Lo importante es la salud

El otro día iba con una amiga que trabaja conmigo en la Cooperativa de Willimantic paseando en bici y me comenta sin el menor grado de temor o acritud: “no tengo seguro médico”. En el año 2002 el número de personas, que como ella, carecían de cobertura sanitaria en EEUU alcanzó su cota más alta llegando a ser 43.6 millones de personas, de las cuales más de un tercio son hispanas. Este hecho coincidió con que el país vivió su peor dato de paro. Según los últimos datos censales del 2011 estas cifras han mejorado, cifrando en 260.2 millones de habitantes, que representan un  84.3 % del total de la población, el número de personas que poseen seguro médico.  Aún así queda un 16.3%  que carece de dicha cobertura, de los cuales un 30.1% son de raza hispana (entre los que se encuentra mi amiga), un 16.8% son asiáticos, un 19.5 son afroamericanos y el resto, un 14.9% son caucásicos.

Esto era impensable en España porque nuestra Sanidad era universal y gratuita hasta hace un año, momento en el que hizo aparición el tijeretazo de Rajoy a instancias de Merkel, por el que dejaron a los sin papales fuera del juego. Nosotros que podíamos sacar pecho en decir que esa cifra era cero en el 2012, unos meses más tarde pasó a ser de unos 900.000 habitantes, es decir de la noche a la mañana un 20% de la población inmigrante residente en España se ha quedado sin atención.

Por eso tiene mucho sentido que Norteamérica en los supermercados te vendan de todo, desde sets de sutura a tobilleras, vendas, parches para el dolor de espalda o fármacos. No todos, porque hay muchos que están sujetos a prescripción médica, básicamente los grandes analgésicos, antibióticos, retrovirales, etc.  Tampoco acaba por extrañar que surjan terapias tan anodinas como la risoterapia, recordad la película Patch Adams. Como decía mi abuela: “al mal tiempo buena cara”. Y lo más curioso de todo es que cuando acudes a las farmacias como el CVS te venden comida, revistas, productos de limpieza y, en la caja con los chicles ves tabaco, en efecto ese producto tan saludable como higiénico.

En EEUU cuando te contratan una de las primeras cosas que negocias con tu salario son las coberturas de tu seguro médico y dental. Eso es básico y primordial porque determinará tu calidad de vida. Un servidor disfruta el que poseen los trabajadores de la Universidad de Connecticut, la gente por aquí opina que es muy bueno. En ambos casos me tuve que dar de alta en una web de las aseguradoras y procedí a elegir dentista y médico de cabecera. Evidentemente te aparecen ligados los profesionales tanto a sus resultados, la opinión que tienen otros usuarios de ellos, como a otros datos del tipo: si acogen nuevos pacientes, hablan idiomas o no, etc. Una vez finalizada la elección (mi criterio fue la proximidad) acudí a solicitar cita (es obligatorio).

En el caso del seguro dental tienes que pasar dos revisiones gratuitas anuales. En las que te hacen sendas limpiezas de boca. En la primera visita me radiografiaron toda la boca y me hizo el historial. En la segunda, la higienista me hizo la limpieza y procedió a darme una clase intensiva y exhaustiva de cómo limpiarme los dientes: cepillo, seda y enjuague bucal. Estuvo conmigo más de una hora y media. Eso sí, sales de la consulta con los dientes más blancos que Matt Damon en Salvar al soldado Ryan. En caso de que se te ocurra la feliz idea de no acudir a una de esas dos revisiones la penalización es que te suben la cuota a pagar a la aseguradora.

En el caso del médico de cabecera, el día que acudimos al centro de salud a darme de alta los administrativos procedieron a darme la cita para la revisión anual. En esa primera cita, la enfermera me tomó las constantes y me preguntó sobre mi historial de vacunas. Luego, entró el médico generalista me hizo una exhaustiva entrevista clínica que duró como una hora. Se interesó por saber qué pastillas tomo habitualmente. Me miró con extrañeza al decirle que no tomaba pastillas, como si debiera tomarlas y no lo hiciera. Reinterrogándome por el uso de vitaminas, hierro, etc. No olvidó preguntarme si tenía armas de fuego en casa, si usaba preservativo en el coito, cómo andaba la salud eréctil de mi miembro viril, si realizaba una dieta sana, para finalizar con el uso del cinturón de seguridad cuando conducía. Esto me dejó contrariado porque es obligatorio el uso por ley.

Mi centro de salud

El ordenador en la consulta del médico

El esfigmomanómetro y otoscopio de pared

Esta visita es gratuita. Para finalizar te dice que una mañana, la que quieras, acudas al laboratorio que deja pedida una analítica para que te la hagas. No hay por qué concertar, el día que te venga bien. Y os preguntaréis, que pasa si te pones enfermo.¡ Ah! Ese es el tema, el copago funciona según la clave diagnóstica. Me explico. Si por ejemplo, tienes una enfermedad crónica hay una serie de visitas que tienes que acudir y que no tienes por qué pagar. Pero si contraes una nueva enfermedad, dependiendo del tipo que sea así pagarás a la salida. Así funciona el copago a este lado del Océano Atlántico y con nuestra aseguradora. Lo más divertido vino a la despedida en la que no dudó recomendarme hacerme una colonoscopia por la edad y por los antecedentes familiares, quedándose tan pancho. Me dieron ganas de preguntarle si era gratis o tenía que pagar, pero como era la primera vez que le veía no era plan de hacer amigos. Lo dejaremos para la revisión del año que viene.

Alfredo Manteca

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