Women, oh, women!

Katee-Sackhoff

El pasado jueves 27 de junio, con motivo de la muerte del gran James Gandolfini, Alyssa Rosenberg publicaba este artículo al que titulaba: “Porque nunca habrá una mujer Tony Soprano”. Aunque el artículo es corto, creo que en algunos momentos incide en ciertos puntos interesantes (en los que, curiosamente, llevo un tiempo pensando). En una parte del artículo dice (mediante traducción echa por mi mismo):

Me pregunto si estaríamos mejor aceptando que el antiheroismo es un método específico de explorar la hypermasculinidad, la toxicidad de la masculinidad. La tensión del antihéroe viene de la audiencia alentando a un personaje en contra de nuestro juicio lógico y bueno, y una vez más y una vez más, las cosas que nos atraen se han considera cuestiones de carácter masculino. Nos atrae el sentido del orgullo de Tony Soprano, el sentido de la responsabilidad para con su familia y amigos y su capacidad para la violencia. El arranque de Walter White tratando de no abandonar su dignidad tras años de mediocridad era excitante, hasta que se convenció a sí mismo de que su inteligencia superior le daba el derecho de dominar a su mujer, envenenar a un niño y matar a todo el que se pusiera en su camino. El poder de seducción dominante de Don Draper hace la política “retro-sexual” atrayente. The Sopranos, Breaking Bad y Mad Men han probado los límites de nuestra tolerancia y cómo lo que nos pueda gustar un personaje hace que nos ceguemos ante los malos actos de ellos.

Realmente no hay un marco equivalente y válido para las mujeres, quienes se ven penalizadas en lugar de recompensadas por mostrar rasgos a priori masculinos como la agresión, el uso de la fuerza física, la ambición o el egoísmo. Los esfuerzos por crear personajes femininos antiheróicos con carácter masculino como el de Patty Hewes en Damages han fallado porque esos personajes son inicialmente vistos como malvados antes que como admirables. Y tratar de hacer el antiheroismo en un estilo distinto para las mujeres, dándoles características como debilidad, indecisión o ensimismamiento como ha hecho Girls, tampoco parece terminar de funcionar. Las series con difíciles personajes protagonistas femeninos han viajado en distinta dirección que los que los protagonizan hombres en dificultades, tratando de construir simpatía por ellas en lugar de observar la revelación moral que sería darnos cuenta de cuán estúpidos nos hemos comportado al adorar a esos hombres.

No comparto al 100% algunas de las opiniones que marca el artículo, pero sí que encuentro interesante la cuestión. Seguimos viviendo en un mundo falocentrista en todos los aspectos posibles. Desde el punto de vista audiovisual yo mismo me he visto influido por estas tendencias, precisamente, sin siquiera darme cuenta. Durante mucho tiempo no escribía apenas personajes femeninos y la mayor parte de ellos eran sólo soportes para los masculinos, una forma de dar información de ellos. Tampoco me acercaba a ver historias protagonizadas por mujeres porque no parecían interesarme. Pensé que era por ser un hombre. Me interesan más historias protagonizadas por hombres y sé escribir mejor personajes masculinos. Tiene su lógica.

Luego descubrí que no era porque no me interesasen las historias protagonizadas por mujeres, sino porque los personajes que las protagonizaban no estaban conseguidos lo suficiente. Cuando un personaje está bien construido no importa su sexo, sino su historia. En cambio, si está mal construido es más fácil empatizar mejor con el más similar a ti, pues le conoces. Así, ahora mismo, cuando un personaje femenino está logrado y es interesante me gusta casi más que el masculino. Porque hay muy pocos, pero cada uno de ellos merece la pena.

La web Indiewire está publicando una serie de post a los que titula “Women Behaving Badly” (Mujeres que se comportan mal) en el que alaga este tipo de personaje que trata de cumplir las características de antihéroe de las que hablaba Rosenberg en su artículo. Me pareció muy interesante el que escribieron hablando de Starbucks la piloto de la serie Battlestar Galactica protagonizada por Katee Sackhoff (aquí el link). Sin duda, como mencionan en el artículo, el personaje de Kara Thrace era uno de los más interesantes de la serie y además el que más gustaba a todo el mundo. Como se resume muy bien ahí, la polémica inicial se debió a que en la serie original el personaje era masculino, y la gente no creía que fuese a funcionar ese mismo papel en una mujer. Porque tiene rasgos “demasiado” masculinos. Líder nata en el combate, le da bastante a la bebida, fuma puros, juega a las cartas, da miedo, se enfrenta a sus superiores, tiene chulería, egocentrismo y es la mejor piloto de la flota.

Precisamente, esto trae a coalición un tema que siempre hablo con Víctor Martín-Pozuelo y que me tiene bastante preocupado (en serio): ¿el hecho de querer construir un personaje femenino como si fuese el de un hombre, es decir, comportándose exactamente igual (como en el caso de Starbucks) es legítimo? Es decir, ¿no es eso en sí mismo un machismo involuntario?. Martín-Pozuelo (figura experta para la materia desde mi punto de vista) dice que no, que las mujeres pueden comportarse así también, y la realidad es que tiene toda la razón. Si a mi me parece extraño ese comportamiento en una mujer es porque la sociedad me ha criado para que lo vea como un comportamiento masculino. El personaje de Kara Thrace demuestra que puede funcionar perfectamente en la ficción y da mucha fuerza al personaje. Pero claro, estamos hablando de una serie de Ciencia-ficción donde todo se asume con mayor facilidad. ¿Podemos aplicar esto en una historia que se de en el día a día común nuestro sin que al espectador le parezca extraño el comportamiento? Opino que sí, pero el equilibrio que hay que medir aquí es mucho más complicado que el de si un hombre se tratase.

borgen

La última serie a la que estoy enganchado es Borgen una producción danesa que va ya por su tercera temporada. En esta serie la protagonista es Birgitte Nyborg, cabeza del partido moderado danés que se convierte en la primera Primer Ministro mujer de Dinamarca. El personaje de Birgitte está muy bien construido porque tiene todas las cualidades que cualquier Primer Ministro de ficción siempre tiene: inteligencia (habla nada menos que inglés y francés de forma fluída), ambición, liderazgo… Pero, además tiene una familia en casa, una familia de la que cuida en inicio su marido. Sin embargo, siempre está presente durante la serie el hecho de que ella sea mujer. Porque es madre y trata de mediar el trabajo con la familia, porque algunos otros políticos se lo echan en cara. Pero, ella se mantiene fuerte.

La virtud, precisamente, dentro de la escritura de la serie es que tiene un personajes con cualidades que todo el mundo calificaría normalmente de masculinas, pero tiene a la vez muy presente que su personaje es una mujer y juega hábilmente con eso. De tratarse de un hombre, la primera dama estaría en casa cuidando de la familia y él se preocuparía sólo del trabajo; pero aquí eso es imposible, porque socialmente se ha impuesto que la mujer también tiene que estar pendiente de la casa. Y en muchos sentidos de eso habla Borgen: de la conciliación personal de trabajo y familia. Es un tema constante en la serie temporada a temporada.

Birgitte es más interesante que Francis Underwood porque no sólo puede estar pendiente de las aspiraciones políticas. Al igual que Kara Thrace ‘Starbucks’ es más interesante que el Maverick de Tom Cruise o que la Alicia Florrick de The good wife a mi me interesa más que Sebastian Stark en Shark.

Porque al fin y al cabo, como dijo George R.R. Martin al preguntarle de dónde venía su interés y buenhacer en escribir personajes fuertes femeninos: I’ve always considered women to be people (Siempre he considerado a las mujeres como personas).

(Minuto 18:35 de la entrevista)

— Arturo M. Antolín —

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