaba a Wally, y ahora, se buscaba a las que mejores tetas tenían. Esto era así. Sin embargo, ellas ya se han dado cuenta del percal (después de diez o quince años), y este año sólo percibimos el disfrute ajeno. Bajará la audiencia de los telediarios. Veréis…

5. Las fiestas de agosto: Pongo en el ecuador de la lista algo que, igual no os ha influido a todos, pero que para mi esta siendo un trance total. Cuando yo era pequeño, con tres o cuatro meses de antelación, se anunciaba quién venía a tocar a las fiestas del pueblo. Siempre lo mejor de lo mejor: que si La oreja de Van Gogh, que si Miguel Ríos,… Casi todos los que han sido alguien en la música han pasado por aquí. Sin embargo, llevamos ya tres o cuatro años que ni se informa de quien va a venir ni traen a alguien interesante, destrozando esa intriga que se generaba durante meses de cómo iban a ser las fiestas ese año.

4. Georgie Dann era el Rey: Probablemente, muchos de los que estéis leyendo esto no vivieseis esa época, como yo, pero Georgie Dann era un señor que sabía cómo hacer que tu madre se aprendiera una letra y un baile y, por tanto, era un señor que sabía hacer Canciones del verano. Era un maestro artesano de canciones que, si bien no tenían un gran mensaje, dejaron a toda España cuestionándose qué quería el negro, con ganas de ir al chiringuito y de comprarse una barbequiú. Un crack, se mire por donde se mire.

3- El reguetón no existía: No os lo vais a creer pero antes se podía bailar sin que te pusieran el paquete en la pierna. Sí, señoras y señores, sí. Antes de que el reguetón llegara a nuestros oídos, el número de erecciones se mantenía en la media y bailes tan dispares como Paquito el Chocolatero y La mahonesa eran trending topic en las fiestas más señaladas. Pero, la catástrofe llegó sin avisar y empezó a incitar a las morenas a bailar, a darles más gasolina, a ir hasta abajo, hasta abajo, hasta abajo… Y lo acogimos con las brazos abiertos porque, no nos confundamos, el chotis estaba perdiendo fuerza y teníamos que buscar un modo de arrimar cebolleta. Esto también es así.

2. El gran Prix: Sabéis de mi gran afición por este programa y del mítico Ramonchu así que no me extenderé en exceso. Hace poco leí que volvía Noche de fiesta a TVE… Deseando estoy de saber cuando le llega el turno al gran programa del verano porque, no os confundáis, el verano empezaba con el anuncio del regreso del Gran Prix y con…

1. El posado de Ana Obregón: Todos sabemos que la Obregón era la gran diva que necesitaba España y, por ende, se le otorgó, en una ley no escrita, que fuera ella quien diera el chupinazo de arranque de cada verano. Anita marcaba tendencia con su posado y toda señora que fuera a la playa tras él debía seguir el dress code impuesto por ella. Pero, este año, ha estado mucho más recatada, en camisola y sin apenas jugar con las olas. Ana está triste porque se ha dado cuenta de que los veranos ya no serán como antes… y yo también.

—Jonathan Espino—

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