Be careful, Soyeon!

Se-Cocina

Querido lector, son ya tres semanas las que nos unen y, por tanto, me veo capaz de intimar con usted (siempre manteniendo una cierta distancia) hasta el punto de acercarle una leyenda/realidad que se aleja de la temática de la que hemos ido conversando en este tiempo. Si me permite, le contaré la historia resumida de una experiencia que he tenido recientemente en Escocia, país desde el que escribo estas líneas. Tal vez esta confesión reduzca su interés hacia la lectura, sin embargo, prometí dedicar esta entrada a esta historia y como tal he de cumplir. Le aseguro que no le dejará indiferente.

<<Tras una dura joranda de trabajo los estómagos de los protagonistas de la historia no paraban de rugir. Era temprano pero la actividad física realizada les había provocado un hambre desmesurable. Soyeon, una chica coreana de 21 años (22 dependiendo del país), se ofreció a realizar un plato típico de su tierra para deleitar a los allí presentes, o eso creían. El único problema existente es que antes tendrían que desplazarse hasta el único supermercado de la ciudad que podría tener los ingredientes necesarios para ello, “Tesco”.

Llovía, y el viento en contra impedía el paso de los viandantes. Soyeon, en un arranque espontáneo, emprendió una carrera con los brazos en alto imponiéndose a la climatología al grito de: “¡Aaaaaaaa!” (ocurrente, ¿verdad?). Sus redondas gafas no le permitían lograr buena velocidad punta así que optó por alzarlas al viento en plena curva. Miriam y Alexandra, acompañantes en esta aventura, se percataron del final que le esperaba y sin pensarlo salieron a la carrera tras ella al tiempo que exclamaban: “¡Soyeon, be careful!”. Tarde. Para la segunda palabra nuestra protagonista coreana ya había emprendido un desafortunado desequilibrio con el bordillo de la acera al tiempo que un coche se acercaba en su dirección. Dicen que la suerte acompaña a quien menos la necesita, bueno pues esta mujer se debió de bañar en tréboles de cuatro hojas porque salió airosa y con un paso muy flamenco (es decir, manos a lo “cojo la manzana, la como y la tiro” y piernas tipo Ricky Martin y su “un pasito pa’lante María”). Digno de contemplar.

Una vez en Tesco, los problemas de comprensión jugaron una mala pasada a la hora de realizar la compra. La megafonía del establecimiento pareció alertar del cierre del mismo, o eso creyeron. Los nervios se avalanzaron sobre nuestra chef y tuvo que descartar aquellos ingredientes que no fuesen realmente necesarios. Miriam, tratando de calmarla ante la histeria que estaba alcanzando, le preguntó que si quería podía sujetar al menos la botella de vino que tenía entre sus manos. Ésta, orgullosa de su compra y sin cesta, le dijo que no y comenzó a dar vueltas en círculos cual tiovivo mientras trataba de sujetar todas las cajas de “Arroz con curry” que necesitaba. Sin embargo, la alarma que su cerebro activó le impidió discernir que el agrio tinto australiano que guardaba entre sus brazos estaba resbalándose a causa de la gravedad. Fue entonces, justo entonces, en ese preciso instante, en el que el tiempo se paró, y el grito de moda “Be careful, Soyeon!”, procedente de las cuerdas vocales vibrantes de Alexandra, pasó desapercibido ante la colisión y consecuente charco rojo recién formado. Los ojos de la coreana se abrieron como platos (véase el chiste), y con las manos en alto como si hubiese robado un banco y la estuviesen apuntando con una pistola, exclamó en innumerables ocasiones “I’m sorry! I’m sorry!”. La gente se agolpaba en los pasillos para ver la escena como si de un auténtico robo se tratase mientras que Soyeon, ruborizada, continuaba exculpándose de un acto que, efectivamente, había cometido.

Ya de vuelta en el Hostel y con la poca compra que le había dado tiempo a adquirir, Soyeon se dispuso a preparar la cena. Mientras, Alexandra y Miriam contaron lo sucedido a los allí presentes. Curioso momento en el cual se enteraron de que Tesco estaba abierto 24h (por lo que no cerraba a las 6pm) y que lo que habían escuchado era simplemente la llamada de una trabajadora a su correspondiente caja. En cualquier caso, y para no entorpecer más la situación, decidieron mantenerlo en silencio hasta finalizada la cena. Bueno, “la cena”>>.

Efectivamente, tal como se puede imaginar, la cena fue un tanto diferente, inesperada, caótica. Me salgo de la línea narrativa para contarle en primera persona cómo fue realmente, sin tapujos ni palabras rebuscadas.

Desde el primer día Soyeon nos confesó que no le gustaba cocinar, es más, la mayor parte de su maleta estaba dedicada a comida asiática que había importado (supongo que legalmente) desde su país de origen. Al no saber qué iba a preparar tampoco podíamos ayudarla, lo cual generaba una mayor expectativa con el resultado final. De repente, mi vista se desplazó hasta una cazuela la cual contenía unas alubias negras que “había cocido” y las cuales debía batir. Parece ser que en su casa no debían de tener una batidora, porque el susto que se llevó al ver que el aparato se movía fue cuanto menos alarmante. Los allí presentes ya nos temíamos lo peor así que nos dispusimos a buscar un delantal para evitar una mayor catástrofe. Tarde. En un bowl grande y abierto, nuestra protagonista emprendió sin miedo el ataque a las legumbres todavía crudas como si de un soldado romano se tratase. Fue entonces cuando la pared y su propia ropa se llenó de pequeñas virutas moradas. “No, Soyeon, be careful!” decíamos. Caso omiso a nuestros comentarios, la jóven continuó su trabajo hasta que desistió en vista de la Alubina que había formado. Entonces, con la batidora alzada en una mano, el bowl con las alubias “batidas”, y sus gafas manchadas por las mismas, exclamó: “Fail. Maybe you can cook pasta…”.

— Miriam Puelles —

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