Grabando y rodando

Fotograma de Algoritmo (2013). Foto de Jesús Ubera.

Siguiendo una recomendación (casi obligación) que me dijo Jonathan Espino la semana pasada, en el post de hoy hablaré sobre mi día del sábado 06 de Julio de 2013.

Me encuentro, en este momento, a mitad de rodaje de mi tercer cortometraje: Algoritmo. Así que en cierto sentido podríamos decir que este post está escrito en mitad del fragor de la batalla. Habiendo rodado planos hace pocas horas y dispuesto a continuar en otras tantas. Sin haber visto aún una sola toma de las rodadas por miedo a que estén peor de lo que te esperas y te afecten en el ánimo posterior de rodaje. Con una enorme cantidad de dudas al estar trabajando en un proyecto muy pequeño, pero muy basado en el montaje, el ritmo, el Efecto Kuleshov y la integración de pantallas; por lo que los temores de que dos planos no encajen uno con el siguiente están a todas horas.

La cuestión es que el sábado pasado rodé medio corto, todos los interiores, que se dan en la casa de la protagonista de la historia. Y esta tarde y las mañana del día 11 y 12 de Julio rodaré los exteriores.

Primero: rodaré. Se que a muchos no les gusta este término, pero para mi hacer un cortometraje es rodar. Soy un utópico, un poco naïf, un gilipollas tal vez. Pero para mi cuando se hace cine (o se intenta hacer algo semejante) se está rodando. Aunque no haya una película, aunque el digital sea lo que toma la imagen de la realidad (o lo que hacemos pasar por realidad delimitando muy bien el cuadro del plano), no estamos grabando, sino rodando. Con la misma 5D que estoy rodando mi cortometraje, el martes estuve grabando unas entrevistas y planos recurso en un estudio de arquitectos para el que estoy realizando un video promocional. Sin embargo, en mi cabeza, aunque la acción de captar la imagen sea la misma, al cambiar su finalidad o mi perspectiva hacía ella, la acción se renombra. Es una chorrada, pero a mi eso me lo dice todo: yo el sábado estuve rodando un corto. De mayor o menor calidad, pero lo estuve rodando.

Y cuando estás rodando, como director o como guionista, hay muchas decisiones a tomar. Y muchos están justificadas, quizá narrativamente, quizá estéticamente, puede que logísticamente. Sin embargo, hay otras que no, que son decisiones puramente arbitrarias. Y que hacen que cuando te toca defenderlas te sientas o como un niño o como un tirano. Porque no hay un porqué para ellas. Simplemente porque lo quieres. Estás decisiones pueden ser muchas.

El otro día tuve una muy concreta sobre el corto. Hay una escena en la que el personaje protagonista del corto está en la terraza de su casa, de noche, viendo un blog en el portátil y bebiendo una cerveza. La noche estaba justificada narrativamente, un mecanismo de subtexto que nadie comprenderá lo remarca y da sentido, pero entonces llegó la pregunta. Mi director de fotografía me pregunta si el portátil tiene que ser ese, si tiene que ser mi MacBook. Y sí, tiene que serlo, pero no hay una justificación lógica. Tiene que serlo porque tiene que serlo. Mi respuesta fue:

Sí. Mis chicas son todas maqueras y cerveceras.

Es una contestación totalmente ilógica. Es un: porque sí. Y, sin embargo, a sabiendas de que lo es, tienes que mantenerte firme. Decir: y punto. Y sabes que en el fondo no tiene porque ser así. Pero te justificas, te dices: tiene un iMac, tiene un iPhone, es lógico que tenga un MacBook. Pero realmente el que tengo todas esas cosas soy yo y como no tengo pasta para un equipo de arte y yo hago de director artístico en esta ocasión (quizá la peor decisión de mi vida, aunque espero que no) mi personaje es maquera. Y no hay más que hablar. Y construyo y creo el personaje en base a eso.

Como director también hay momentos de duda. Nadie los admitirá, pero siempre suceden. A mí siempre me pasa. Durante los rodajes que he hecho como director hay siempre tres momentos que nunca consigo evitar: el primero es el momento de bajona. Los rodajes son carruseles en los que puedes estar exaltado totalmente al tirar un plano y a la media hora con el ánimo bajo porque algo ha salido mal. Yo siempre tengo un momento de bajón, pero no tanto anímico, sino de bajón físico. En ese momento sólo me dan ganas de sentarme (y debo evitarlo). Así que bebo café, coca-cola, cojo la cámara y hago fotos. Cualquier cosa que me distraiga. El sábado me paso mientras estaban preparando las luces de uno de los sets para hacer el plano que viene al punto 2: la pelea con el director de fotografía. Siempre tengo un plano que he de pelear con Jesús Ubera (que escribió aquí el sábado y es director de fotografía de mis cortos). Es una pelea agradable, pero que siempre ocurre. En la que yo le pido un plano raro y él lucha contra mi diciendo que eso no va a quedar bien. Siempre le obligo a que me haga caso y lo rodemos. A veces gano yo, en otras ocasiones imagino que él tendría razón. El sábado creo que conseguimos que una vez más tuviese yo razón. Pero no puedo saberlo aún.

Por último nos queda el tercer momento: CAOS. El plano del caos. Al contar historias que se basan tanto en el montaje, siempre tengo un momento de caos en el que tengo que pedir treinta segundos para asegurarme que tengo todos los planos mínimos para salvar la escena. Y sí, la palabra es “salvar”. Al principio del rodaje empiezas con ganas, ¡vamos a hacer todo bien!. Después de 10 horas de rodaje, la actitud ha cambiado a: vamos a salvar escenas. Vamos a conseguir no joder las escenas. Esto no se dice, hay un pacto implícito que así lo marca, pero se piensa. El sábado eso sucedió a final de rodaje casi, en torno a la 1:30 am de la mañana, con 8 horas de rodaje ya en el cuerpo. Un caos.

Una vez más, la experiencia me ha vuelto a demostrar lo que ya se. Hacer cine es muy bonito. A mi los rodajes me encantan… pero los de los demás. Mis rodajes han sido siempre un poquito caóticos, con soluciones muy austeras, con flexos haciendo de focos, con un director corriendo de lado a lado de la casa diciendo “y aquí corto y paso a este, y luego este…”. Con el temor de un equipo que no puede (ni debe si queremos que pueda funcionar todo bien) ver exactamente qué coño está pensando el director y cómo va a conseguir que en montaje esos dos planos se junten. Y con el temor de que luego quizá no lo haga.

Me gusta crear historias. Escribirlas y montarlas. Pero como creador no soy un fan del rodaje. Para mi, debo admitirlo, a día de hoy (quizá si alguien me diese la tranquilidad de tener dinero mi opinión cambiase) es un paso intermedio necesario. Si por mi fuese escribiría un personaje y pagaría lo necesario por tener al instante todas las imágenes listas para montarlas.

Esperemos que dentro de un par de meses os escriba un post contando como al final todos los planos entraron bien en montaje y no me dejé de rodar nada. Cruzo los dedos para poder escribirlo.

— Arturo M. Antolín —

PD: La foto de la cabecera es un fotograma del cortometraje, cuya dirección de fotografía está realizada por Jesús Ubera.

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