Desde Egipto con amor

Lo mejor de internet es que cualquiera puede hacerse escuchar, cualquiera tiene voz, cualquiera puede aportar. Lo peor de internet es que cualquiera puede hacerse escuchar, cualquiera tiene voz, cualquiera puede aportar.

No sé si estáis siguiendo las noticias que llegan desde el otro lado del Mediterráneo. Yo desistí hace tiempo.

Con Turquía era otra cosa, pero con Egipto me estoy comiendo los mejores vicios con patatas. Por un lado, el menor de nuestros problemas: jóvenes recién licenciados o todavía terminando periodismo que te hacen el seguimiento al minuto, retuiteando todo lo que se les ponga por delante y aportando su granito de arena como no expertos en ningún país del Mediterráneo, de Oriente ni de sitio alguno. Una chica, a la que tengo agregada en Facebook, aseguraba ayer por la noche que “Comienza una ueva guerra civil en un país árabe” (Lo de ueva imagino que es por teclear entre migas de pan, que le pasa a todo el mundo). Yo lo leí y me dieron ganas de cascarle un “PERO TÚ QUÉ DICES, PILTRAFILLA”, como en aquel anuncio de un atún que quería ser Calvo y se iba a la consulta del médico a que le echaen una mano.

A lo mejor esta muchacha tiene toda la razón y ha dado en el clavo, pero tras años de machaque día sí, día también de enterados en todos los temas de actualidad, prefiero dudarlo.

El mayor de nuestros problemas: la prensa tradicional más la prensa tradicional que se intenta adaptar a las nuevas tecnologías. Entre politólogos y tertulianos que dan su opinión en menos de quince segundos (argumentar es para pringaos), informativos sesgados (que nunca sabes cuál va a ser peor, si el de La 1 o el de La Sexta) y webs que se optimizan mal para SEO (la nueva religión hay que entenderla correctamente), es responsabilidad del lector, oyente o espectador no destrozar la televisión, la radio o el ordenador cuando intente informarse.

Antes he dicho que desistí hace tiempo de seguir las noticias que llegan de Egipto. ¿Cuánto hace que empezaron a verse y oirse aquí? No tanto, ¿verdad?

Parece un siglo.

— Víctor Martín-Pozuelo Fernández-Calvillo —

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